Lince boreal o europeo. (R. J. Mathar/Wikimedia Commons)

En la actualidad, en España solo habita de forma natural una especie de lince: el ibérico (Lynx pardinus), cuyos esfuerzos de conservación se han convertido en un icono de la biodiversidad en nuestro país. Esta especie endémica de la Península Ibérica ha pasado e estar al borde de su desaparición a principios del siglo XXI a contar con 2.269 ejemplares censados en nuestro país, según los datos de 2025 del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).

Sin embargo, este no es el único lince que ha habitado la geografía española. Hablamos del lince boreal (Lynx lynx), el mayor felino silvestre de Europa, que sí alcanzó la categoría de extinto en nuestro país. También conocido como europeo, eurasiático o común, llegó a contar con una de las distribuciones más amplias entre los felinos, pues abarcó gran parte de Europa y Asia.

En la zona occidental, durante los siglos XIX y XX desapareció en muchas áreas, por lo que en países como Suiza, Italia, Alemania o República Checa existen programas de reintroducción. En Francia, de hecho, se estima que quedan aproximadamente 150 ejemplares, por lo que es una especie protegida.

Un ejemplar de lince boreal (Lynx lynx) en el Zoo de Madrid, España. (Carlos Delgado/Wikimedia Commons)

Este profundo declive se debe a una serie de causas que, sostenidas en el tiempo, han supuesto una grave amenaza para el depredador: es el caso de la caza excesiva, el furtivismo por la interacción del lince con los intereses ganaderos o la destrucción de su hábitat natural. También la escasez de ungulados, que constituyen su fuente de alimentación primordial en invierno, y un elevado interés por su aprovechamiento peletero.

Pese a ello, a nivel mundial es una especie que no se encuentra amenazada. Al menos así figura en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que lo cataloga como “de preocupación menor”. Esto se debe a su amplia distribución y a la estabilidad de sus poblaciones en el norte de Europa y en gran parte de su área de distribución asiática; sin embargo en numerosas zonas de Europa, Oriente Medio y Asia Central ya ha desaparecido.

El lince boreal se extinguió en España hace un siglo

En nuestro país, el lince boreal es una de las 13 especies animales incluidas en el Listado de especies extinguidas en todo el medio natural español. En su momento, sin embargo, llegó a ocupar el norte de la Península Ibérica; a partir del siglo XIX sufrió una importante regresión geográfica, por lo que desapareció del área cantábrica y quedó recluido en el entorno del País Vasco y los Pirineos.

Imagen de archivo de un ejemplar de lince europeo. (Roy Egloff/Wikimedia Commons)

El golpe definitivo se produjo en la primera parte del siglo XX, de cuando son, según el MITECO, los últimos registros fidedignos de la especie en la vertiente española de los Pirineos. A partir de ese momento, podría considerarse como extinta en nuestro país.

En 2019, sin embargo, una noticia sembró una pequeña esperanza sobre el posible futuro regreso del lince boreal a los Pirineos. En el centro de recuperación de fauna MónNatura Pirineus dieron la bienvenida a Minairó, el primer lince nacido en el Pirineo catalán desde la extinción de la especie en la zona. Sus padres, dos linces que habían nacido en cautiverio en mayo de 2008 en un zoológico de Galicia, habían sido trasladados al centro en agosto de ese mismo año.

Varias asociaciones ecologistas proponen reintroducirlo

En la actualidad, no existe ningún programa oficial español de reintroducción del lince boreal, aunque desde hace ya unos años se han lanzado propuestas. La más reciente fue la de dos asociaciones ecologistas, Amics del Parc Natural de l’Alt Pirineu y ADLO Pirineo, que querían realizar una prueba piloto en el Parque Natural del Alto Pirineo para comprobar cuáles serían los efectos de un futuro regreso de la especie ahora extinta.

Para ello, la idea inicial era liberar machos castrados para monitorizar su impacto en el ecosistema y evitar que comenzasen a reproducirse antes de verificar las consecuencias. Según señalaron las organizaciones impulsoras del proyecto, esto podría ofrecer beneficios como la depredación sobre herbívoros que en los últimos años han experimentado un crecimiento notable en la zona (como los corzos, los rebecos, los muflones o los ciervos), o el desplazamiento de depredadores del urogallo, que se encuentra en peligro de extinción (como los zorros, las martas o las garduñas).

Ya en 2016 se planteó un programa similar en el Valle de Arán, pero este fue rechazado por la falta de consenso y la oposición de cazadores y ganaderos. Si el lince boreal llega en un futuro a volver a dominar las montañas de los Pirineos, solo el tiempo lo dirá, aunque la historia de este depredador felino puede hacernos reflexionar sobre la importancia de cuidar la fauna antes de que desaparezca.