
“El dolor menstrual es normal” es una de las frases que más de una mujer escucha durante su vida y puede llevar al diagnóstico tardío de una condición que deteriora progresivamente la calidad de vida: la endometriosis. Se trata de una enfermedad crónica que afecta a aproximadamente 190 millones de mujeres en edad reproductiva en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
A pesar de su magnitud, el camino hacia un diagnóstico sigue siendo largo y repleto de obstáculos: el tiempo promedio entre la aparición de los primeros síntomas y la confirmación del cuadro oscila entre 4 y 12 años. Una investigación realizada en Países Bajos y publicada en Reproductive BioMedicine Online determinó que ese retraso alcanza una mediana de 7 años, cifra que no disminuyó en la última década pese al mayor interés público sobre la enfermedad, en parte, por los históricos vacíos de conocimiento científico en torno a esta afección.
Detrás de ese número hay mujeres que pasaron años con dolor, que ajustaron su vida laboral, escolar y afectiva alrededor de síntomas que, con frecuencia, fueron minimizados o mal interpretados. “El dolor menstrual que condiciona la vida cotidiana no debe normalizarse. Detectar antes la endometriosis puede evitar años de dolor y deterioro de la calidad de vida”, afirmó en diálogo con Infobae el doctor Pablo Carpintero, médico especialista en ginecología y obstetricia.
La normalización del dolor menstrual es una de las principales barreras para llegar al diagnóstico
La endometriosis es una enfermedad crónica e inflamatoria en la que un tejido similar al que recubre el interior del útero, llamado endometrio, crece fuera del órgano y suele extenderse en la zona pélvica, alrededor de las trompas de Falopio y ovarios. El tejido se comporta como si estuviera en su lugar de origen: se engrosa y sangra con cada ciclo menstrual, pero no tiene por dónde salir del cuerpo. Con el tiempo, eso genera inflamación, tejido cicatricial y, en algunos casos, quistes en los ovarios llamados endometriomas.

El doctor Carpintero señaló que “probablemente una de las causas más importantes [del retraso] sea la normalización del dolor menstrual”. Durante años, muchas mujeres escucharon, de familiares, pares o incluso de profesionales de la salud, que tener menstruaciones muy dolorosas es algo normal, explicó el experto.
La doctora Elena Zeitler, médica ginecóloga a cargo del área de Fertilidad del Hospital de Clínicas de la UBA, agregó: “Muchas madres le dicen a sus hijas que esto es normal y que con el tiempo va a pasar”. Esa naturalización del dolor viene, en parte, de un fuerte estigma social que trasciende generaciones y desestima los síntomas femeninos y les atribuye causas psicológicas, lo que demora la consulta médica y, por lo tanto, el diagnóstico.
El ginecólogo Guido Vietri, especialista en cirugía laparoscópica, robótica e histeroscópica de alta complejidad, coincidió en sus declaraciones a Infobae: “Muchas pacientes comienzan con síntomas desde la adolescencia y escuchan que tener menstruaciones muy dolorosas ‘es normal’ o que forma parte de ser mujer”. A eso se suma que la enfermedad “puede presentar síntomas muy diversos y superponerse con otras patologías ginecológicas, digestivas, urinarias o musculoesqueléticas”, lo que genera múltiples consultas antes de llegar al diagnóstico correcto, según Carpintero.
El doctor también señaló barreras propias del sistema sanitario: falta de capacitación específica en endometriosis, demoras en la derivación al especialista adecuado y la creencia de que era necesaria una laparoscopía para confirmar el diagnóstico.

La endometriosis puede presentarse con dolor pélvico crónico, molestias durante las relaciones sexuales, dolor al defecar o al orinar (especialmente durante la menstruación), distensión abdominal, diarrea, constipación y dificultades para lograr un embarazo, entre otros cuadros. Esa diversidad hace que la enfermedad se confunda con otras patologías, y que las pacientes pasen por varios especialistas antes de llegar a la consulta correcta.
“No solamente existe un desafío en diagnosticar la enfermedad, sino que es lograr que una mujer no tenga que pasar años demostrando que su dolor es real y que los médicos podamos darnos cuenta y podamos tratar y diagnosticar esta enfermedad a tiempo”, aseveró Zeitler.
Sangrado doloroso e infertilidad: las señales que no deben ignorarse
La Clínica Mayo describe el dolor pélvico como el síntoma principal de la endometriosis y advierte que, aunque muchas personas tienen cólicos durante la menstruación, quienes viven con esta enfermedad suelen referir un dolor “mucho peor de lo habitual” que puede empeorar con el tiempo.
El doctor Carpintero precisó en su testimonio a Infobae que “la principal señal de alarma es un dolor menstrual que interfiere con la vida cotidiana”. Y la doctora Zeitler especificó: “Si una adolescente o una mujer joven por cada vez que menstrúa falta al colegio o a su trabajo, se queda en la cama y tiene que tomar analgésico, no se debería considerar como algo que es un periodo menstrual doloroso, sino que uno tiene que buscar la endometriosis como causa”.

Vietri amplió ese cuadro: “Lo importante es entender que la endometriosis no es solamente una enfermedad que genera menstruaciones dolorosas: puede afectar distintos órganos de la pelvis y presentarse de maneras muy variadas”. El especialista destacó que algunas pacientes tienen sangrado urinario o intestinal que coincide con el período, y que en casos de endometriosis profunda (la variante que compromete órganos como el intestino, la vejiga o los uréteres) el retraso en el diagnóstico puede derivar en daños estructurales sobre esos órganos.
El estudio publicado en Reproductive BioMedicine Online, que analizó los registros de 837 pacientes en 11 hospitales de los Países Bajos entre 2021 y 2023, aportó un dato preciso sobre el peso del síntoma inicial: las mujeres cuyo síntoma principal era la dismenorrea (término médico para el dolor menstrual intenso) tuvieron una mediana de espera de 12 años hasta el diagnóstico, frente a las que consultaron por infertilidad, cuya mediana fue de 3 años.
Sin embargo, Carpintero advirtió que el retraso diagnóstico no debe traducirse en pánico: “No significa necesariamente que la enfermedad vaya a progresar en todas las pacientes ni que todas tendrán infertilidad. La evolución de la endometriosis es heterogénea y la intensidad del dolor tampoco se correlaciona necesariamente con la extensión anatómica de las lesiones”.
Las consecuencias de años sin diagnóstico van mucho más allá del dolor. Según Carpintero, el retraso puede asociarse con alteraciones del sueño, de la sexualidad y de las relaciones personales, ausentismo laboral o escolar, y un deterioro significativo de la salud emocional. Zeitler agrega que puede “producir adherencias y compromiso de distintos órganos como el intestino”. La OMS indica que la endometriosis está presente entre el 25% y el 50% de las mujeres con infertilidad, además de que la depresión, la ansiedad y el aislamiento social son parte del cuadro.
El diagnóstico ya no requiere cirugía, pero sí profesionales especializados

Uno de los cambios más importantes en los últimos años es que el diagnóstico de endometriosis ya no depende exclusivamente de la laparoscopia, un procedimiento quirúrgico que permite observar el interior del abdomen con una cámara. El doctor Vietri fue claro en sus declaraciones: “Hoy sabemos que no es necesario operar a una paciente para diagnosticar endometriosis”. La historia clínica, los síntomas y el examen físico permiten establecer una sospecha, que luego se confirma con estudios por imágenes.
La ecografía transvaginal (una técnica de ultrasonido en la que el transductor se introduce en la vagina para obtener imágenes más precisas de los órganos reproductivos) tiene hoy un papel central, siempre que la realice un profesional con formación específica en endometriosis. Según el experto, esa herramienta es especialmente útil para identificar endometriomas ováricos y formas de endometriosis profunda. La resonancia magnética es una herramienta complementaria en casos seleccionados, útil para evaluar la extensión y localización de las lesiones y planificar el tratamiento quirúrgico cuando corresponde.
Vietri subrayó un punto crítico: “Una ecografía informada como ‘normal’, pero que fue realizada por un profesional no entrenado para esta patología, no descarta enfermedad”. Zeitler considera que esto “genera una desigualdad en el acceso de la población, porque no todas las mujeres tienen la posibilidad de hacerse una ecografía en un centro multidisciplinario. Y también hay una falta de centros multidisciplinarios con especialistas de distintas especialidades para tratar la endometriosis”.
La OMS reconoce que el acceso al diagnóstico temprano y al tratamiento efectivo de la endometriosis sigue limitado en muchos contextos, incluidos países de ingresos bajos y medios. Entre las herramientas diagnósticas en desarrollo, la institución menciona listas de verificación de síntomas, análisis de sangre y pruebas de autoevaluación con saliva o sangre menstrual.

En ese marco, la investigación genética abre una perspectiva adicional. Un estudio publicado en Nature Genetics en abril de 2026 (el más grande realizado hasta la fecha sobre la base genética de la enfermedad, con datos de más de 1,4 millones de mujeres, incluyendo más de 105.000 casos), identificó 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar endometriosis, 37 de ellas nuevas.
El trabajo fue liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona, el Institut de Recerca Sant Pau (IR Sant Pau) y la Universidad de Yale, entre otros centros. Dora Koller, autora principal del estudio e investigadora en IR Sant Pau y la UB, afirmó que “la investigación básica en endometriosis llegó más tarde que en otras áreas, lo que limitó la comprensión de la enfermedad durante años”.
El trabajo identificó, además, posibles nuevas opciones terapéuticas a partir de medicamentos ya aprobados para otras condiciones, como fármacos utilizados en oncología o en el tratamiento del dolor crónico y la depresión, dos condiciones frecuentemente asociadas a la endometriosis. Aunque una prueba genética para diagnosticar endometriosis aún no está disponible en la práctica clínica, estos avances apuntan hacia un horizonte de medicina más personalizada para una enfermedad que, hasta hoy, sigue tardando demasiado en tener nombre.
Según la OMS y la Clínica Mayo, la endometriosis no tiene cura definitiva, pero existen tratamientos para aliviar los síntomas y reducir su impacto. Las opciones incluyen analgésicos y antiinflamatorios para el dolor, tratamientos hormonales para disminuir la actividad del tejido endometriósico y, en algunos casos, cirugía para extraer lesiones, quistes o adherencias. La elección depende de la intensidad de los síntomas, la extensión de la enfermedad y de si la paciente busca o no un embarazo.
Zeitler apuntó: “No todas las pacientes van a evolucionar de la misma manera, pero es importante hacer un tratamiento temprano y no minimizar los síntomas”. El doctor Carpintero resumió el propósito central de acortar los tiempos: “El objetivo del diagnóstico temprano es fundamentalmente evitar años de sufrimiento innecesario, mejorar la calidad de vida y permitir un tratamiento individualizado antes de que la enfermedad tenga un mayor impacto sobre la vida personal, sexual, reproductiva, académica o laboral”.



