
Un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) determinó que el sapo de Surinam (Pipa Pipa) utiliza las puntas estrelladas de sus dedos como un sistema táctil de alta precisión.
El objetivo de estos ejemplares es detectar y capturar peces en los ríos de aguas negras de la cuenca amazónica, incluso cuando no hay luz y otros sensores están bloqueados, según la investigación publicada en Journal of Comparative Physiology A y divulgada por Earth.com.

Los científicos señalaron que sus dedos funcionan de manera comparable a la fóvea humana, la pequeña zona de la retina encargada de la visión detallada, aunque en este caso el procesamiento ocurre mediante el tacto.
El animal vive en cursos de agua teñidos por materia vegetal disuelta, donde la luz apenas atraviesa la superficie. Sus ojos son muy pequeños y carece de lengua, por lo que captura a sus presas al abrir bruscamente la boca y absorber peces pequeños con una corriente de agua.
Las puntas de las extremidades concentran receptores del tacto
Durante cerca de dos siglos, los naturalistas habían observado que cada dedo del sapo termina en una agrupación de lóbulos carnosos con forma de estrella. Sin embargo, no existía una explicación sobre la utilidad de estas estructuras.
El biólogo Duncan Leitch, autor del estudio, reparó en esa anatomía cuando “estaba leyendo un informe de anatomía que describía cómo las puntas de los dedos de los sapos de Surinam se dividen en cuatro, y cada uno de esos cuatro pequeños lóbulos se divide a su vez en cuatro”.

“Enseguida me pareció que estos lóbulos podrían ser algo parecido a las antenas que extienden las ranas para poder sentir el espacio que las rodea”, afirmó.
Cada dedo tiene cuatro lóbulos principales y cada uno se divide en otros cuatro, lo que suma 16 lóbulos secundarios por cada dedo y 128 entre ambas manos. Estas superficies están cubiertas por papilas, pequeñas protuberancias donde se concentran las terminaciones sensibles.
Los investigadores hallaron que la densidad de esas papilas es casi cuatro veces mayor que en la piel situada más arriba en el mismo dedo. Para medir su sensibilidad, aplicaron pelos calibrados, es decir, filamentos muy finos diseñados para doblarse o ejercer una presión determinada.
Las puntas tienen una sensibilidad extrema

Las pruebas mostraron que bastaba una presión mínima para generar una señal nerviosa. El extremo del dedo fue unas 70 veces más sensible que la base de la palma, pese a que ambas zonas están separadas por pocos milímetros.
El análisis del sistema nervioso confirmó que esa capacidad no se limita a la piel. Los especialistas identificaron 89 de las 147 señales nerviosas vinculadas con el tacto en nervios que se extienden hasta los extremos de las extremidades
Esas áreas cubren solo el 8% de la piel de las extremidades delanteras, pero el cerebro les reserva cerca de un tercio de la zona que procesa las sensaciones táctiles de todo el miembro. Esto indica que son regiones especialmente sensibles al tacto
El área implicada es el tectum óptico, una región del cerebro medio de las ranas que dirige sus reacciones frente a los estímulos que perciben. Aunque los dedos cubren una porción reducida de la superficie corporal, su representación en esa zona es unas cuatro veces mayor de lo que correspondería a ese tamaño.

Los autores compararon este patrón con el del topo de nariz estrellada, cuya estructura nasal también recibe una representación desproporcionada en el cerebro. Una concentración parecida de nervios y capacidad de procesamiento aparece en la punta de la trompa de los elefantes.
Los sapos mantuvieron la caza incluso sin luz
Para establecer si la sensibilidad táctil influye en la alimentación, el equipo filmó a los sapos mientras perseguían pececillos vivos en tres condiciones: con iluminación normal, en oscuridad total y en oscuridad con su línea lateral bloqueada químicamente.
La línea lateral es una franja de receptores de presión situada a los costados del cuerpo, que detecta movimientos en el agua. La mayoría de las ranas adultas pierde este sentido, pero el género Pipa, al permanecer completamente acuático, lo conserva.

Los ejemplares lograron capturar peces en todos los escenarios: la eficacia pasó cerca del 95% con luz a aproximadamente el 79% cuando estaban a oscuras y sin la información de la línea lateral.
En más de dos tercios de los intentos realizados bajo esas últimas condiciones, la succión comenzaba antes de que el pez tocara los dedos. La distancia media era de unos 4,8 milímetros, semejante al ancho de la goma de un lápiz.
La secuencia completa, desde que un pez entraba en el radio de acción hasta el ataque, podía durar apenas 24 milisegundos. El estudio no determinó si los sapos también detectan sustancias químicas del agua ni descartó por completo una intervención del oído interno.
Leitch sostuvo que estas capacidades podrían ser más antiguas y extendidas de lo que se creía. “Los mamíferos comparten algunas de estas propiedades de procesamiento sensorial con las ranas, de las que se separaron evolutivamente hace mucho tiempo”, señaló.




