Las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de muerte y, según datos de la Word Heart Federation (WHF), cada año, el 33% de los fallecimientos se producen por fallas cardiovasculares, traducidas en una pérdida de 20 millones de personas en todo el mundo. En 1980 se realizó la primera angioplastia coronaria en Argentina, tres años después de la primera intervención del Dr. Andreas Grüntzig y, según el último reporte de Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación (MSN), en 2024, se registraron 105.130 fallecimientos por enfermedades cardiovasculares, siendo también la mayor causa de mortalidad en el país.
En tanto, en los últimos 50 años, el riesgo de muerte por complicaciones cardiovasculares se redujo de manera significativa gracias al desarrollo de una serie de técnicas revolucionarias para mitigar el impacto y, especialmente, al vital aporte de médicos argentinos como René Favaloro, Julio Palmaz y Luis de la Fuente.

De acuerdo a los datos del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI), a fines del siglo XX, la mortalidad del infarto en Argentina se redujo del 15,3% al 9,7% por el advenimiento de los trombolíticos y la angioplastia con stent.
En el país los médicos intervienen a unas 200.000 personas por año entre diagnósticos y procedimientos terapéuticos: entre 70.000 y 75.000 corresponden a angioplastias coronarias, de las cuales, el 20% son por infarto agudo de miocardio.
Qué es la angioplastia
La angioplastia es un método que, a través de un catéter, se puede dilatar una obstrucción de la arteria, como en casos de infarto agudo en pacientes con dolor de pecho. La angioplastia primaria de emergencia para el tratamiento de infarto agudo en evolución es segura y constituye la mejor opción terapéutica en pacientes con infarto agudo de miocardio (IAM).
En el marco del Día Internacional de la Cardiología Intervencionista estuvo dedicado a la memoria y obra del Dr. Andreas Grüntzig, ya que el 16 de septiembre de 1977, el cardiólogo alemán realizó la primera angioplastia trasluminal percutánea humana con balón en Zurich, Suiza. La intervención consistió en la dilatación de una arteria coronaria a través de un catéter diseñado y fabricado a mano en la mesa de la cocina de su domicilio.

Luego, el Dr. Grüntzig transmitió, promovió y enseñó el método en cursos de demostración de la angioplastia coronaria que, años más tarde, tuvo su vital desarrollo en 1989, cuando el Dr. Julio Palmaz creó el stent expandible: se trata de una malla metálica que se utiliza para mantener abiertas las arterias coronarias. El método del médico argentino fue patentado en 1988 tras siete años de desarrollo, investigación y experimentos desde su garage en los Estados Unidos y a comienzos de los ’90 fue aprobado para su uso.
La angioplastia es el procedimiento por el cual cambió el rostro de la cardiología, transformándose en una cardiología moderna dado que la angioplastia permitió que la cardiopatía isquémica pasara de ser una enfermedad mortal a una enfermedad controlable.
Se realiza un procedimiento cardiovascular por cateterismo cada dos minutos en el país
Mientras transcurren los minutos que demanda leer esta nota, en algún lugar de la Argentina al menos seis personas habrán ingresado a una sala de hemodinamia para someterse a un procedimiento cardiovascular por cateterismo. La cardioangiología intervencionista se convirtió en una de las especialidades que más transformó el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares durante las últimas décadas.
La incorporación permanente de nuevas tecnologías, dispositivos cada vez más sofisticados y personal médico rigurosamente entrenado han permitido que -mediante técnicas mínimamente invasivas- se logre modificar el pronóstico de miles de pacientes y ampliar de manera extraordinaria las posibilidades terapéuticas. Estos avances cobran todavía mayor dimensión cuando se observa el peso que continúan teniendo las enfermedades cardiovasculares sobre la salud de los argentinos.
Según las últimas estadísticas oficiales disponibles, durante 2024 fallecieron en el país 105.130 personas por este grupo de enfermedades, que representaron el 30,3% de todas las muertes por causas definidas. Es una cifra muy superior a la registrada para las enfermedades respiratorias, responsables de 77.523 fallecimientos (22,3%) y también por encima de la sumatoria de todas las patologías oncológicas, que ocasionaron 62.572 muertes (18,9%).
En otras palabras, prácticamente una de cada tres personas que fallecen en la Argentina lo hace como consecuencia de una enfermedad cardiovascular. “En este contexto, cada avance que permita diagnosticar precozmente una obstrucción arterial, restablecer rápidamente la circulación durante un infarto o tratar enfermedades complejas sin necesidad de una cirugía mayor tiene un enorme impacto sanitario. Precisamente, para poner en valor esa evolución, desde el CACI nos sumamos a la conmemoración cada 16 de septiembre del Día Internacional de la Cardiología Intervencionista”, afirmó el Dr. Alfredo Bravo, presidente del CACI.
Qué es el stent
El stent corresponde a un desarrollo del médico argentino, el Dr. Julio Palmaz, quien lo patentó en 1988 en Estados Unidos junto al Dr. Richard Schatz. Desde ese entonces, se estima que casi 50 millones de personas en todo el mundo se beneficiaron con la implantación de este dispositivo en sus arterias. Pocos años después, se desarrollaron los stents liberadores de drogas, que permiten evitar el estrechamiento de la arteria posprocedimiento mediante la liberación paulatina de una medicación específica.
El Dr. Alejandro Palacios, médico cardioangiólogo intervencionista y ex presidente del CACI dijo: “El mejor tratamiento para un infarto sigue siendo evitar que ocurra. Sin embargo, cuando el evento ya se produjo, el tiempo pasa a ser el factor más importante. Cuanto antes logremos restablecer la circulación de la arteria obstruida, mayores serán las posibilidades de preservar el músculo cardíaco y reducir las secuelas. Por eso insistimos tanto en reconocer los síntomas y consultar de inmediato”.
En los últimos años las salas de hemodinamia se especializaron en el tratamiento de numerosas enfermedades estructurales del corazón, como reemplazar válvulas cardíacas mediante cateterismo, tratar patologías de la aorta, intervenir sobre arterias periféricas o corregir determinadas cardiopatías congénitas. Muchos de estos procedimientos eran impensados hace apenas una generación y, cuando podían realizarse, requerían cirugías de gran complejidad, internaciones prolongadas y recuperaciones mucho más extensas.




