
Un mensaje que advierte sobre el supuesto bloqueo de una cuenta, un enlace que exige actualizar datos de inmediato o una comunicación que parece provenir de una entidad conocida pueden convertirse en el punto de partida de una estafa. Mientras las plataformas financieras y los sistemas de pago refuerzan sus mecanismos de protección, los delincuentes también modifican sus estrategias para conseguir que el propio usuario entregue información o autorice una operación.
La magnitud del problema se refleja en las denuncias registradas por la Policía Nacional del Perú. Según el Sistema Informático de Denuncias Policiales (Sidpol), durante 2024 se reportaron 42.161 denuncias por delitos informáticos en el país, de las cuales 28.612 correspondieron a fraude informático. Esto representa aproximadamente el 68% del total.
El engaño se convierte en una vía para concretar el fraude
Para Ricardo Pacheco, CEO de Tupay, el avance de estas modalidades no significa necesariamente que las plataformas digitales sean actualmente más vulnerables. Las inversiones realizadas durante los últimos años en infraestructura, cifrado y mecanismos de protección han permitido elevar los estándares de seguridad, aunque las estrategias de los delincuentes también se han vuelto más sofisticadas. Estas declaraciones fueron brindadas en exclusiva a Infobae Perú.
“El desafío ya no está únicamente en proteger lo que ocurre detrás de una plataforma. La seguridad tiene que acompañar al usuario durante toda la experiencia de pago, especialmente frente a situaciones diseñadas para llevarlo a tomar una decisión bajo presión”, explica Pacheco.

Modalidades como el phishing, el smishing y la suplantación de identidad tienen un punto en común: no requieren necesariamente vulnerar los sistemas de una entidad para conseguir el objetivo. En lugar de ello, buscan generar confianza, temor o urgencia para que la persona comparta datos, acceda a un enlace, valide una transacción o realice una transferencia.
Las operaciones inusuales pueden activar controles adicionales
Esta evolución plantea un desafío para fintechs, entidades financieras y comercios. Aunque las herramientas de prevención, monitoreo y validación son cada vez más avanzadas, también necesitan identificar situaciones en las que una operación iniciada por el propio cliente pueda estar vinculada con un contexto de riesgo.
Una transferencia a un destinatario inusual, una operación que se aleja del comportamiento habitual del usuario o determinados cambios durante el proceso de pago pueden ser señales para establecer mecanismos adicionales de verificación antes de completar la transacción.
El objetivo es detectar aquellos casos en los que el usuario podría estar actuando bajo la influencia de un engaño, aun cuando sea él mismo quien haya iniciado o autorizado la operación.

¿Más controles pueden hacer más seguro un pago?
La reducción de pasos y la rapidez han sido características importantes de los servicios financieros digitales. Sin embargo, frente a las nuevas modalidades de fraude, introducir determinados controles en momentos específicos no necesariamente representa una experiencia negativa para el usuario.
“Una alerta clara sobre el destinatario, una verificación adicional o incluso una pausa antes de confirmar una operación pueden funcionar como una ‘fricción positiva’: pequeños momentos de control que fortalecen la seguridad cuando una transacción presenta características inusuales. No se trata de hacer más complejo el pago, sino de utilizar la tecnología para reconocer cuándo una operación requiere un nivel adicional de protección”, señala Pacheco.
El desafío para la industria consiste en mantener pagos rápidos y sencillos, sin eliminar los puntos de control que pueden resultar determinantes cuando una transacción presenta señales de riesgo. De esta manera, la seguridad puede integrarse al proceso sin convertir cada operación cotidiana en un procedimiento complejo.
Qué puede hacer el usuario para evitar una estafa
La prevención del fraude digital no depende únicamente de las herramientas implementadas por las empresas. Los usuarios también pueden reducir su exposición al desconfiar de mensajes que exigen actuar con urgencia, evitar enlaces provenientes de canales no verificados y revisar cuidadosamente los datos del destinatario antes de realizar una transferencia.

A esto se suma la importancia de prestar atención al contexto en el que se solicita una acción. Una comunicación inesperada que pide ingresar información, confirmar datos o efectuar un pago debería ser revisada antes de seguir las instrucciones recibidas.
Desde Tupay, Pacheco sostiene que empresas tecnológicas, entidades financieras y comercios también tienen el reto de detectar comportamientos atípicos y advertir sobre posibles riesgos antes de que una transacción sea irreversible.
A medida que aumentan los pagos digitales, la protección deberá considerar no solo la seguridad de las plataformas, sino también los momentos en que un usuario puede ser manipulado para autorizar una operación. El reto será combinar la comodidad de las transacciones digitales con mecanismos capaces de intervenir cuando existan señales de un posible engaño.




