La cadena porcina atraviesa una situación paradójica, porque sus récords de faena, producción y consumo conviven con una fuerte concentración. El primer semestre del 2026 fue uno de los mejores de los últimos 25 años, pero mientras tanto los productores chicos y medianos asisten a una baja rentabilidad. A eso se suma la fuerte presión importadora, que volvió a acelerarse durante los últimos meses con un mayor ingreso de cortes desde Brasil y alcanzó su registro más alto en todo el siglo XXI durante el mes pasado.
Ese es el diagnóstico que llegó al último encuentro de la Mesa Porcina bonaerense, donde representantes del sector se reunieron con el ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez, y analizaron el escenario que atraviesa la cadena, que bate récords pero enfrenta serias dificultades para sostener la producción a baja escala.

Los registros de la secretaría de Agricultura arrojan que en 2025 la producción y faena porcina rompió techos, con más de 800.000 toneladas y más de 8.500.000 cabezas, respectivamente. El consumo también alcanzó un récord, con casi 19 kilos por habitante al año, en un contexto de retracción de la carne vacuna.
La misma tendencia se mantuvo durante el primer semestre del 2026, cuando la producción se ubicó un 11,5% por encima del mismo período del año pasado. Ello, acompañado por un incremento de precios: entre enero y junio, el kilo en pie aumentó 13,2%, mientras el costo estimado prácticamente no se modificó.
Pero ello convive con otra tendencia muy marcada, la de la concentración. Según un relevamiento de la consultora JLU, desde 2018 la cadena ha perdido al 60% de sus productores. “Hay cada vez más cerdos, pero en menos manos”, señalaron en su último informe. Y los pequeños y medianos productores en pie deben enfrentar una mayor competencia de carne importada, el aumento sostenido de los costos y la pérdida de rentabilidad.
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En la provincia de Buenos Aires se concentra casi un 50% de la faena nacional, por lo que el debate tiene particular relevancia en terreno bonaerense.
La última reunión sectorial, encabezada por el ministro de Desarrollo Agrario, tuvo la participación de representantes de cámaras de productores, la Federación Agraria Argentina (FAA), Carbap, la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Senasa, el Ministerio de Salud y Banco Provincia.
“Los representantes del sector plantearon su preocupación por el aumento de las importaciones, las condiciones sanitarias de los productos que ingresan al país y el uso de ractopamina en los sistemas productivos de origen”, señalaron desde el ministerio.
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Con los datos de julio, la cadena acaba de batir el récord de importación de todo el siglo XXI: ingresaron al país casi 7.000 toneladas de carne, en su mayoría desde Brasil. La cifra representa un aumento del 70% interanual y 1600% desde 2024.
Al respecto, Rodríguez señaló que el debate no pasa únicamente por el volumen importado, sino también por las condiciones en las que esos productos ingresan al mercado argentino -en vistas de contener el precio de las proteínas en las góndolas- y el impacto que generan sobre los productores locales.
“No podemos pensar el desarrollo de la producción porcina sin discutir qué condiciones de competencia estamos generando. Necesitamos que nuestros productores puedan producir, invertir y crecer, y eso requiere políticas que defiendan la producción nacional y que garanticen condiciones sanitarias y de competencia adecuadas”, señaló.

En ese marco, se habló particularmente de las condiciones sanitarias en las que ingresa la carne importada, con señalamientos hacia el Senasa porque muchos de esos sistemas productivos utilizan ractopamina un beta agonista que permite mejorar el rendimiento productivo de los animales y suele ser cuestionada en mercados exigentes.
Cabe destacar, de todos modos, que ese producto no está expresamente prohibido en Argentina. De hecho, se la ha exceptuado de las restricciones que rigen para otros aditivos similares, pero se condicionó su comercialización a la aprobación de un programa de trazabilidad que nunca se instrumentó. Por lo tanto, tampoco hay productos veterinarios registrados que permitan utilizarla localmente.
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En un escenario de récords productivos y visible mejora del consumo, en el sector se debatieron también algunas de las alternativas para mejorar la situación de los productores de menor escala, hoy el eslabón que más cruje en la cadena.
Además de las alternativas de financiamiento, la mesa provincial también repasó las acciones destinadas a la prevención y el control de la triquinosis -frente a los casos detectados en granjas bonaerenses recientemente-, la formalización de establecimientos de menor escala, y las medidas de acompañamiento para escuelas agrarias abocadas a esta actividad.
“La Provincia tiene una enorme capacidad productiva y una cadena porcina que genera trabajo y agrega valor. El desafío es que esa capacidad pueda traducirse en más productores, más producción y mejores condiciones para quienes producen, y para eso vamos a seguir trabajando junto al sector”, concluyó Rodríguez.