En los invernaderos de Almería, la vida del agricultor está marcada por la incertidumbre y los vaivenes del mercado. Germán Fernández, productor de tercera generación en España, relató que en ocasiones debió trabajar hasta dos meses a pérdida antes de ver una mejora en los precios, una situación que, según él, es común en la zona.
A pesar de las dificultades, Fernández aseguró que dedicarse al campo puede ser rentable y que muchos jóvenes están regresando a la actividad agrícola. “Gente que estaba en la ciudad, hijos de agricultores con estudios universitarios, están volviendo para hacerse cargo de las explotaciones familiares porque sí existe esa rentabilidad”, explicó.
El desafío de empezar de cero y la importancia de la gestión
Fernández remarcó que los primeros años en el campo suelen ser duros: “Si empezás de cero, el primer y segundo año solo te alcanza para vivir y cubrir gastos. A veces hay que pedir un micropréstamo para arrancar, pero cuando aprendés a manejar todo, una hectárea te permite llevar una vida normal y hasta tomarte unas pequeñas vacaciones”.
El productor subrayó que el éxito o el fracaso de una campaña depende de factores externos como el clima o las plagas. “Podés tener dos campañas muy buenas y después una mala. Hay que tener sangre fría y guardar lo ganado para empezar la siguiente con más tranquilidad”, advirtió. También alertó sobre el riesgo de tomar malas decisiones tras una buena temporada: “Conozco gente que, después de una campaña excelente, alquiló dos fincas caras y la siguiente le fue mal. Levantarse de eso es muy complicado”.
La satisfacción del trabajo y el ciclo sin pausa en los invernaderos
Actualmente, los invernaderos de Almería funcionan casi sin interrupciones. “Antes se paraba en junio y se volvía a plantar en septiembre, pero ahora solo se descansa una semana o dos. Los invernaderos son como una fábrica y se produce todo el año”, contó Fernández.
Para el productor, la mayor recompensa es ver el resultado final: “La primera recolección es como una fiesta. Después de meses de trabajo, ver que hay producción da mucha alegría, sobre todo en años difíciles”. Aunque reconoció que los precios bajos pueden desanimar, aseguró que la conexión con las plantas y el orgullo por el trabajo realizado compensan los momentos duros.




