Había decidido no tener más perros, pero un viaje por la Ruta 3 le cambió la vida: “Ella me encontró a mí”
Eduardo Ramírez había decidido que no quería volver a tener otro perro . A sus 47 años, todavía recordaba lo difícil que había sido despedirse de sus dos animales que lo habían acompañado hasta que murieron de viejos. Quererlos también había significado atravesar sus ausencias y prefería no repetirl
Eduardo Ramírez había decidido que no quería volver a tener otroperro. A sus 47 años, todavía recordaba lo difícil que había sido despedirse de sus dos animales que lo habían acompañado hasta que murieron de viejos. Quererlos también había significado atravesar sus ausencias y prefería no repetirlo. Sin embargo, un viaje entre Río Grande y Ushuaia cambió sus planes.
Aquel día recorría la Ruta Nacional 3 junto a un amigo. Ramírez, que vive desde hace 20 años en Tierra del Fuego pero nació en la Ciudad de Buenos Aires, no tenía demasiado ánimo para manejar y le pidió a su compañero que tomara el volante. Desde el asiento del acompañante podía mirar algo más allá del asfalto. Entonces la vio.
Su amigo no había visto nada. Ramírez insistió: “Pegá la vuelta porque me parece que hay un perro”. No se había equivocado. En un sector prácticamente desierto de la ruta estaba Lola. Él sacó el teléfono y comenzó a grabar.
Su primera intención fue publicar las imágenes en Facebook para intentar localizar a su familia. Si bien todo indicaba que podía haber sido abandonada, no descartaba que se hubiera perdido o incluso que alguien la hubiera llevado hasta allí sin que sus dueños lo supieran.
Lola fue encontrada sola al costado de la Ruta 3, camino a Ushuaia. (Foto: gentileza Eduardo Ramírez).
Ramírez decidió subirla al vehículo y hacerse cargo de ella mientras averiguaba qué había pasado. En Tierra del Fuego existen normas de tenencia responsable y muchos perros cuentan con un microchip que permite identificar a sus propietarios.
Cuando llevó a Lola a Zoonosis, descubrió que estaba registrada. No podían proporcionarle los datos de sus dueños por confidencialidad, pero debía esperar el plazo establecido para que fueran a reclamarla. Nadie apareció.
Mientras tanto, la publicación que Ramírez había hecho en Facebook comenzó a circular con fuerza en Tierra del Fuego. Quienes se presentaron como sus dueños anteriores se comunicaron. Él prefiere no entrar en detalles ni exponerlos.
“No soy quien para juzgar a nadie. Hice mi parte: vi al animal, lo rescaté dentro de mis posibilidades y asumí esa responsabilidad”, explicó a TN.
La conversación terminó con Lola quedándose definitivamente con él. Era exactamente lo contrario de lo que Ramírez había planeado para su vida después de perder a sus otros perros.
La adaptación fue rápida. Tiene una hija de siete años y Lola se convirtió también en su compañera. En Río Grande dispone de un patio donde juega y pasa buena parte del tiempo dentro de la casa. Pero hay otro lugar que disfruta especialmente.
La familia tiene la posibilidad de viajar a una casa de campo, rodeada de árboles, donde Lola corre, juega y se ensucia lo suficiente como para necesitar visitas frecuentes para bañarse y cortarse el pelo.
“Crece y está muy feliz. Yo también, porque, si lo llevamos a la parte poética, siempre dije que yo no la encontré a ella: ella me encontró a mí”, contó.
Es la única mascota de la familia. A pesar de que alguna vez pensó en sumar otro animal, decidió no hacerlo por ahora. Para él, adoptar también significa entender hasta dónde puede hacerse cargo:“Prefiero tener una y cuidarla”.
Más de dos años después del rescate, Lola vive junto a Eduardo Ramírez en Río Grande. (Foto: gentileza Eduardo Ramírez).
Lola recibe controles veterinarios y ya estaba castrada cuando fue encontrada, algo que Ramírez considera fundamental frente a la cantidad de perros que esperan una familia.
El rescate también le hizo recordar una parte de su propia infancia. De chico acostumbraba llevar animales encontrados a su casa pese a las protestas de sus padres. Décadas después, aquella reacción volvió en medio de una ruta fueguina.
“Ese día me di cuenta de que mi niño interno estaba intacto. Volví a ser ese chico de ocho años nuevamente”, recordó.
Después de que su historia se conociera, recibió ofrecimientos de alimento, asistencia veterinaria y otras donaciones. Él agradeció cada gesto, pero pidió que esa ayuda fuera destinada a organizaciones que rescatan animales y realmente la necesitan.
Mientras Lola duerme bajo techo y tiene una familia, Ramírez sabe que quedan muchos perros esperando otra oportunidad.“Hay muchas otras Lolas al costado del camino. Esto puede servir para que quien quiera, pueda y esté dentro de sus posibilidades, adopte. En lo posible, que no compre”, sostuvo.
“Si pudieran verla y saber cómo es Lola: es tan amorosa, cariñosa, da tanto amor. No puedo comprender de qué forma la dejaron en la ruta y se fueron”, indicó el hombre a TN.
Ramírez había tomado aquella Ruta 3 convencido de que nunca más tendría un perro. Más de dos años después, Lola sigue a su lado. Aquella decisión que parecía definitiva quedó atrás apenas pidió cinco palabras: “Pegá la vuelta, hay una perrita”.