
Andy Burnham prometió en su debut como primer ministro ante la Cámara de los Comunes más control público sobre servicios esenciales y una nueva transferencia de poderes desde Londres hacia las regiones, al presentar un programa centrado en el costo de vida, la economía y la reorganización territorial del Reino Unido.
Además, el primer ministro dijo que antes de fin de año presentará más precisiones sobre la hoja de ruta del gobierno para los próximos diez años.
En ese marco, defendió una presencia más fuerte del Estado en áreas como el agua, la energía y el transporte. El planteo cobró relieve en medio de las versiones sobre una posible nacionalización de Thames Water, empresa de agua británica, mientras millones de usuarios afrontan aumentos en sus facturas para sostener a compañías del sector endeudadas.
Burnham señaló que las facturas energéticas de los hogares británicos están entre las más altas de Europa y advirtió que ese escenario también repercute sobre las empresas y la inversión.
“Cuando se trata de los mayores problemas que enfrenta el país, la economía y la crisis del costo de vida, la gente busca un cambio mucho más sustancial. Gran Bretaña no está donde ninguno de nosotros querría que estuviera. Las cosas no funcionan como deberían. La vida es demasiado cara y demasiado dura para demasiada gente”, afirmó.
Desde su llegada a Downing Street, el jefe del Ejecutivo anunció una rebaja impositiva sobre las facturas eléctricas de los hogares, que entrará en vigor el mes próximo, y una reducción de gravámenes para pubs y otros locales de hospitalidad. Presentó esas decisiones como medidas iniciales para dar alivio a familias y empresas mientras avanza con reformas de mayor alcance.

Durante su intervención, Burnham afirmó que el país tomó “giros equivocados” en las últimas décadas. En su descripción, la centralización política, la privatización económica y la desindustrialización deterioraron la capacidad de crecimiento de amplias zonas del país. También vinculó la salida del Reino Unido de la Unión Europea con un período prolongado de bajo crecimiento.
“Desde la década de 1980, este país tomó una serie de rumbos equivocados. El poder político se centralizó, el poder económico se privatizó y el país se desindustrializó. Después llegó la austeridad, que vació de recursos a los ayuntamientos y los privó de capacidad para actuar y revertir parte de ese proceso. Y luego el Brexit agravó el daño...”, recordó.
Junto con el paquete económico, la devolución de poderes a las regiones apareció como uno de los ejes principales del discurso. Burnham, que construyó parte de su perfil nacional desde la alcaldía de Gran Mánchester, insistió en que el país necesita reducir el peso de Londres en la toma de decisiones y ampliar la capacidad de las autoridades locales.
“Durante mucho tiempo, el país no tuvo ambiciones para sus regiones fuera de Londres. Ahora quiero que todos y cada uno de los lugares de nuestras regiones y naciones -Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte- puedan hacer lo mismo, creando las condiciones para un buen crecimiento en cada código postal”, mencionó.
La respuesta opositora llegó de inmediato por boca de la líder conservadora, Kemi Badenoch, en el primer cara a cara parlamentario con el nuevo primer ministro. La dirigente cuestionó el enfoque económico presentado por Burnham y advirtió que la experiencia al frente de la alcaldía de Mánchester no equivale a la conducción del gobierno nacional.
Badenoch definió como equivocada la visión del laborista sobre el crecimiento y resumió su crítica con una frase directa: “Cree que si el Gobierno gasta más dinero, todos nos haremos más ricos. Así no funcionan las cosas”. En otra intervención, sostuvo que Burnham vive en el pasado y que quiere devolver al país a la década de 1970.
Las objeciones opositoras también alcanzaron a la oficina de Mánchester, a la que algunos críticos describieron como un gesto costoso sin efectos concretos. El gobierno, sin embargo, la presentó como una herramienta para impulsar el nuevo esquema territorial.

Por otro lado, la sesión quedó atravesada por la decisión de Keir Starmer de dejar su banca. El ex primer ministro, predecesor de Burnham en el cargo y todavía diputado laborista, comunicó que dejará su escaño en las próximas semanas para concentrarse en asuntos internacionales. Su salida forzará una elección parcial en la circunscripción londinense de Holborn and St. Pancras.
“Ha sido un gran honor y un privilegio representar al mejor distrito electoral del país desde que sucedí al gran Frank Dobson hace 11 años. Pero ahora es momento de dar un paso al costado y concentrarme en otros asuntos: los temas internacionales, entre ellos la defensa, la seguridad, el comercio y la tecnología en un mundo que cambia con rapidez”, escribió en un comunicado publicado en su cuenta de X.
La decisión de Starmer añadió otro foco político a una jornada marcada por la instalación del nuevo liderazgo laborista. El ex jefe del Ejecutivo dejó el poder después de un período de dos años atravesado por errores, tensiones y derrotas en elecciones locales.
“También seguiré trabajando con otras personas, como lo he hecho durante muchas décadas, para combatir la violencia contra las mujeres y las niñas”, agregó.
Por otro lado, el nuevo gobierno deberá precisar en las próximas semanas cómo financiará el aumento del gasto militar para cumplir con el objetivo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte de llevarlo al 3,5% del producto interno bruto para 2035.
A la vez, Burnham enfrenta otra definición pendiente sobre la eventual aprobación de más producción de petróleo y gas en el mar del Norte, mientras aseguró que el país cumplirá con el desafío climático y que asistirá a la cumbre COP31 en Turquía en noviembre.
(Con información de AP, AFP y EFE)