
Si en política las campañas electorales -para el que gobierna- son permanentes, el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, en estos años ha arriesgado cotidianamente su capital político invirtiéndolo en ordenar -tanto números como seguridad-, en obras, en asistir a lo productivo, en concretar 180 días de clases, entre otras cosas. Algunos con un costo político muy alto, como en ese último tema. La pregunta es si en el 2027 la tasa de incidencia sobre su capital político, le dará un retorno positivo para volver a ser gobernador y estrenar la reelección que permite la renovada Constitución provincial.
Sin lugar a duda, tanto en la inauguración de los Juegos Sudamericanos y las obras que se debieron hacer, al igual que en la finalización de la remodelación del Monumento Nacional a la Bandera, el gobierno nacional se desentendió. Eso le aporta un valor agregado importante a lo realizado por el gobernador.
De la misma manera, si ponemos o exponemos al presidente Javier Milei a esta consideración, veremos que la ecuación prima facie es otra. Pullaro puede tener final abierto y dependerá de quién tenga enfrente para lograr -o no- su reelección.
En el caso de Milei, todo indica que la reposición del capital invertido -tan sesgado y direccionado que tiene en cuenta solo al 20% de la población-, hace difícil pensar en su reelección.
¿Imposible? No. Aquí, si las alternativas no son realistas y abarcativas, lo más probable es que se observe una retirada importante de ciudadanos a los que no les interese votar.
Esta semana, el Gobierno del presidente Milei presentó el presupuesto con el que deberá gobernar su último año (2027). La famosa Ley de Leyes, es el ADN de la ideología del que gobierna. Vemos en él su firme convicción de desentenderse de las principales demandas de la sociedad argentina (discapacidad, ancianidad, educación superior, salud mental, trabajo, empleo, recortes en la AUH -que ya no tendrá una actualización automática por inflación-). No así en Defensa, donde se aumentan las partidas en un 25%.
Los oficialismos están en campaña permanente con sus medidas, sus acciones, con sus hechos y sus logros. A Milei solo le queda aferrarse como tabla de salvación a la inflación, que ha pasado a ser la única razón exhibible, aunque la realidad la va corriendo el arco y el cero con la que se prometió que iniciaría agosto de 2026, quedará como promesa electoral -quizás- para un nuevo período de gobierno. El presupuesto enviado esta semana tampoco confirma sus deseos. Quedó en un desafiante 18%, que implica, en un año electoral, un 1,39% de inflación mensual.
Es verdad que la inflación con métodos a la baja dio un 1,7%, pero la del bolsillo muestra otra cosa. Muestra que todo ingreso desaparece rápido por la voracidad de la realidad que mata el relato oficial, acompañado por algún dato de la realidad, como en las novelas de Dan Brown . A su vez, la realidad de la calle muestra cómo la industria, el comercio y las pymes caen sin piso en aproximadamente un 5%.
En el período Milei, las transferencias no automáticas a las provincias cayeron el 90%. La pregunta es: ¿qué negocian los gobernadores amigables cuando los llama Santilli?
Aquí, más preguntas. ¿Puede Argentina aceptar que un gobierno no sea capaz, o sencillamente no le interese generar posibilidades de producción y trabajo masivas, para que su sociedad viva sin zozobras? ¿Puede una sociedad tolerar que la razón de ser de un gobierno, en este caso, sea solo facilitarle a un 20% de la población, junto a sus sectores económicos, toda clase de beneficios que equivalen al 17% de la recaudación? ¿Puede seguir aceptándose el abandono a los discapacitados, que ni siquiera pueden exiliarse, como lo hacen algunos científicos u otros trabajadores? ¿Pueden los legisladores aceptar esta inmoralidad, esta deshumanización que conlleva a la pérdida de toda dignidad, a muertes lentas, angustiantes, dolorosas, se concreten o no? ¿Puede permitirse el desentendimiento para con los jóvenes vulnerables y su futuro? ¿Se puede mirar hacia otro lado cuando la mayoría de ellos y sus familias son cooptados por narcotraficantes, o sufren ludopatía, o son rehenes del usurero del barrio, o los acechan suicidios o intentos de quitarse la vida?
Podríamos, ante este Presupuesto y ante las acciones cotidianas de gobierno, concluir que el presidente Milei se ha convertido en el topo de la sociedad a la que sin tregua y sin pausa destruye, porque no cree en los beneficios de su existencia. A veces parece incluso molestarle, quizás porque la razón de ser de toda sociedad es la conformación, la construcción de un nosotros. El otro, a secas, solo busca salvarse solo. El nosotros construye sociedad, comunidad, instituciones, pueblo, nación, república.




