Para muchos de ellos, era la primera vez que regresaban a las Islas Malvinas desde 1982. Cuarenta y cuatro años después de la guerra, excombatientes y familiares de soldados caídos volvieron a recorrer los lugares donde lucharon, sufrieron y perdieron a sus compañeros. El viaje tuvo un objetivo tan simple como profundo: homenajear a los que quedaron en Darwin y cerrar heridas que el paso del tiempo nunca terminó de borrar.

Durante una semana, una delegación integrada por excombatientes de La Matanza, La Plata y Córdoba, familiares de soldados caídos y periodistas recorrió los principales escenarios de la guerra de 1982. Visitaron el cementerio argentino de Darwin, Monte Longdon, Sapper Hill y otros puntos donde se desarrollaron algunos de los combates más duros del conflicto.

El momento más conmovedor del viaje ocurrió en el cementerio argentino de Darwin, donde descansan los restos de 237 soldados argentinos que murieron durante el conflicto.

Los visitantes recorrieron el cementerio argentino de Darwin en busca de compañeros, amigos y familiares a quienes pudieron rendir homenaje 44 años después del conflicto

Allí, entre el silencio y el viento, los visitantes se dispersaron apenas llegaron. No hicieron falta palabras. Cada uno sabía exactamente a quién había ido a buscar.

Algunos encontraron la tumba de un compañero de combate. Otros, la de un hermano, un sobrino o un amigo al que nunca pudieron despedir. Sobre las lápidas dejaron cartas, rosarios, banderas argentinas y mensajes escritos a mano. Hubo abrazos a las cruces, lágrimas incontenibles y largos momentos de silencio.

La delegación también desplegó banderas argentinas, cantó el Himno Nacional y rindió homenaje a quienes quedaron para siempre en las islas.

Un excombatiente argentino contempla las cruces del Cementerio de Darwin durante una visita de homenaje a las islas Malvinas.

“Es un viaje para cerrar etapas y librarse de fantasmas”

Uno de los impulsores de la travesía fue Ramón Robles, presidente de la Confederación de Veteranos de Malvinas de la República Argentina y excombatiente que luchó a pocos kilómetros de donde hoy se encuentra el cementerio de Darwin.

Para él, regresar a las islas tiene un profundo sentido humano. “Es un viaje humanitario, para cerrar etapas y librarse de fantasmas”, expresó a la agencia EFE.

Robles explicó que durante los siete días de recorrido cada integrante del grupo volvió mentalmente a 1982. “Cada uno que encontró el lugar donde estuvo es como que volvió a los 18 años”, relató.

Las noches en el hotel se transformaron en espacios de encuentro donde reconstruían recuerdos, comparaban experiencias y se hacían una pregunta que todavía hoy resulta difícil de responder. “¿Cómo aguantamos esto?”, recordó Robles que se preguntaban una y otra vez.

Emoción y lágrimas en Darwin: muchos de los veteranos volvieron a pisar las islas por primera vez desde el final de la guerra de Malvinas

El hambre, el frío y una guerra que nunca olvidaron

Eduardo Albornoz tenía apenas 18 años cuando fue enviado a Malvinas. Como miles de jóvenes conscriptos argentinos, llegó a las islas con escasa preparación militar y tuvo que enfrentar condiciones extremas.

Más de cuatro décadas después, todavía recuerda el hambre como una de las experiencias más duras. “En ese momento todos teníamos un mes de incorporados al servicio militar”, contó.

Con el bloqueo británico, la comida comenzó a escasear. “Todos bajamos 14 o 15 kilos”, recordó. En otra de sus evocaciones, relató que la alimentación diaria llegó a reducirse a una pequeña taza de sopa de sémola por la mañana y otra por la noche.

La delegación desplegó banderas argentinas frente a las cruces blancas de Darwin, donde descansan los restos de los combatientes que murieron en la guerra de 1982

La visita a los lugares donde combatió despertó emociones difíciles de contener. “He llorado acá, he llorado en el Monte Longdon, porque fue una guerra tan absurda, en un territorio tan grande, tan mal cubierto, con un ejército tan pobre como el nuestro”, reflexionó.

La despedida que una hermana esperó durante décadas

Entre los integrantes de la delegación estaba Miriam Gramisci, hermana de Donato Gramisci, uno de los soldados argentinos muertos en combate tres días antes de la rendición.

Para ella, el viaje tuvo un significado especial. Durante años, los restos de su hermano estuvieron enterrados bajo una lápida anónima con la inscripción “Soldado argentino solo conocido por Dios”. Recién en 2018, gracias a un proyecto humanitario coordinado por la Cruz Roja Internacional, pudo ser identificado mediante análisis de ADN.

Familiares de soldados identificados tras el proyecto humanitario de la Cruz Roja visitaron las tumbas de sus seres queridos y protagonizaron emotivos momentos de recuerdo

Frente a su tumba, Miriam encontró finalmente la posibilidad de despedirse: “Pienso que este es su lugar. Por más que esté lejos de su familia, lejos de lo que fue su casa, es el lugar donde él, sin elegirlo, eligió estar”.

“Nadie está preparado para morir a los 18 años”

La visita al cementerio también impactó profundamente a Fabián Passaro, sobreviviente de Monte Longdon e integrante del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata. Al observar la inmensidad de Darwin y las filas interminables de cruces blancas, encontró una imagen que resume el drama de toda una generación.

“Ver esas 230 cruces en la inmensidad de la estepa de Darwin nos hace reflexionar. Cuántas vidas truncadas. A los 18 o 19 años nadie está preparado para morir”, afirmó.

Marcelo Martínez, otro de los veteranos presentes, también vivió un momento profundamente emotivo. “Fue muy fuerte llegar. Hoy en el cementerio, después de quebrarme, sentí una sensación de paz. Era algo que les debía a los compañeros, pisar las islas y visitarlos”, relató.

La recorrida por Malvinas incluyó Darwin, Monte Longdon y Sapper Hill, sitios que aún conservan las huellas de la guerra librada en 1982

Volver para recordar

La recorrida también incluyó Monte Longdon, escenario de una de las batallas más sangrientas de la guerra, donde incluso una inesperada nevada acompañó a los veteranos durante la visita. Luego recorrieron Sapper Hill, donde tuvo lugar el último combate terrestre antes de la rendición argentina del 14 de junio de 1982.

Cada monte, cada trinchera y cada rincón del paisaje despertó recuerdos dormidos. Algunos buscaban los sitios donde combatieron. Otros querían volver a los lugares donde compartieron sus últimos momentos con amigos que nunca regresaron.

A 44 años de la guerra, el viaje no cambió el pasado ni borró el dolor. Pero para muchos de ellos significó algo igualmente importante: cumplir una promesa pendiente.

Entre el viento helado de las islas, las cruces blancas de Darwin y los recuerdos de aquellos días de 1982, los veteranos encontraron algo que habían buscado durante décadas. Algunos hallaron respuestas. Otros encontraron paz. Todos volvieron a abrazar, aunque fuera por un instante, a los compañeros que nunca pudieron olvidar.

Con información y fotos de EFE.