Hay ciudades que parecen diseñadas para caminar, como Dublín o Copenhague; o ir en bici, como Ámsterdam; otras, para ir de compras, como Milán. Y algunas tienen plazas donde caben miles de personas pero encontrar un asiento en el mobiliario urbano es poco más que un milagro, bien por arquitectura hostil, bien porque se les ha olvidado. Madrid quiere remediarlo o, como mínimo, comprar los bancos necesarios para intentarlo.
La historia arranca en 2024, cuando un ciudadano que se hace llamar Bravotron presentó una propuesta en Decide Madrid. Su petición era sencilla: más bancos en la capital. En su razonamiento hablaba de personas mayores que quieren salir a pasear y disfrutar de su barrio. Ahora la propuesta llega a contrato público: el Ayuntamiento ha sacado a contratación el suministro de un mínimo de 1.602 bancos, con un presupuesto base de unos 1,2 millones de euros. Y plantea una pregunta: ¿Cómo se decide dónde hace falta un banco?
La cifra. Madrid cuenta con 64.716 bancos repartidos por calles, plazas y parques. Los más de 1.600 propuestos no serán 100% nuevos: una parte sustituirá a los que ya existen y no cumplen la normativa de accesibilidad. El resto servirá para aumentar la dotación en barrios donde el Consistorio considera que faltan. Y tampoco es un movimiento aislado: ya llevan un tiempo renovando mobiliario, algunos fabricados con materiales como madera mezclada con polímeros, resina sintética o plástico reciclado, pensados para soportar el vandalismo, el uso intensivo y las condiciones meteorológicas.
El contrato. El Ayuntamiento justifica la compra por la “demanda general de la ciudadanía” para disponer de bancos allí donde la dotación actual resulta insuficiente, y así “reequilibrar” el número de asientos entre distritos y barrios. Ya en 2022, el proyecto de poner más bancos se elevó entre otras 132 propuestas en los Presupuestos Participativos 2021-2022. Ahora falta que alguien recoja el guante y quiera asumir el proyecto.
Orden y mesura. La asociación A Pie, parte de la Federación Regional de Vecinos de Madrid, propuso que no hubiese más de 100 metros entre asientos para favorecer los desplazamientos a pie y asegura que muchas calles madrileñas no cumplen esa recomendación aunque exista espacio para colocarlos. También exigen unos mínimos de accesibilidad: un respaldo, unos apoyabrazos o una determinada altura pueden responder precisamente a necesidades diferentes según el contexto. Señalan, entre otros ejemplos, la Plaza Mayor, Jacinto Benavente y Chueca. Madrid dispone de un visor oficial que permite localizar sus bancos y la asociación lo ha utilizado para estudiar su distribución.
Sombra aquí, sombra allá. Un asiento no cumple la misma función junto a un centro de salud, un colegio que frente a un mercado. Ir cargado de bolsas no es igual que tener que hacer una pausa urgente y su uso es muy distinto al situado en una zona de paso. En Decide Madrid existe otra propuesta, “Un banco bajo el árbol, la nueva esquina de la ciudad”, que plantea aprovechar las ampliaciones de aceras para combinar árboles y asientos.




