La industria vitivinícola argentina enfrenta un escenario complicado, pues el mundo consume menos vino, pero además Argentina perdió una parte importante del mercado internacional que había conseguido conquistar durante las últimas dos décadas.

Un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) pone números a ese retroceso y advierte que el problema no pasa solamente por el tipo de cambio.

El dato más fuerte aparece al observar la participación argentina en las exportaciones mundiales de vino. El país llegó a representar cerca del 4,7% del comercio internacional hacia fines de la década de 2000, pero esa participación fue cayendo hasta ubicarse en torno al 2,1% en 2025. “Argentina no sólo enfrenta un mercado mundial menos dinámico: también capta actualmente una proporción mucho menor del comercio internacional que en sus mejores años”, resume el informe elaborado por IERAL.

El retroceso se observa especialmente en Mendoza, principal provincia exportadora. Allí, las ventas externas de vinos varietales fraccionados —entre ellos el Malbec— constituyen un indicador relevante para seguir la evolución de una parte importante de la vitivinicultura.

Los números muestran que entre 2010 y el primer semestre de 2026 el volumen exportado de estos vinos cayó 36%. Los precios también se deterioraron, ya que luego de haber aumentado 24% hasta mediados de la década pasada, actualmente se encuentran 7% por debajo del nivel de 2010.

“Comparado con 2010, el deterioro de los ingresos exportadores se explica principalmente por las menores cantidades vendidas, a lo que se agrega una reducción del precio real obtenido”, señala IERAL.

Parte de la explicación está afuera de la Argentina. El consumo mundial de vino creció durante buena parte de las décadas de 1990 y 2000, pero luego se estabilizó y comenzó a caer. Según el informe, el consumo global pasó de unos 244 millones de hectolitros en 2017 a aproximadamente 208 millones en 2025. Es una reducción del 15% en ocho años.

“Las menores exportaciones argentinas se producen efectivamente en un contexto internacional menos favorable”, reconoce el trabajo. Pero inmediatamente agrega una precisión importante: “Para un país exportador importa no sólo cuánto vino se consume, sino cuánto de ese consumo se comercializa internacionalmente”. Por eso, el retroceso argentino no puede explicarse exclusivamente por la caída de la demanda mundial. Hay algo más: el país perdió participación frente a otros competidores.

El ejemplo de Brasil resulta particularmente revelador porque se trata de un mercado que, lejos de contraerse, aumentó fuertemente sus compras de vino importado.

Las importaciones brasileñas de vinos fraccionados pasaron de unos 44 millones de dólares hacia fines de los años 90 a cerca de 299 millones de dólares durante los primeros siete meses de 2026, calculadas a valores constantes.

Argentina también aumentó sus ventas, pero lo hizo a un ritmo menor que el mercado brasileño. Así, su participación pasó de alrededor del 26% a mediados de los años 2000 a cerca del 19% en 2026.

El informe es contundente al interpretar este dato: “No puede atribuirse la pérdida de participación a un mercado que se achicó: Brasil compró mucho más vino, pero Argentina no logró acompañar plenamente ese crecimiento”.

El contraste con Estados Unidos es diferente. Allí las importaciones de vinos fraccionados cayeron 32% en once años, y Argentina perdió todavía más participación dentro de ese mercado, ya que pasó de un máximo de 8,2% a 3,7% en 2026.

“En consecuencia, la contracción del mercado estadounidense explica una parte de la caída, pero Argentina además perdió participación dentro de ese mismo mercado”, señala IERAL.

El tipo de cambio es otro de los factores que aparecen en el análisis. La evolución histórica muestra que, después de la salida de la Convertibilidad, el fuerte aumento del dólar en términos reales coincidió con una expansión de las exportaciones argentinas y una mayor participación en el mercado mundial. A medida que esa ventaja cambiaria se redujo, Argentina comenzó a perder terreno.

El informe ubica el tipo de cambio real oficial en julio de 2026 en alrededor de $1.537 a precios de ese mes. Es un nivel superior al de algunos períodos de dólar barato, como 1996 o 2016, pero bastante menor al registrado durante los años posteriores a 2002, cuando la competitividad cambiaria del sector exportador fue excepcional.

Pero IERAL pone un límite a esa explicación. “No conviene atribuir toda la evolución al dólar”, plantea, porque la competitividad del vino también depende de “costos internos, logística, estrategia comercial y condiciones específicas de cada mercado”.

En particular, el trabajo destaca el peso de los costos logísticos y advierte sobre un cambio en los hábitos de consumo internacional. Los referentes sectoriales citados por el informe señalan una mayor preferencia por blancos, rosados, productos más frescos, de menor graduación y nuevos formatos, mientras algunos tintos tradicionales de precio medio enfrentan una demanda más débil.

“Si la oferta argentina se adapta con mayor lentitud a esos cambios, puede perder participación aun sin un deterioro adicional del tipo de cambio”, advierte el informe.

Los datos de 2026 permiten introducir un matiz en el diagnóstico. Las exportaciones argentinas de vino aumentaron 14% en volumen durante el primer semestre, pero el incremento fue de apenas 3% en valor. La razón: el precio medio cayó cerca de 10%. Además, una parte de la mejora en litros estuvo vinculada al mayor dinamismo de los vinos a granel.

Por eso, IERAL advierte que “vender más volumen no implica necesariamente recuperar en igual medida el valor exportado” y sostiene que este repunte “no contradice el deterioro de largo plazo que muestran los vinos fraccionados mendocinos”.

La conclusión del IERAL es que la vitivinicultura argentina enfrenta dos problemas simultáneos. Por un lado, un mercado mundial que se achicó. Por otro, una pérdida de competitividad y de participación argentina dentro de ese mercado.

“Las exportaciones siguen al mundo, porque un mercado global más pequeño reduce las oportunidades de venta; pero también siguen a las condiciones de Argentina, porque el país puede ganar o perder participación dentro de ese mercado”, señala el informe.

De allí que la recuperación no dependa únicamente de una mejora cambiaria. Según el trabajo, será necesario actuar también sobre los costos, la logística, la estrategia comercial y la adaptación de la oferta a los nuevos patrones de consumo.

El diagnóstico final del IERAL es, quizás, el más importante para entender la situación: “Recuperar exportaciones supone entonces no sólo vender más litros, sino también recuperar cuota y valor por litro”.