El salto al mar más espectacular de Cantabria tiene 700 escalones de escalada y fueron tallados por los presos del penal del Dueso

La mayoría de lugares famosos del mundo son como un premio al que se accede tras subir y subir. Al Faro del Caballo, en Santoña, se llega después de bajar. Primero aparece el Cantábrico entre los árboles. Después, el acantilado. Y finalmente, una escalera a la que parece que le han robado la montaña: 763 peldaños tallados en la roca del Monte Buciero. 

Y ahora este escenario, como se puede ver en varios vídeos por X, está sirviendo a jóvenes que bajan hasta el antiguo faro y se tiran al agua desde las plataformas y salientes de la roca. El problema es que en 2026 esa escalera no es una atracción abierta al público: el acceso permanece cerrado por riesgo de desprendimientos, después de que grandes bloques de roca cayeran sobre el primer tramo. Y Santoña pide que, por favor, se tomen medidas cuanto antes.

Al faro. El faro de las postales empezó a funcionar el 31 de agosto de 1863. Como se puede entender, es uno de los puntos más incómodos imaginables para levantar una infraestructura marítima. La torre se encuentra al pie de los acantilados del Buciero, frente a la entrada de la bahía de Santoña. Lo primero que exigía resolver el acceso terrestre: cómo bajar hasta allí.

La solución fue una escalera excavada en la propia roca. La célebre escalinata fue construida por reclusos del Cuartel del Presidio de Santoña, un establecimiento penitenciario que estuvo abierto entre 1824 y 1924. Y, aunque es habitual leer que las escaleras fueron construidas por los presos de El Dueso, esto es una imprecisión: el actual penal de El Dueso se crea por Real Decreto del 6 de mayo de 1907, publicado en la Gaceta de Madrid, como ensayo de colonia penitenciaria peninsular tras el traslado de los presidios africanos. Los escalones originales corresponden al antiguo presidio de Santoña.

Cada faro de Europa tiene una luz y un parpadeo diferente: este maravilloso mapa interactivo los reúne a todos
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