
La moda argentina atraviesa un momento de reformulación de su lenguaje. En las colecciones, en los materiales y en los discursos de diseñadores y marcas aparece una misma preocupación: cómo construir una identidad propia sin cortar el vínculo con los oficios, la memoria textil, el trabajo artesanal y las tensiones del presente. Esa búsqueda toma formas distintas, pero deja una señal común. La prenda ya no se presenta solo como objeto de estilo. También aparece como territorio de ideas, herencias, procedimientos y debates sobre producción, materia y cultura.
En ese marco, la escena local ofrece una combinación singular. Conviven diseñadores con décadas de trayectoria, autores jóvenes, marcas que trabajan sobre el descarte, propuestas que recuperan técnicas regionales y colecciones que ubican al cuerpo, la transformación y la identidad en el centro.
En lugar de una moda cerrada sobre sí misma, la escena muestra una trama más amplia: una red donde se cruzan artesanos, ateliers, instituciones, textiles, saberes manuales y nuevas generaciones. Allí se juega una parte de la pregunta por el presente de la moda argentina.
Nuevos diseñadores y marcas consolidadas comparten una misma escena
Bajo estos preceptos, del 7 al 11 de septiembre, el programa de DESIGNERS SS27 distribuye sus presentaciones entre desfiles presenciales, formatos virtuales y ateliers abiertos.
El recorrido incluye propuestas en el Centro Cultural Recoleta, el Museo Sívori y el Museo Moderno, entre otros. Se trata de circulación entre espacios culturales, estudios, museos y lugares de trabajo que muestra una idea precisa de la moda: no como una práctica aislada, sino como una escena que se construye en diálogo con la ciudad y con distintas formas de producción.
Según contaron a Infobae los organizadores, Designers nació como un espacio para darle lugar a una moda con identidad propia, donde cada diseñador pueda expresarse desde su manera de hacer. Es un espacio donde conviven distintas generaciones, lenguajes y formas de entender el diseño.
Esta edición vuelve a poner el foco en el proceso, el oficio, en todo lo que hay detrás de una colección. La propuesta enfatiza que la moda argentina se construye desde esa diversidad.
Designers resume esa idea con una secuencia clara: cada patrón origina una forma, las formas construyen prendas y las prendas expresan la identidad de cada diseñador y de cada marca. El salto decisivo aparece después, cuando esas identidades se encuentran y forman una identidad de moda propia de una región. La fórmula “de la forma a la identidad” no funciona solo como lema. También ordena una lectura sobre la escena local, donde el diseño de autor busca afirmarse como lenguaje común sin borrar las diferencias entre una propuesta y otra.
Esa lógica se volvió visible el 7 de septiembre con Revelaciones de Moda, que abrió la semana fashionista en el Centro Cultural Recoleta y funcionó como puerta de entrada a la edición. La iniciativa del Ministerio de Desarrollo Económico de la Ciudad busca dar visibilidad a nuevos creadores y acompañar el desarrollo de proyectos del sector. En esta edición, el jurado eligió seis propuestas en dos categorías: Nuevos Creadores de Moda y Diseño de Accesorios y Complementos.
Ese recorte importó por varias razones. La primera fue que puso en escena a una camada emergente con proyectos inéditos. La segunda, que ubicó a los accesorios en el mismo plano de lectura que la indumentaria, algo que amplió la idea de diseño y corrió el foco de la prenda como único centro. La tercera fue que el reconocimiento incluyó becas de estudio internacionales, mentorías con referentes de la industria y textiles aportados para el desarrollo de prototipos. La visibilidad apareció unida a herramientas de formación y producción.
Ahí se ve una de las claves del momento. La moda argentina no se define solo por el resultado final que llega a la pasarela. También se define por la trama que permite que una colección exista: acceso a materiales, acompañamiento profesional, espacios de exhibición y diálogo entre creadores emergentes y figuras con trayectoria. Designers insiste en esa convivencia y plantea una plataforma en movimiento, capaz de incorporar nuevas voces dentro de una escena común.
Las prendas hablan de identidad, pero también de trabajo y territorio
La 67ª edición de Argentina Fashion Week, que se realizó del 24 al 28 de agosto en el Palacio San Miguel, permite leer otro tramo de esa discusión. Allí convivieron nombres de larga trayectoria, colecciones de alta costura, propuestas conceptuales y trabajos anclados en técnicas artesanales o en residuos textiles. Más que una sola tendencia, el conjunto expuso un campo de tensiones donde dialogaron memoria, materia, territorio e identidad.
El caso de Benito Fernández condensa esa relación entre historia personal y lenguaje propio. Su presentación MI HISTORIA recorrió 40 años de trayectoria y recuperó piezas, siluetas y materiales de distintas etapas de su carrera.
Entre esos elementos aparece un vestido realizado a partir de un antiguo sari fucsia con bordados en bronce; también una nueva versión de uno de los diseños creados para la reina Máxima de Holanda y una relectura del vestido que Natalia Lobo llevó a los Martín Fierro en 2009. El diseñador definió su sello con una frase precisa: “Mi ADN está en el color, en las texturas, en las estampas y en una mirada profundamente latinoamericana”.
Ese archivo personal dialoga con otra dimensión fuerte de la escena local: el valor del oficio. Oficios, de Francisco Ayala, describió una construcción colectiva donde intervienen tejedoras, artistas textiles y artesanas.
Allí figuraron los tejidos en telar de Manos Andinas en Catamarca, realizados con fibra de llama y algodón; el crochet de Fabiana Berghole; las flores escultóricas en seda natural y fieltro de Susana Larrambebere; el calzado y los canastos de Paula Zaccaro, con intervención de Patti Saporiti; y los accesorios de María Costa, de Byzance. La colección fue un homenaje al trabajo colectivo y una puesta en valor de oficios que en otros lugares escasean.
La dimensión territorial también apareció en la propuesta de Julieta Ganum. Su colección WARMI, palabra que significa mujer en quechua, ensambla randas tejidas por artesanas de Tucumán con hilados y tejidos a crochet. La propuesta recupera un saber artesanal tradicional y lo integra a piezas exclusivas armadas a mano. Algo similar ocurre con la participación de Casa de Catamarca, que incorpora el trabajo de artesanas de la provincia y presenta piezas realizadas por Rosa Alancay en lana de oveja, alpaca y bordado manual. En estos casos, la moda local se conecta con conocimientos transmitidos entre generaciones y con materias ligadas a una geografía específica.
Otra línea de lectura surge en el tratamiento del descarte. Cosecha Vintage presentó la instalación conceptual No me tires. Soy el futuro, que invita a repensar residuos de la industria de la moda. Desde descartes de medias de nylon hasta residuos textiles y una colaboración con Requecho, un espacio que transforma sobrantes poscorte en ladrillos textiles. Esa operación cambia el lugar del residuo dentro del proceso creativo. Lo que sale del circuito productivo vuelve a entrar como materia posible.
Incluso en colecciones más ligadas a la alta costura clásica se repite la pregunta por la identidad. En la propuesta de Jorge Rey, cada creación nace de una historia, un cuerpo y una sensibilidad particular.
Ivana Picallo presentó cinco piezas irrepetibles realizadas a mano y definió su cápsula como una declaración de identidad. Verónica de la Canal construyó Lágrimas de Azahar sobre la figura de la mujer siciliana y ligó negro, tradición, herencia y fuerza femenina. Son registros distintos, pero todos trabajan sobre una misma base: la prenda como portadora de sentido.
Leída en conjunto, esa trama muestra una escena donde la moda argentina discute mucho más que formas o tendencias. Discute quién produce, con qué materiales, desde qué memoria, con qué territorio detrás y para qué relato cultural. Entre autores jóvenes, nombres históricos, artesanas, residuos textiles, materias regionales y trabajo manual, el mapa que aparece no responde a una imagen única. Responde a una pregunta abierta sobre cómo vestir una identidad sin vaciarla de historia ni separarla del trabajo que la hace posible.




