El pollo al ajillo es uno de los platos más emblemáticos de la cocina, famoso por su sencillez y por el sabor que aportan el ajo y el buen dorado de la carne. Sin embargo, la cocinera Elena Valdizán propone sumar dos ingredientes inesperados que potencian el resultado: salsa de soja y jugo de limón.
Esta combinación aporta un toque salado y ácido que realza el sabor de la carne, sin complicar el paso a paso.
Cómo hacer el pollo al ajillo de Elena Valdizán
Ingredientes:
- 8 a 10 alitas de pollo
- 1 cabeza de ajos
- 2 cucharadas de salsa de soja
- 1/2 limón
- 1/2 vaso de vino blanco
- 3 cucharadas de aceite de oliva
- Sal
- Pimienta negra
Paso a paso:
- Dividí las alitas por las articulaciones. Podés retirar las puntas o reservarlas para preparar un caldo.
- Separá los dientes de la cabeza de ajo. Dejá aproximadamente la mitad enteros y con piel, y pelá y cortá el resto en trozos medianos.
- Salpimientá ligeramente las alitas. Conviene no excederse con la sal, ya que después se incorporará la salsa de soja.
- Calentá el aceite en una olla amplia a fuego medio. Añadí las alitas, los ajos enteros y los ajos picados.
- Cociná durante unos cinco minutos, removiendo de vez en cuando para que el pollo comience a dorarse y el ajo no se queme.
- Añadí el vino blanco, bajá ligeramente el fuego y dejá cocinar durante 10 o 12 minutos.
- Cuando las alitas estén prácticamente hechas, incorporá dos cucharadas de salsa de soja y el jugo de medio limón.
- Mezclá bien y dejá cocinar todo junto durante otros dos minutos, hasta que la salsa reduzca ligeramente e impregne el pollo.
- Retirá del fuego y serví inmediatamente. Podés acompañar las alitas con patatas fritas o una ensalada.

Los secretos para un pollo jugoso y una salsa equilibrada
El uso de salsa de soja debe ser moderado: dos cucharadas bastan para dar profundidad sin opacar el resto de los sabores. Por eso, conviene no excederse con la sal al principio y ajustar solo al final de la cocción.
El limón cumple un rol clave, ya que su acidez equilibra la grasa de las alitas y el aceite, aportando frescura al plato. Además, la combinación de ajos enteros y troceados permite que algunos resistan la cocción y otros transmitan su sabor rápidamente.
El control del fuego es fundamental: cocinar a temperatura media evita que el ajo se queme y amargue la salsa. Así, el pollo se dora bien y termina de hacerse lentamente junto al vino, logrando una textura jugosa y un sabor intenso.



