
España ha cambiado la forma en la que genera crecimiento. Después de más de una década en la que la acumulación de capital, principalmente la ligada a la construcción, fuera el principal soporte de la economía, el país ha pasado a apoyarse más en la productividad y en el empleo. El cambio se produjo a partir de 2013 y ha permitido que España crezca más rápido que Alemania, Francia, Italia y Países Bajos, las cuatro economías europeas con las que compara su evolución el Banco de España en un reciente informe.
Pero la mejora tiene un límite: España sigue siendo mucho más pobre que ese grupo de países y el ritmo de convergencia es muy lento. En 2025, el PIB per cápita español equivalía al 82% del registrado de media por esas cuatro economías, frente al 79% en el año 2000. Incluso en un escenario positivo, podrían ser necesarias hasta tres décadas más para alcanzar a los países vecinos.
El ladrillo sostuvo el crecimiento antes de la crisis
Durante el período 2000-2013, el crecimiento español estuvo estrechamente ligado a la acumulación de capital físico, especialmente a la construcción. El Banco de España calcula que este sector explicó casi la mitad del aumento del capital por hora registrado en España durante esos años.
El problema es que acumular más capital no significa necesariamente utilizarlo de forma más eficiente. La productividad total de los factores (PTF), una medida que aproxima la eficiencia con la que una economía combina capital y trabajo para producir, cayó en España un 0,5% anual de media durante ese período. En las cuatro economías europeas utilizadas como referencia, en cambio, aumentó un 0,4%.

La diferencia ayuda a explicar las debilidades del modelo anterior: España podía crecer aumentando la inversión, el empleo y el capital, pero producía cada vez menos con los recursos con los que contaba. La crisis financiera y el estallido de la burbuja inmobiliaria pusieron fin a ese patrón. A partir de 2013, la relación comenzó a invertirse.
Desde 2013, España gana productividad y empleo
Entre 2013 y 2025, la productividad total de los factores creció en España un 0,4% anual de media, frente a menos del 0,1% en Alemania, Francia, Italia y Países Bajos. Al mismo tiempo, la recuperación del empleo se convirtió en uno de los principales motores del aumento del PIB per cápita. Esa combinación permitió que España registrara un crecimiento del PIB por habitante del 1,7% anual entre 2013 y 2025, casi el doble que el 0,9% observado de media en las cuatro economías de referencia.
El cambio también se aprecia en la brecha de productividad. La desventaja española respecto a esos países, que llegó a rondar el 12% en 2000, se había reducido hasta aproximadamente el 8% en 2025.
Los sectores de servicios explican parte del cambio
La mejora de la productividad tampoco se concentra en una única actividad. Aunque el desglose sectorial del informe llega hasta 2023, los datos muestran avances especialmente destacados en algunos servicios. Las telecomunicaciones son uno de los casos más claros. Entre 2013 y 2023, su productividad total de los factores aumentó un 1,58% anual en España. Las actividades financieras también presentan una evolución diferencial. Su productividad creció un 0,90% anual en España durante el conjunto del período 2000-2023, mientras que en las cuatro economías comparadas cayó un 0,16%.

El comercio mantuvo igualmente una evolución positiva y la hostelería consiguió darle la vuelta a su trayectoria. Después de registrar una caída de la productividad del 1,72% anual hasta 2013, este sector pasó a crecer un 0,34% anual entre 2013 y 2023, por encima del promedio de las economías de referencia.
Más importante que el comportamiento de cada sector es, sin embargo, cómo se están distribuyendo los recursos dentro de ellos. El informe encuentra indicios de una mejor asignación de capital y trabajo hacia las empresas más eficientes de cada rama de actividad. La mejora, por tanto, no se explica únicamente porque los trabajadores y las inversiones hayan pasado de la construcción a los servicios, sino también porque dentro de cada sector los recursos están llegando en mayor medida a las empresas capaces de utilizarlos mejor.
La construcción sigue siendo un problema
Paralelamente al cambio de modelo, la construcción continúa siendo uno de los principales lastres para la productividad española. Su productividad registró tasas negativas tanto antes como después de 2013 y su deterioro en la última década fue mayor que el observado en las cuatro economías europeas comparadas.
El Banco de España apunta a varios factores detrás de este comportamiento. Entre ellos están la escasez de trabajadores con formación especializada, el envejecimiento de la mano de obra y el elevado peso de las empresas pequeñas, que tienen una presencia especialmente importante en el sector.
Dos o tres décadas para cerrar la brecha
A pesar de la mejora en el ritmo de crecimiento, la distancia en renta con las economías de referencia sigue siendo significativa, principalmente porque los diferentes arrancan desde puntos de partida muy distintos. Desde 2000, España ha salvado parte de la brecha en el PIB per cápita, pero solo tres puntos porcentuales en un cuarto de siglo.
Esto significa que crecer más rápido que otros países durante unos años no es suficiente cuando la diferencia acumulada es tan elevada. Para que la convergencia sea significativa, España necesita mantener durante décadas un crecimiento de la productividad superior al de sus socios. La estimación del Banco de España apunta a que, incluso manteniendo una evolución favorable, España necesitaría aproximadamente entre 20 y 30 años para alcanzar la convergencia con las economías europeas de referencia.




