En 1961, un hombre conectó Stonehenge a un IBM. Encontró 56 agujeros y una teoría fascinante: "Está conectado al Sol y la Luna"

Stonehenge lleva siglos acumulando explicaciones sobre su función, desde templo religioso hasta monumento funerario. En 1961, el astrónomo Gerald Hawkins decidió abordar el misterio con una herramienta bastante menos habitual en la arqueología de entonces: regresó de Stonehenge con las posiciones de piedras, arcos, agujeros y montículos y utilizó un ordenador electrónico en el Harvard-Smithsonian Observatory para reconstruir el cielo de miles de años atrás. 

Los resultados lo llevaron a una hipótesis fascinante.

Llevar las piedras hasta un ordenador. Gerald Hawkins visitó Stonehenge aquel año intentando comprender cómo el monumento podía señalar la salida del Sol y quedó especialmente intrigado por la manera en que sus grandes arcos parecían obligar al observador a mirar hacia determinados puntos del horizonte. 

De regreso a Estados Unidos, trasladó a gráficos la posición del centro del monumento y de cada piedra, abertura, agujero y montículo que consideró relevante. Reconstruir manualmente qué habría aparecido sobre el horizonte siguiendo cada una de aquellas líneas miles de años antes era una tarea enorme, así que recurrió al ordenador disponible (un IBM 7090) en el Harvard-Smithsonian Observatory para hacer los cálculos.

Llevamos años obsesionados con el sentido de Stonehenge. Su gran enigma era otro: cómo su altar de seis toneladas viajó 700 km
Llevamos años obsesionados con el sentido de Stonehenge. Su gran enigma era otro: cómo su altar de seis toneladas viajó 700 km