Hace 25 años, el Audi A2 fue un coche genial y un fracaso comercial. Audi lo acaba de resucitar recuperando lo mejor de su pasado

Años 2000, el siglo XXI acaba de comenzar y la industria del automóvil vive una batalla particular: ¿quién puede ofrecer el coche que menos consume del mercado? Explicaban aquellos días en Autopista que la batalla estaba servida a base de coches pequeños, muy ligeros y con motorizaciones diésel. El mejor ejemplo de lo que la industria podía conseguir estaba en los menos de 30 litros que gastó un Renault Twingo en todo un Madrid-Barcelona.

La fiebre diésel crecería en la primera década del siglo XXI y se asentaría por completo en la siguiente. El Grupo Volkswagen pasó del sueño a la pesadilla, con algunos de los coches que menos consumían del mercado, con las victorias de Audi en Le Mans y con el archiconocido como Dieselgate ya en 2015. 

De aquella carrera surgieron coches como el Audi A2. La compañía germana presentó en 1999 un pequeño monovolumen que empezaría su andadura comercial el año siguiente pero que apenas se mantuvo cinco años en el mercado. El coche era un precioso ejemplo de ingeniería alemana. 

El consumo homologado era inferior a tres litros cada 100 kilómetros, el coeficiente aerodinámico era de un espectacular 0,25 Cx (ahora muchos eléctricos mejoran esta cifra al carecer de motor de combustión en el frontal) y su chasis de aluminio redundaba en un coche muy ligero que dinámicamente sorprendía. Era un producto perfecto para utilizar en una ciudad en el día a día y perfecto por el enorme espacio interior para las escapadas familiares. Con ese consumo ridículo, el coche tenía un montón de buenos alicientes.

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