En Órbigo (León) decidieron modernizar el regadío para ahorrar agua. El resultado es que han dejado el río seco

Un canal que llevaba funcionando desde 1524, más de cinco siglos, hoy está completamente seco. Pero no es por sequía, sino por una obra pública pensada, precisamente, para ahorrar agua. La Presa de la Tierra, uno de los sistemas de riego tradicional más antiguos de la provincia de León, atraviesa ocho pueblos de la comarca del Órbigo. Desde hace más de un año, no lleva ni una gota.

Lo más grave. El catedrático de la Universidad de León Eloy Bécares avisa de que estas presas no eran solo canales de riego: en verano, cuando baja el nivel de los ríos, hacían de refugio y corredor para peces y otras especies acuáticas. El mejillón de río (Margaritifera margaritifera), en peligro de extinción y presente solo en el noroeste de España, ya ha desaparecido de los pueblos de la ribera, siguiendo el camino del cangrejo de río autóctono.

Regando a garrafazos. Benavides, Gualtares, San Feliz, Villares, Hospital, Villarejo y Veguellina de Órbigo son los pueblos afectados. Los vecinos llevan generaciones cuidando huertos junto a este canal. Ahora los riegan cargando garrafas o tirando de la manguera del grifo de casa. Las huertas “encogieron” para economizar el poco agua que consiguen por sus propios medios, y hay árboles frutales completamente secos en varias fincas. Ninguno de estos pueblos llega ya a los 3.000 habitantes: Villarejo de Órbigo, el más poblado, ha bajado de 3.244 a 2.856 entre 2010 y 2025; Benavides de Órbigo tiene 2.321 y bajando; Santa Marina del Rey, 1.852; Hospital de Órbigo, 948; Villares de Órbigo, apenas 557.

Envejecidos y solos. El vaciado no es solo de agua. En Santa Marina del Rey, el 47,5% de los habitantes supera los 60 años. En Villares de Órbigo solo 20 tenían menos de 18 años en el último censo, un 3,4% del pueblo. Aunque la región todavía es un rincón capital, por ejemplo, en producción de lúpulo, el éxodo rural leonés arrancó en los años 50 y 60, cuando miles de jornaleros y pequeños propietarios dejaron la vega del Órbigo por Bilbao, Barcelona o Madrid. Los que quedaron son, en parte, los mismos que ahora acarrean garrafas para no perder el huerto de sus padres.

Seco

El patrimonio. La Presa de la Tierra, además de regar, movía molinos harineros y de aceite de linaza, y más tarde abasteció fábricas locales: en Veguellina de Órbigo hubo una azucarera que funcionó de 1900 a 1998 y una fábrica de lino activa hasta los años 60. En Hospital de Órbigo, varios de esos molinos siguen entremezclados con las viviendas del pueblo, junto al puente medieval del Paso Honroso, donde en 1434 el caballero Suero de Quiñones retó durante un mes a cuantos quisieran cruzarlo, rompió 300 lanzas y acabó, 24 años después, muerto a manos de uno de los caballeros a los que había vencido. Cervantes recogería el episodio en el Quijote.

No muy lejos, en Santa Marina del Rey, sigue en pie y en funcionamiento la Presa Cerrajera, un canal más antiguo todavía, de los siglos XIII-XIV. La misma comarca tiene así dos sistemas de riego medievales, uno vivo y otro seco desde hace un año. Y el propio Miguel Ángel Abella compró una casa con molino propio en 2022 que sigue restaurando pese a que el agua dejó de llegar, con pancartas de "Salvemos las presas" colgadas junto a la obra.

A las afueras, la antigua fábrica de fundas de paja para botellas de vidrio (motor industrial de la comarca entre los años 20 y los 70 del siglo pasado) sobrevive junto a Villa Blanca, donde crece la única secuoya gigante del Órbigo, con más de 50 metros de altura. Un portento de varios siglos de vida regada ahora con manguera "por miedo a que el agua no sea suficiente", según su propietario.

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