
En el marco del Día Internacional de Acción contra la Migraña, que se conmemora este sábado 12 de septiembre, la enfermedad vuelve a poner en primer plano el impacto que puede tener sobre la vida cotidiana. Para quienes conviven con migraña crónica y no encuentran alivio pese a distintos medicamentos, una técnica mínimamente invasiva empieza a estudiarse como una posible alternativa.
La estrategia consiste en administrar lidocaína por catéter en una arteria que irriga las meninges. Aún no forma parte de los tratamientos estándar y necesita estudios más amplios, pero los primeros resultados despertaron interés entre especialistas.
La migraña puede ir mucho más allá de un dolor de cabeza intenso: sus crisis pueden incluir náuseas, sensibilidad a la luz y al sonido, alteraciones visuales y dificultades para sostener la rutina laboral, familiar o social. Cuando los episodios son frecuentes, el impacto acumulado puede modificar de manera marcada la calidad de vida.

En los últimos años, la neurología incorporó tratamientos preventivos de distinto tipo, entre ellos la toxina botulínica y los medicamentos que bloquean el CGRP, una sustancia vinculada con la transmisión del dolor migrañoso. Aun así, algunas personas mantienen muchos días de dolor al mes pese a recibir estas opciones bajo seguimiento médico.
Ese grupo incluye a personas con migraña crónica refractaria, es decir, pacientes que continúan con crisis frecuentes o discapacidad pese a haber probado tratamientos preventivos adecuados. El procedimiento no busca reemplazar los tratamientos farmacológicos ni se plantea como primera indicación. Su eventual lugar estaría reservado para pacientes cuidadosamente seleccionados, con síntomas persistentes y un recorrido previo por distintas terapias.
La técnica apunta a una arteria relacionada con las meninges
La propuesta parte de lo que los médicos llaman sistema trigeminovascular. Se trata de un circuito de comunicación entre el nervio trigémino, las meninges —las membranas que cubren el cerebro— y los vasos sanguíneos de esa zona. Ese circuito interviene en la aparición y el mantenimiento del dolor migrañoso.

El procedimiento se parece a otros estudios vasculares por catéter. El especialista introduce un tubo muy fino, por lo general a través de una arteria de la muñeca, y lo guía con imágenes hasta la arteria meníngea media, que lleva sangre a parte de las membranas que cubren el cerebro. Allí aplica una dosis localizada de lidocaína.
La lidocaína es un anestésico de uso habitual. En esta técnica no se aplica sobre la piel ni en un músculo: llega por el catéter hasta el vaso elegido. La intención es disminuir, al menos por un tiempo, las señales que sostienen el dolor.
El abordaje exige una sala de angiografía, equipamiento específico y un equipo entrenado en procedimientos neurointervencionistas. También requiere una evaluación clínica previa para confirmar el diagnóstico, revisar los tratamientos ya utilizados y descartar otras causas de cefalea.
Un estudio mostró alivio inicial, pero el efecto disminuyó con el tiempo
Una serie de casos publicada en la revista Journal of NeuroInterventional Surgery evaluó a 45 pacientes con cefalea refractaria. De ellos, 29, equivalentes al 64,4%, informaron alivio durante las primeras 24 horas. Al mes, 24 de los 42 pacientes que completaron ese control habían reducido en más de un 50% sus días mensuales de cefalea. En los seguimientos posteriores, ese porcentaje fue del 34% a los dos meses y del 20,6% a los tres.

Los resultados sugieren un posible beneficio, sobre todo durante el primer mes, pero no permiten asegurar que el efecto se mantenga ni que ocurra en todos los pacientes. La razón es que el trabajo revisó casos ya tratados y no comparó la técnica con otro tratamiento o con un grupo que no la hubiera recibido.
Además, la investigación incluyó personas con cefalea refractaria, una categoría que puede reunir cuadros clínicos diversos. Por eso, los resultados no deben trasladarse de forma automática a cualquier persona con migraña crónica.
No hubo complicaciones neurológicas en esa serie. Cuatro pacientes tuvieron molestias en el sitio de acceso arterial. Sin embargo, la ausencia de eventos graves en un grupo pequeño no elimina los riesgos inherentes a un procedimiento invasivo, como reacciones al contraste, sangrado, lesión vascular o complicaciones asociadas con la angiografía.
La selección del paciente será una de las claves
El posible beneficio parece depender de una selección estricta. La persona debe ser evaluada por especialistas en cefaleas y por neurorradiólogos intervencionistas, con el objetivo de determinar si los síntomas responden a migraña crónica, qué tratamientos preventivos ya se indicaron y si existen contraindicaciones para un procedimiento arterial.

El doctor Iván Lylyk, neurorradiólogo intervencionista de ENERI–Clínica La Sagrada Familia, explicó que la técnica se considera para “un grupo muy seleccionado de pacientes” que continúa limitado por la enfermedad tras probar varias alternativas terapéuticas.
“Estamos viendo cómo dos mundos de la medicina comienzan a encontrarse. La neurología nos permitió comprender cada vez mejor los mecanismos de la migraña y la neurorradiología intervencionista hoy nos permite llegar con enorme precisión hasta vasos de apenas milímetros vinculados con esos mecanismos”, agregó.
También advirtió: “No se trata de reemplazar los tratamientos actuales para la migraña. Estamos hablando de una alternativa para un grupo muy seleccionado de pacientes que continúa limitado por la enfermedad después de haber probado múltiples opciones terapéuticas”.
En la Ciudad de Buenos Aires, ENERI y Clínica La Sagrada Familia informaron que disponen de una evaluación especializada para analizar esta alternativa en personas con migraña crónica refractaria. Esa disponibilidad no modifica el carácter emergente de la estrategia: la indicación debe surgir de una consulta individual y no de la expectativa de una solución definitiva.

La pregunta central no es solo si el procedimiento baja el dolor de inmediato. También importa saber cuánto dura el efecto, cuántas veces podría repetirse sin aumentar riesgos, cuál es el perfil de pacientes que más se beneficia y cómo se compara con las terapias preventivas que ya se utilizan.
El tratamiento endovascular de la migraña refractaria será uno de los temas que formarán parte de la discusión sobre las nuevas fronteras de la medicina mínimamente invasiva durante SIMI 2026. El encuentro reunirá en Buenos Aires a especialistas nacionales e internacionales para analizar cómo técnicas y tecnologías desarrolladas para tratar enfermedades cerebrovasculares comienzan a expandirse hacia nuevas patologías.
Otros estudios investigan intervenciones más permanentes
La investigación también analiza opciones más permanentes. En 2025, un grupo de científicos publicó los resultados iniciales de 10 pacientes con migraña crónica refractaria. Después de responder a la lidocaína, recibieron un procedimiento para bloquear de forma controlada ambas arterias meníngeas medias. El estudio describió mejorías durante seis meses, aunque los propios autores advirtieron que se trató de un grupo reducido y que hacen falta investigaciones más grandes.

También hay ensayos en marcha para saber si una respuesta favorable a la lidocaína permite identificar a quienes podrían beneficiarse de una intervención posterior. Uno de ellos, denominado EMBRACE, evalúa en adultos con migraña refractaria el bloqueo de esas arterias mediante pequeños espirales y prevé un seguimiento de hasta 12 meses.
Por ahora, la información disponible invita a la cautela. La administración intraarterial de lidocaína en la arteria meníngea media ofrece una hipótesis terapéutica para pacientes con necesidades no resueltas, pero todavía debe demostrar su eficacia, seguridad y duración mediante estudios de mayor escala.
En ese proceso, el tratamiento de la migraña podría sumar una herramienta procedente de la medicina endovascular. Su adopción dependerá de resultados controlados y de la capacidad de definir con precisión qué pacientes pueden obtener un beneficio que justifique el procedimiento.



