En Aguilar de Campos, un pequeño pueblo de España con apenas 258 habitantes, Gonzalo Martínez Asensio lleva adelante una vida marcada por el trabajo en el campo. A sus 49 años, este productor es dueño de 300 hectáreas de cultivos y una granja con 1.500 cabras, una rutina que lo obliga a jornadas de hasta 80 horas semanales y le deja solo 5 días de vacaciones al año.
Gonzalo se define como un apasionado de la agricultura y la ganadería. “Siempre quise dedicarme a esto. De chico ya soñaba con tractores y el campo”, recordó. Tras formarse como ingeniero técnico agrícola, decidió tomar las riendas de la explotación familiar, primero junto a su padre y luego en soledad, tras el fallecimiento de este.
Una vida dedicada al campo y a la familia
La historia de Gonzalo está ligada desde siempre a Aguilar de Campos. “Mi infancia fue feliz, tranquila, siempre jugando en el pueblo”, contó en diálogo con El Español. La tradición familiar lo marcó: su padre, Isidro, se dedicaba a la agricultura y al porcino, pero él apostó por el caprino cuando la situación del sector agrícola se complicó.
Hoy, Gonzalo es responsable tanto de la parte agrícola como ganadera de la explotación. Cultiva cereal, cebada, trigo, girasol y forrajes en tierras de Aguilar de Campos y La Mudarra. La producción agrícola la vende a una cooperativa local y a grandes empresas, mientras que los cabritos y la leche de sus cabras se comercializan a través de un distribuidor y una cooperativa, respectivamente.
Aunque cuenta con cuatro empleados que lo ayudan principalmente en la ganadería, él mismo se encarga casi por completo de la agricultura. “Trabajo muchas horas, solo descanso las tardes de los sábados y los domingos”, admite.
Ganancias ajustadas y gastos millonarios
El día a día en el campo está lejos de ser sencillo. Gonzalo reconoce que calcular las ganancias es complicado: “Hay meses mejores y otros peores”. En agricultura, apuesta por la siembra directa con maquinaria de segunda mano, pero advierte: “Hay que sacar más de 3.500 kilos por hectárea para empezar a ganar algo”.
En la ganadería, la situación es algo mejor, aunque el costo de personal y los impuestos son un desafío constante. “Los gastos anuales pueden llegar al medio millón de euros. Solo en averías, este año gasté 24.000 euros en una cosechadora”, detalla.
A pesar de los altos costos y de que los precios de insumos como abonos, fitosanitarios y gasóleo están “por las nubes”, Gonzalo asegura que puede vivir de su negocio. “No vivo mal, tengo ingresos y me va bien, pero creo que me debería ir mejor”, reflexiona.




