
En los últimos años, la educación técnica volvió a ocupar un lugar central en la discusión educativa y productiva. Los cambios en la matriz laboral, que exige cada vez más mano de obra calificada, impulsaron esa revalorización, a la que se suma ahora la irrupción de la inteligencia artificial: mientras ciertas profesiones empiezan a transformarse, los oficios aparecen, al menos en el corto y mediano plazo, entre las actividades más difíciles de reemplazar por computadoras.
En diálogo con Ticmas, la directora de Educación Técnica y Formación Profesional del Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro, Eliana Silva, repasó el crecimiento de la modalidad, la actualización de los programas vinculada con el desarrollo productivo y energético y los desafíos que plantea la formación de los estudiantes. La provincia organiza su oferta a través de distintos canales: la Formación Profesional, la Secundaria Técnica —que incluye treinta y seis Centros de Educación Técnica (CET)— y los institutos de Educación Superior Técnica.

—¿Cómo toman la oportunidad actual de la escuela técnica?
—Justamente, como una oportunidad para seguir fortaleciéndola. En los últimos años se han creado muchas secundarias técnicas y Centros de Formación Profesional, que están destinados a la matrícula de adultos, que ha crecido de manera exponencial. Luego de la creación del gasoducto de la Línea Sur tuvimos la necesidad urgente de capacitar en oficios como instalador gasista y otros que venían de la mano. La educación técnica se ha fortalecido un montón en la provincia y también a nivel federal.
—¿Cuáles son los perfiles que están desarrollando últimamente?
—En la secundaria técnica se trabajó fuertemente con el Instituto Argentino de Petróleo y Gas (IAPG). Se hizo un convenio y se trabajó en la revisión de los diseños curriculares. Nosotros los habíamos revisado en 2012, hubo resolución en 2013 y se empezaron a cambiar a partir del 2014. Si bien eran diseños curriculares nuevos y estaban actualizados, pasaron más de diez años desde su implementación. En la revisión, el IAPG, junto con empresas, se dio cuenta de que faltaban contenidos específicos para el sector hidrocarburífero. Ya pudimos sacar la resolución de dos especialidades y estamos trabajando en las últimas tres que nos revisó el IAPG junto con empresas petroleras.
—¿Los estudiantes salen con un tramo de formación en energía?
—Todos tienen contenidos relacionados con las energías que hay acá en la provincia y en el país.

—¿Cómo es el desarrollo de las prácticas profesionalizantes? En otras jurisdicciones hay una carga de 180 horas, ¿en Río Negro?
—Hacemos pasantías desde hace cuarenta años. Una parte de las horas del plan de estudio está destinada a trabajar en empresas. A partir de la Ley de Educación Técnica Profesional, hubo que ordenar los diseños curriculares en cuatro campos formativos, y uno de esos campos es la práctica profesionalizante. El Ministerio hizo convenios con empresas, entidades o estamentos del gobierno, y también hay convenios específicos que cada escuela hace con las empresas para que los estudiantes hagan las pasantías. Tienen que cumplimentar la carga horaria reglamentada en nuestros planes de estudio, que es de 216 horas cátedra. En algunas especialidades está distribuida en 5º y en 6º; en otras, solamente en 6º año.
—¿Cómo miden el proceso?
—Por lo general, con las cargas horarias y, si no, cumplimentando las capacidades que debe tener cada perfil profesional. Los perfiles profesionales se organizan de acuerdo con las capacidades que tiene un técnico. Cuando los estudiantes se reciben tienen que adquirir esas capacidades. Otra manera de medirlo, si no se cumplimentan las horas, es saber si se desempeñan en esas capacidades para las que están habilitados.
—¿Se quedan los chicos a trabajar en esas empresas?
—Muchos se quedan.
—¿Cómo evitan el abandono escolar?
—Es que el título es lo que más aporta para que no abandonen. Nosotros tenemos un 70% de egreso. Lo que necesitan los chicos es el título. Si terminan con materias por rendir, después hacen lo imposible para poder sacarlas y tener el título, que es justamente lo que les abre las puertas en esa empresa petrolera o en cualquier tipo de empresa.
—Si entiendo bien, Río Negro tiene una alta tasa de terminalidad, pero eso no implica la titulación.
—Sí, el desgranamiento es muy grande en los seis años. La escuela común tiene 5.000 horas reloj en el plan de estudio. La escuela técnica tiene 7.000 horas. Es difícil terminar la escuela técnica. Tenés que estar muy bien acompañado, sostenido y con la idea bien fija de querer terminar y egresar.

—Teniendo Río Negro una diversidad de regiones tan variada, ¿cómo solucionan la práctica profesionalizante de una escuela determinada donde no está la industria o donde no está la demanda laboral?
—Con los proyectos educativos, comunitarios o sociales. Por ejemplo, en Ingeniero Jacobacci y en Los Menucos, que son pueblos chiquitos, se trabaja con los municipios. En Jacobacci tenemos una especialidad agropecuaria y los chicos van a las estancias de los profesores o de gente conocida y hacen sus prácticas. En Los Menucos hay una escuela industrial con la especialidad de Maestro Mayor de Obras, que tiene mucha relación con el IPPV (Instituto Provincial para la Vivienda). Los chicos salen a hacer el relevamiento con el catastro del municipio, ven las necesidades de la comunidad, hacen los planos, van a las construcciones.
—¿Con el boom de la industria energética cambió el perfil de los estudiantes? ¿Cambió la demanda de los padres?
—La demanda de los padres es muy fuerte. Ellos piensan que sus hijos entran en la escuela técnica y van a ser petroleros. El tema es que nosotros tenemos el 50% de la matrícula en el ciclo básico, y de ahí egresa el 15-20%. Es muy difícil llevar los seis años. No somos una escuela común.
—Quería preguntarle por los lenguajes de la escuela técnica, pero no solo idioma extranjero sino también la programación.
—Con respecto a idiomas, además de inglés, en algunas escuelas técnicas como la de Hotelería y Gastronomía tenemos portugués y francés. Muchos brasileños van a Bariloche. Los chicos sí o sí tienen que aprender portugués. Programación e informática se ven en las especialidades de electrónica, electromecánica, programación e informática. Hace un par de años hicimos clubes digitales para potenciar la programación en el ciclo básico de las escuelas técnicas.
—¿Incluyen inteligencia artificial en los planes de estudio?
—Se está incorporando de a poco. Si bien todavía no está incorporada en los planes de estudio, hay nuevos diseños curriculares con respecto a la programación, informática y un ciclo básico destinado a estas especialidades, donde sí lo estamos trabajando. En el resto de las especialidades todavía no, pero sí lo hacemos en la formación docente.

—¿Cómo es el nivel de alfabetización y lectocomprensión de los estudiantes?
—Eso lo vamos a saber a partir de la implementación de la evaluación Río Negro Explora, que se hizo en agosto. Mide a los estudiantes del segundo año. Se llama Río Negro Explora y es como la Aprender, pero trabajada con los diseños curriculares que tenemos en la provincia. Una cosa más con respecto a la comprensión lectora es que desde hace ya dos años implementamos unos cuadernillos de alfabetización de Lengua y Matemática. Son una introducción a la escuela técnica y sirven para tener una base de cómo vienen de la primaria.
—Es para chicos de primero.
—Son los primeritos que recién entran a la escuela técnica. Los cuadernillos son una ayuda para explicarles cómo es la modalidad, que es totalmente diferente a la escuela primaria, y también para saber qué conocimiento tienen en Lengua y en Matemática —sobre todo en Matemática—, para seguir su trayectoria en una escuela técnica.
—Una de las problemáticas de la Argentina es que la industria y la innovación tecnológica van mucho más avanzadas que lo que se enseña en las escuelas técnicas. En un momento hubo un crédito fiscal para incorporar tecnología en la escuela, pero hoy el avance tecnológico es cada vez más rápido. ¿Cómo se puede salvar esa brecha?
—Si no llegamos a tener financiamiento por parte del Estado, la manera más práctica es la vinculación con el sector privado en pasantías y en capacitación de los docentes en empresas. Sin inversión, es muy difícil. Hoy por hoy, la demanda es programación, robótica y equipamiento. En el ciclo básico podés ir zafando, pero después, en el ciclo superior, necesitás otro tipo de equipamiento. En electromecánica necesitás paneles de control y simuladores. Esos son equipos caros en dólares. Si no tenés aportes del Estado, tenés que tener una vinculación con empresas privadas que puedan tener algún modelo como para que los estudiantes vayan y hagan prácticas o que el docente vaya, se capacite y después lleve a los estudiantes.
—¿Tienen una mesa distrital, regional, provincial para vincular educación e industria?
—Se trató de hacer el año pasado un dispositivo con la Secretaría de Energía, que es la que lleva el desarrollo energético y productivo, y no hubo vínculos. Se armó, pero no tuvo continuidad. También se trabajó el convenio con el Instituto Argentino de Petróleo y Gas, y las empresas petroleras apadrinan una escuela técnica y proveen nuevo equipamiento. De alguna manera, en los últimos años, en los que no tenemos financiamiento por parte del Estado, tratamos de solventar la necesidad de equipamiento actualizado con las industrias petroleras.
—¿Cuántos estudiantes hay en el universo de las escuelas técnicas?
—En secundaria, 16.500. La matrícula de secundaria común es algo de 35.000. Nosotros tenemos poco menos del 50%.
—¿Cuántas chicas? La escuela técnica es tradicionalmente de varones, pero un informe de Argentinos por la Educación mostraba que que empezaba a subir la matrícula femenina.
—Tenemos más de la media nacional: un 34, 35%.
—¿Por qué?
—Tenemos especialidades en las que se ven más chicas. Tenemos la agropecuaria, una escuela técnica de Administración de Empresas y escuelas de Hotelería y Gastronomía. Esas son las especialidades donde está más parejo. Después, en electromecánica, en electrónica, hay más varones.




