Una cancha de rugby puede ser muchas cosas. En Bouwer, durante una jornada particular, también fue un espacio de encuentro para personas que cumplen condenas en distintos establecimientos penitenciarios de Córdoba. Allí, cinco equipos dejaron por unas horas el contexto de encierro para encontrarse bajo las mismas reglas que propone el deporte. El Complejo Carcelario “Rdo. Padre Luchesse” fue sede del IV Encuentro de Rugby de internos, con la participación de RUAJ de Bouwer, Leones de Judá de Cruz del Eje, Caranchos de San Francisco, Águilas del Imperio de Río Cuarto y Fénix de Villa María, que se sumó por primera vez. La competencia fue apenas una parte de la jornada. Antes y después de los partidos aparece el verdadero sentido de una experiencia que lleva años desarrollándose en las cárceles cordobesas: entrenar, compartir, respetar reglas y formar parte de un equipo. UN PROYECTO QUE LLEVA 14 AÑOS Uno de los principales referentes de esta experiencia es el Proyecto RUAJ, que trabaja en establecimientos penitenciarios de Córdoba desde hace 14 años. Sus integrantes concurren regularmente para entrenar y acompañar a los internos. El rugby aporta una dinámica particular. Cada jugador tiene una responsabilidad dentro del equipo y necesita de los demás para alcanzar un objetivo común. Hay contacto físico, pero también límites; hay competencia, pero también códigos. Y después de cada partido existe un espacio para volver a encontrarse con el rival. En ese proceso también aparecen derrotas, frustraciones y errores. La posibilidad de aprender a manejarlos forma parte de lo que quienes participan del proyecto consideran uno de los aportes centrales del deporte. Nadia Fernández, secretaria General de Organización Penitenciaria y Lucha contra el Narcotráfico, destacó el trabajo de los voluntarios que concurren semanalmente a los establecimientos para enseñar rugby. “La posibilidad de hacer un deporte en la vida es generar unión en la discordia”, señaló Fernández, quien también remarcó la importancia de aprender a levantarse después de una caída. MÁS QUE UNA PELOTA Y UN ENTRENAMIENTO Para quienes llevan adelante la propuesta, el vínculo con los jugadores no termina cuando finaliza el entrenamiento. Marcelo Ruíz, coordinador general del Proyecto RUAJ en Córdoba, lleva 14 años participando de esta experiencia y puso el foco precisamente en esa relación que se construye con el tiempo. “Desde el primer momento que llegué al establecimiento me encuentro con ese abrazo de muchos chicos que no tienen visitas, y en donde nosotros nos hemos transformado quizás en su visita”, contó. La frase permite dimensionar una parte de la experiencia que no aparece en una planilla de resultados. Para algunos de los internos, el entrenamiento puede convertirse también en una de las pocas actividades sostenidas que tienen con personas que llegan desde afuera del ámbito penitenciario. El encuentro de Bouwer reunió así a jugadores de cinco establecimientos: Bouwer, Cruz del Eje, San Francisco, Río Cuarto y Villa María. Para este último fue además su primera participación. LAS REGLAS DE LA CANCHA La iniciativa se desarrolla en el marco del convenio firmado en 2024 entre el Ministerio de Justicia y Trabajo y la Agencia Córdoba Deportes para promover la práctica deportiva en los establecimientos penitenciarios. Durante el encuentro, el ministro Julián López resumió la mirada oficial sobre el proyecto con una frase que apunta al futuro: “Acá no importa el pasado, sino lo que nos convoca en relación al futuro”. Pero en una cancha de rugby esa idea deja de ser solamente un discurso. Durante el partido hay que respetar al árbitro, asumir una posición, aceptar una derrota, ayudar a un compañero y volver a empezar en la siguiente jugada. Son reglas simples, aunque no siempre fáciles de trasladar a la vida cotidiana. EL PARTIDO TERMINA. EL VÍNCULO QUEDA En el rugby existe un momento que va más allá del resultado: el tercer tiempo. Los jugadores se encuentran después del partido, comparten y dejan atrás la disputa que tuvieron dentro de la cancha. En Bouwer también hubo tercer tiempo. Pero la particularidad de este proyecto es que ese encuentro no comienza ni termina ese día. Se construye durante meses y años de entrenamientos, en los viajes de los voluntarios a los establecimientos y en los vínculos que se generan con los jugadores. Por eso, quizás, el dato más importante del IV Encuentro no sea quién ganó o perdió. Cinco equipos se encontraron en una misma cancha, bajo las mismas reglas y con una misma pelota. Cuando terminó el partido, los muros siguieron estando allí. Lo que intenta hacer el rugby es que algunas de las cosas construidas dentro de esos muros puedan sobrevivir cuando llegue el momento de atravesarlos hacia afuera.