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“Estoy convencido de que era inimputable”: habla el abogado que defendió a Barreda en el juicio por el cuádruple crimen

Más de tres décadas después , el nombre de Ricardo Barreda volvió a ocupar el centro de la conversación pública. El estreno de la película dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín , reavivó el recuerdo del cuádruple crimen que estremeció a La Plata el 15 de noviembre de 1992 . Pero

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“Estoy convencido de que era inimputable”: habla el abogado que defendió a Barreda en el juicio por el cuádruple crimen

Más de tres décadas después, el nombre de Ricardo Barreda volvió a ocupar el centro de la conversación pública. El estreno de la película dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín, reavivó el recuerdo del cuádruple crimen que estremeció a La Plata el 15 de noviembre de 1992.

Pero también abrió nuevamente una pregunta que atravesó el juicio: ¿qué pasó por la cabeza del odontólogo cuando levantó su escopeta y mató a su esposa, a su suegra y a sus dos hijas?. Para Flavio Gliemmo, uno de los abogados que integró su defensa, la respuesta no está tanto en el derecho como en la psiquiatría.

“Es una causa que debe ser más analizada por la psiquiatría o la psicología, que por lo jurídico”, sostuvo el letrado al recordar aquellos años, en diálogo con TN. Y fue todavía más contundente: “Es el día de hoy que sigo convencido de que es inimputable”.

La estrategia de la defensa

La estrategia de la defensa nunca consistió en negar que Barreda hubiera sido el autor de los cuatro asesinatos. El eje estuvo puesto en otra cuestión: determinar si, al momento de disparar, comprendía la criminalidad de sus actos.

En este sentido, Gliemmo recordó que, antes de aceptar la defensa, junto a sus colegas buscaron asesoramiento profesional. “Era un asunto muy cruel y más para esa época. Todos tenemos familia, por eso quisimos consultar bien el caso”, recordó.

Las respuestas de aquellos profesionales fueron determinantes para la estrategia defensiva. Según Gliemmo, los psiquiatras entendieron que el odontólogo había atravesado un “delirio reivindicativo”: Barreda estaba convencido de que su familia quería matarlo y, bajo esa idea, actuó primero.

Ellas o yo”. Esa fue, según el abogado, la lógica que había construido Barreda dentro de ese estado delirante.

VÍCTIMAS. La esposa, la suegra y las dos hijas del odontólogo.
VÍCTIMAS. La esposa, la suegra y las dos hijas del odontólogo.

Los especialistas consultados por la defensa en aquel momento también plantearon otra característica que, con el tiempo, resultaría particularmente inquietante: consideraban que aquello había sido un episodio excepcional.

“Los psiquiatras nos decían que lo que hizo Ricardo era único e irrepetible, y que nunca se iba a arrepentir”, recordó a este medio Gliemmo.

La defensa, sin embargo, quiso comprobarlo por sí misma. Antes del juicio, durante las audiencias y aún después de la condena, le preguntaban una y otra vez si sentía remordimiento, particularmente por haber asesinado a sus hijas.

La respuesta nunca llegó de la manera que esperaban.

A 30 años de la masacre, señalizaron la casa donde Barreda mató a su familia. (Foto: Télam).
A 30 años de la masacre, señalizaron la casa donde Barreda mató a su familia. (Foto: Télam).

“Él siempre daba argumentos circulares pero a la larga no estaba arrepentido, porque cuando terminaba la conversación, el fin era que lo volvería a hacer”, contó el letrado.

Para Gliemmo, esa ausencia de arrepentimiento no era una prueba de crueldad sino otra manifestación del cuadro psiquiátrico que, de acuerdo con su interpretación, había atravesado Barreda.

La defensa que perdió por mayoría

El planteo de inimputabilidad no logró imponerse en el juicio oral. Por mayoría el tribunal condenó a Barreda a reclusión perpetua. Pero hubo un voto en disidencia que consideró que el acusado era inimputable.

Gliemmo sostuvo que ese voto fue especialmente importante porque permitió sostener la posición de la defensa en las instancias que vinieron después.

El abogado también se encargó de aclarar una cuestión que suele generar confusión: considerar a Barreda inimputable no hubiera significado que recuperara inmediatamente la libertad.

“La inimputabilidad no significaba que Ricardo tuviera que estar libre, por la calle”, explicó. En ese escenario, sostuvo, “hubiese estado en un neuropsiquiátrico hasta que consideraran que estaba en condiciones de salir”.

“Es decir, no era que salía del penal e iba derecho a su casa. Iba a neuropsiquiátrico”, remarcó.

La suegra de Barreda, Elena Arreche, tendida en el pasillo después de los disparos (Prensa: Telefe)
La suegra de Barreda, Elena Arreche, tendida en el pasillo después de los disparos (Prensa: Telefe)

La escena que parecía un robo

El 15 de noviembre de 1992, Barreda llamó a la Policía desde su casa, en La Plata.

“Buenas noches. Llamo de la casa de la calle 48 N° 809. Recién llego y están todas muertas. Me parece que entraron ladrones”, dijo.

La escena había sido preparada por él mismo para instalar la hipótesis de un robo. Los dormitorios estaban revueltos, había cajones abiertos, ropa tirada, colchones dados vuelta y una silla rota.

Pero había detalles que no encajaban.

En uno de los cajones, por ejemplo, quedó a la vista un fajo de billetes que los supuestos ladrones no habían tomado. Y el dormitorio de Barreda, ubicado en la planta alta, era el único que estaba impecable y con la puerta cerrada.

Durante 10 días, el odontólogo sostuvo el papel de víctima. Iba a la comisaría para preguntar por los avances de la investigación y hasta se acercaba a rezar a una parroquia ubicada a media cuadra.

Pero con el correr de las horas, la coartada comenzó a desmoronarse hasta que finalmente Barreda confesó.

En agosto de 1995, casi tres años después del crimen, fue condenado a reclusión perpetua.

El rol de “Pirucha” y la idea de la magia negra

La figura de María de las Mercedes Guastavino, más conocida como “Pirucha”, también quedó ligada para siempre a la historia de Barreda.

Era vidente o clarividente y mantenía una relación cercana con el odontólogo. Según surgió de su propia declaración en ese momento, ella le había hablado de supuestos trabajos de magia negra y de la idea de que su familia quería dañarlo.

En relación al rol que tuvo este personaje en la historia, Gliemmo relativizó su influencia. “‘Pirucha’ no tuvo incidencia en lo que pasó”, aseguró el abogado a TN.

Y fue crítico con Barreda por haber tenido una relación tan estrecha con ella: “Que un tipo como él, odontólogo, prestigioso en la ciudad, tenga entre sus amistades a esa vidente habla mal de él”. Sin embargo, desde su perspectiva, esa relación también formaba parte del mismo universo delirante.

“A mi modo de ver, era parte de este delirio que él tenía”, reafirmó.

La Justicia nunca determinó que Guastavino hubiera ordenado o instigado los asesinatos ni la condenó como partícipe del crimen.

"Barreda está endemoniado", aseguró "Pirucha" en una nota con TN. (Foto: captura video).

“Él veía todo mal”

Gliemmo sostiene que aquel supuesto delirio no se limitaba al momento del crimen. Según su relato, también aparecía en situaciones cotidianas y en la forma en que Barreda interpretaba los gestos de quienes lo rodeaban.

“Parte de ese delirio lo llevaba a ver todo mal”, explicó. Como ejemplo, recordó una conversación sobre una internación médica. Barreda decía que su familia no había ido a verlo.

“Y cuando le repreguntábamos si ni siquiera habían estado en el hospital, decía que en realidad fueron, pero que habían ido a hacer sociales y no para verlo a él”, contó.

Lo mismo ocurría con su cumpleaños. “Decía primero que no le regalaban nada y después que sí le regalaban, pero cosas que sabían que no le gustaban”, sumó Gliemmo.

Para el abogado, esos episodios formaban parte del mismo cuadro psiquiátrico que terminó en masacre.

Leé también: “Yo creo que voy de cabeza al infierno”: los secretos que el femicida Ricardo Barreda se llevó a la tumba

“Ni asesino ni femicida”

Más de 30 años después, Gliemmo también cuestiona las categorías con las que se describe a Barreda.

“Como yo lo veo, asesino no es porque asesino es quien mata por precio o remuneración y no es el caso”, afirmó el abogado. Tampoco considera que deba ser definido como femicida bajo la interpretación que hace del episodio.

“No se trató de una cuestión de género, porque si este delirio lo hubiese hecho con cuatro hombres hubiera matado cuatro hombres, o cuatro niños, abuelos o lo que fuera”, sostuvo.

Y resaltó: “A mi modo de ver, tampoco tendría que tener ese condicionamiento”.

Ricardo Barreda, sentado en uno de los pasillos del hospital de Pacheco, donde se internó con una falsa identidad.
Ricardo Barreda, sentado en uno de los pasillos del hospital de Pacheco, donde se internó con una falsa identidad.

Su argumento apunta nuevamente al componente psiquiátrico que, según la defensa, fue el verdadero motor de la tragedia.

Una historia que no termina

Por el crimen que cometió el 15 de noviembre de 1992 fue condenado a reclusión perpetua. Recién salió de la cárcel en 2008, cuando fue beneficiado con prisión domiciliaria. En 2011 se le otorgó la libertad condicional, mientras que en 2016 quedó en libertad plena. Poco después, se internó con una identidad falsa en un hospital de General Pacheco, donde pasó 457 días.

En sus últimos años su salud se deterioró gravemente. Murió el 25 de mayo de 2020, a los 83 años, internado en un geriátrico de José C. Paz. Padecía demencia senil y deterioro cognitivo. Según quienes lo cuidaban, tenía momentos de lucidez y otros en los que no sabía siquiera quién era.

La cruz que fue colocada en la tumba de Barreda. (Foto: Télam).
La cruz que fue colocada en la tumba de Barreda. (Foto: Télam).

Su muerte cerró biológicamente la historia de Barreda pero, más de tres décadas después de aquella tarde de noviembre en La Plata, el caso sigue generando interés y debate, tanto en la Justicia como en la sociedad.

Para Gliemmo, la conclusión sigue siendo la misma que sostuvo desde el primer momento: Ricardo Barreda no era, a su entender, una persona que hubiera planificado racionalmente el asesinato de cuatro integrantes de su familia, sino un hombre atravesado por un delirio que los especialistas que consultaron definieron como “único e irrepetible”.

“Nosotros siempre lo vimos como una persona inimputable”, resumió.

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