La reciente tragedia registrada en la región autónoma del Tíbet y en la frontera con Nepal encendió las alarmas sobre el peligro que representan los glaciares inestables. El colapso de un glaciar en el Himalaya originó un desborde violento, arrasando poblados y dejando más de 500 fallecidos y un millar de desaparecidos. El desastre, ocurrido a finales de agosto de 2026, forzó la evacuación de comunidades enteras ante el riesgo de ruptura de un lago natural de contención.
En este contexto, el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) advirtió sobre la presencia de 528 lagunas con riesgo de desborde en el Perú. De este total, 58 lagunas glaciares presentan un nivel considerado de muy alto peligro, según declaraciones recogidas por TV Perú Noticias. El especialista de la entidad, Hilbert Villafane, precisó que la mayor concentración de estas lagunas se localiza en las regiones de Áncash y Cusco, con especial énfasis en la Cordillera Blanca, la cadena montañosa más extensa y emblemática del país.

Mecanismos de peligro y antecedentes históricos
Las autoridades peruanas, de acuerdo con TV Perú Noticias, han identificado dos principales mecanismos de generación de peligros asociados a los glaciares: las lagunas formadas por deshielo y los colapsos de masas de hielo y roca. El propio Villafane recordó los antecedentes históricos, como la tragedia de Yungay en 1970 y el evento registrado en Raura en 1962, ambos provocados por colapsos glaciares de gran magnitud.
Evaluaciones y monitoreo permanente
El INAIGEM desarrolló estudios de evaluación de peligros en zonas críticas. Entre ellos destacan los análisis en el nevado Huascarán, tanto en su pico sur como en la cumbre norte, donde se identificaron masas de roca y hielo susceptibles de desprenderse y poner en riesgo a poblaciones cercanas. “Se han identificado masas de roca y hielo con potencial caída y afectación básicamente a la población”, explicó Villafane en el reporte emitido por el medio estatal.

La vigilancia sobre las lagunas más vulnerables se realiza a través del Centro Nacional de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña, que mantiene observación continua sobre cuerpos de agua como Palcacocha en Áncash, Qaqarahanka en Huánuco y Upiscocha en Cusco. Estos sistemas de monitoreo buscan anticipar cambios repentinos en los niveles de agua y alertar a las autoridades locales para tomar medidas preventivas.
Vulnerabilidad y retos para las comunidades andinas
La experiencia asiática refuerza la preocupación de los expertos peruanos. En el caso del Tíbet y Nepal, el colapso glaciar se produjo a más de 5.200 metros de altitud. El material desprendido descendió violentamente, provocando el desbordamiento del río Bhote Koshi y la formación de un lago inestable que amenazó con liberar millones de metros cúbicos de agua. El saldo incluyó la destrucción de viviendas, infraestructuras y la interrupción de vías de comunicación vitales para las comunidades afectadas.

Las autoridades chinas, ordenaron la evacuación preventiva de varias localidades ante la inminencia del desborde de un megapresón glacial. El impacto registrado en Asia pone en evidencia la vulnerabilidad compartida por países andinos como Perú, donde el retroceso acelerado de los glaciares aumenta la exposición de las poblaciones a fenómenos similares.
La advertencia de INAIGEM resalta la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana y la gestión de riesgos en zonas altoandinas. El monitoreo permanente y la publicación de estudios especializados buscan reducir la exposición de las comunidades frente al incremento del deshielo y la inestabilidad de las lagunas glaciares.