Hemos encontrado un fenómeno cósmico que desafía las leyes conocidas de la física estelar. Todo empieza con una estrella muerta

Aunque tendemos a pensar en el espacio como un lugar inmenso donde reina la paz, en realidad está plagado de procesos violentísimos: explosiones, vientos cargados de partículas iónicas, cuerpos celestes robándose materia los unos a los otros… La mayoría siguen una serie de normas bien conocidas. Sin embargo, de vez en cuando nos encontramos con alguno que nos sorprende. Es justamente lo que acaba de ocurrir con la inesperada onda de choque lanzada desde una estrella muerta situada a 730 años luz de nosotros.

El arco que no debería estar allí. Todo empezó en España, en el Telescopio Isaac Newton, ubicado en la Palma, con el que se detectó una estructura inusual. Se trataba de una onda de choque de proa, procedente de la enana blanca RXJ0528+2838. Estas perturbaciones tienen forma de arco y una apariencia similar a la de las ondas que se generan en el agua en frente de un barco. Normalmente se forman cuando una gran cantidad de material sale disparado de una estrella e impacta con el medio circundante. 

Dicho material puede tener tres orígenes: los vientos estelares de la estrella compañera, una explosión termonuclear en la superficie de la propia enana blanca o un disco de acreción, que se forma alrededor de la enana blanca, cuando esta le roba material a su estrella compañera. La firma energética de la onda no cuadra con una explosión termonuclear. Su intensidad tampoco concuerda con el viento estelar. Solo nos quedaría la opción del disco acreción. Pero no se ha detectado ni rastro de dicho disco. 

Otro telescopio entra en escena. El hallazgo realizado con el telescopio Isaac Newton fue tan impactante que sus descubridores quisieron mirarlo más de cerca con el Very Large Telescope (VLT), situado en el desierto de Atacama. Esto permitió observar con más precisión el fenómeno, aunque ni así se ha logrado resolver el misterio. 

Hemos tenido que observar 4.000 supernovas para darnos cuenta de que algo no cuadra con las explosiones de las enanas blancas
Hemos tenido que observar 4.000 supernovas para darnos cuenta de que algo no cuadra con las explosiones de las enanas blancas