Las hojas amarillas son una de las señales más frecuentes de que una planta no está atravesando su mejor momento, pero no siempre significa que necesite más agua.

Especialistas en cuidado de plantas advierten que antes de regarla hay que observar otros factores, ya que el exceso de humedad, la falta de luz, las deficiencias de nutrientes, las plagas e incluso el proceso natural de envejecimiento pueden provocar el mismo cambio de color.

Por qué las hojas de las plantas se ponen amarillas

Paris Lalicata, especialista en plantas de The Sill, explicó que el amarillamiento puede aparecer tanto por exceso como por falta de agua. En el caso de algunas plantas de interior, el exceso de riego puede mantener las raíces demasiado húmedas y dificultar su capacidad para absorber oxígeno y nutrientes. Por eso, agregar más agua sin revisar primero la tierra puede empeorar el problema.

Por qué las hojas de las plantas se ponen amarillas. (Imagen ilustrativa generada con IA)
Por qué las hojas de las plantas se ponen amarillas. (Imagen ilustrativa generada con IA)

La especialista Lisa Eldred Steinkopf, conocida como The Houseplant Guru, también señala que las hojas amarillas pueden tener diferentes causas. En el caso del potus, por ejemplo, explica que el exceso de agua puede provocar problemas en las raíces y recomienda utilizar una maceta con buen drenaje y esperar a que la tierra se seque de forma parcial antes de volver a regar.

Qué otros problemas pueden provocar hojas amarillas

La Royal Horticultural Society (RHS) advierte que el amarillamiento puede aparecer por:

  • demasiada o muy poca agua;
  • falta de luz;
  • temperaturas bajas;
  • cambios bruscos de temperatura;
  • corrientes de aire;
  • deficiencias nutricionales.

Además, algunas hojas inferiores pueden ponerse amarillas y caer como parte normal del envejecimiento de la planta.

Cómo saber si realmente necesita agua

Antes de regar, los especialistas recomiendan revisar la humedad del sustrato. La RHS aconseja introducir un dedo unos centímetros en la tierra para comprobar si está seca y evitar establecer una frecuencia de riego fija para todas las plantas. Si el suelo continúa húmedo, agregar agua podría generar el efecto contrario al buscado.