El peronismo ante su hora decisiva: unidad o derrota
El peronismo enfrenta una disyuntiva histórica: resolver su interna o facilitar la continuidad de Milei y sus aliados. Las PASO pueden ser una herramienta democrática para ordenar liderazgos, pero jamás deben convertirse en una guerra de destrucción mutua. Cristina, Massa, Kicillof, Wado y los gober

El peronismo enfrenta una disyuntiva histórica: resolver su interna o facilitar la continuidad de Milei y sus aliados.
Las PASO pueden ser una herramienta democrática para ordenar liderazgos, pero jamás deben convertirse en una guerra de destrucción mutua. Cristina, Massa, Kicillof, Wado y los gobernadores deben entender que ningún proyecto individual está por encima del objetivo colectivo.
La primera condición táctica es acordar reglas de juego claras, evitar agresiones y garantizar que quien se imponga en la interna sea acompañado por la totalidad del espacio. La segunda es ampliar la coalición: el peronismo necesita convocar al progresismo, a los sectores productivos, al radicalismo, a los independientes y a los desencantados con el Gobierno nacional.
En este escenario, Axel Kicillof se perfila como el candidato con mejores condiciones para construir una mayoría nacional. Gobierna la principal provincia del país, posee proyección en todo el territorio y registra una intención de voto cercana al 35%. Asimismo, logra representar una alternativa decididamente opuesta a Milei sin quedar limitado de forma exclusiva al núcleo duro kirchnerista. Su estrategia debe combinar firmeza frente al Ejecutivo nacional con capacidad de diálogo hacia gobernadores y sectores políticos no peronistas.
En tanto, Cristina Kirchner debe comprender que preservar su volumen político no implica frenar el surgimiento de nuevas referencias, sino garantizar la continuidad del proyecto colectivo.
Por su parte, Sergio Massa puede aportar experiencia, capacidad de negociación y vínculos clave para tender puentes dentro y fuera de la fuerza.
En cuanto a Wado de Pedro, Máximo Kirchner y los gobernadores, su rol debe centrarse en integrar una conducción colectiva que evite cualquier lógica de fragmentación.
Una elección presidencial no se gana disputando el voto propio, sino ampliando la base electoral.
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El objetivo estratégico exige derrotar a Milei en primera vuelta o consolidar una mayoría imbatible en un eventual balotaje. La premisa es clara: primero la unidad, después las candidaturas; primero la victoria, después la conducción.



