James Heckman, premio Nobel de Economía 2000, visitó la Argentina, donde recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Cema (Ucema) y participó en el evento “Vientos de Cambio”, del que también fueron parte el presidente Javier Milei y los ministros de Economía, Luis Caputo, y de Desregulación, Federico Sturzenegger.

La Ucema distinguió a Heckman como figura emblemática de la tradición de Chicago, que integra teoría, evidencia y diseño de políticas. Fundador y director del Center for the Economics of Human Development y cofundador de la Harris School of Public Policy, figura en tercer lugar del ranking mundial agregado de economistas de RePEc/IDEAS (2026) y es el segundo del mundo por número de citas.

Sus dos grandes aportes fueron la llamada “corrección de Heckman”, para eliminar el sesgo de autoselección que aparece cuando quienes participan de un programa son, desde el inicio, distintos de quienes no lo hacen, y la demostración de que la inversión en primera infancia —hasta los cinco años— genera los mayores retornos económicos, pues la estimulación cognitiva y socioemocional en entornos vulnerables reduce la desigualdad y el crimen y mejora la salud y la productividad a largo plazo. El mensaje básico es que igualar oportunidades desde el arranque es mejor y menos costoso que cualquier política redistributiva posterior.

Antes de partir de regreso a Chicago, Heckman recibió a Infobae junto a la rectora de la Ucema, Carola Pessino, quien subrayó que el economista “merecía dos premios Nobel”, por sus contribuciones teóricas y empíricas.

— Usted ha estado en contacto con Argentina durante casi 30 años. En esta visita, ¿cómo evalúa la evolución de la economía y los programas económicos actuales? Y, en ese sentido, ¿qué percibió en el evento Winds of Change?

— Me gustó el evento. Mi impresión general fue de optimismo, esperanza y planes para cambiar las regulaciones y la estructura rígida de gobernanza que sofocó a la economía y su desarrollo.

“El optimismo es bueno, pero hubo menos detalles de los que me habría gustado ver. Fueron más declaraciones de principios generales que sobre políticas específicas”

El optimismo es bueno, pero hubo menos detalles de los que me habría gustado ver. Fueron más declaraciones de principios generales que sobre políticas específicas. No vi muchas propuestas prácticas.

— ¿A qué tipo de propuestas o detalles se refiere?

— A los programas de ayuda en primera infancia, por ejemplo. Y también cosas relacionadas con cómo se financiará la seguridad social, cuál será la forma en que se organizará. Parte de esto se discutió: cómo podríamos reformarla individualmente, en conversaciones privadas o semiprivadas que tuvimos con algunos ministros del gabinete. Propusimos formas de fortalecer la escuela intermedia y contar con una fuerza laboral más capacitada, pero con foco en habilidades más allá de la educación universitaria. Habilidades prácticas de servicios, certificados y cuestiones de ese tipo.

Las reformas y la teoría del segundo mejor

— En el evento, el presidente Milei respondió frontalmente a críticas a sus políticas. ¿Cómo deben balancearse las convicciones sobre cuál es una política correcta con los resultados económicos, políticos y sociales, que suelen tardar más tiempo y tener más matices?

— Hay algo en economía que se llama la teoría del segundo mejor, que trata sobre cómo se hace una reforma desde una situación distorsionada. Supongamos que tenemos algún tipo de impuesto, una política migratoria o alguna distorsión en alguna parte.

El instinto natural de muchos economistas es decir que deberíamos eliminar esas políticas que distorsionan. Eso es bueno. Pero si hay muchas distorsiones, no necesariamente eliminar una mejora la situación. Es posible que se necesite un paquete. Si elimino una distorsión y quedan muchas otras, puede que el resultado sea incluso peor. Si alivio la presión en un lado de la economía, puedo crear una presión mucho mayor en otro. Por eso hay que pensar en todo el sistema y cómo hacer las reformas. Las de la seguridad social, el mercado laboral y la salud deben ir juntas porque afectan el presupuesto.

— ¿Deben ir todas juntas o debería haber una secuencia?

— Puede haber una secuencia, pero también puede haber un paquete. Y la razón por la que podría ser un paquete es que las personas pagan por esos servicios. Si se cambia el precio de un servicio, pero se mantienen distorsionados los otros, se podría acentuar la distorsión en los demás sectores.

“Si aumenta la inversión debido al impuesto más bajo, lo que puede ocurrir es que el mayor volumen de inversión atraído inicialmente ejerza una presión muy fuerte sobre los sistemas restantes: el tipo de cambio y otras partes del sistema”

Imagine que hay múltiples distorsiones impositivas y se elimina una sobre la inversión. Ahora las personas pueden invertir y colocar capital en ese sistema. Pero, si aumenta la inversión debido al impuesto más bajo, lo que puede ocurrir es que el mayor volumen de inversión atraído inicialmente ejerza una presión muy fuerte sobre los sistemas restantes: el tipo de cambio y otras partes del sistema.

— Algunos economistas dicen que es lo que está ocurriendo ahora en la Argentina. También hay una tensión sobre incluidos y excluidos en la discusión pública acerca de la política económica.

— Exacto. Es un asunto enorme dentro de la coalición. Esto es cierto en muchos Estados de bienestar. Assar Lindbeck (economista sueco) y Dennis Snower (alemán) mostraron que muchas políticas favorecen al grupo que está dentro. Por ejemplo, los sindicatos protegen el statu quo de los trabajadores individuales. Pero, si los precios —salarios— suben y la demanda baja, minorías, mujeres y otros grupos quedan excluidos del sistema. Se crea un grupo de personas protegidas y otro de excluidas.

El presidente Javier Milei, durante su exposicion en el evento

— ¿Cómo se balancea sostener políticas basadas en convicciones, como las que tiene Milei, y los resultados económicos y políticos, que pueden condicionar el éxito o la viabilidad de esas políticas?

— Es una buena pregunta. Como respuesta, se podría decir: “Bueno, en el largo plazo estarán mejor”. Es lo que me preocupa que esté sucediendo. Las personas dicen: “Vamos a hacer todos estos recortes, vamos a cambiar la economía y tal vez los beneficios se cosechen dentro de cuatro años, después de las elecciones”. Muchas políticas públicas tienen retorno a largo plazo. Es un equilibrio muy delicado. Hay un problema similar en Estados Unidos. La Oficina de Administración y Presupuesto, la OMB, tiene un criterio según el cual los beneficios deben valorarse en un período máximo de siete años.

En este punto, Carola Pessino afirma que “en Argentina el Gobierno eliminó el déficit fiscal del 5% del PBI, la economía creció y se redujo la pobreza, en un “buen equilibrio”. En la mayoría de los países, señala, un recorte del 2% del PBI produce una gran recesión, que acá no hubo. Según Heckman, se trata de un equilibrio muy delicado.

El Gobierno eliminó el déficit fiscal del 5% del PBI, la economía creció y se redujo la pobreza, en un buen equilibrio (Pessino)

Heckman retoma la palabra.

— Se actúa con cierta ignorancia. No es una ignorancia deliberada, sino que no conocemos realmente todos los componentes de un sistema determinado. Por eso existe el riesgo de ir demasiado lejos en una dirección y no avanzar en otra. Creo que, hasta ahora, eso no ha ocurrido con estas reformas en Argentina, pero siempre se transita un camino peligroso.

Argentina construyó muchos ferrocarriles en el siglo XIX, pero los beneficios tardaron años en llegar porque se desarrollaron los pueblos y todo el país se adaptó a la disponibilidad de ese transporte. Pero lleva tiempo.

Lo mismo ocurre con la educación. El beneficio de educar a un niño llegará 20 o 30 años después. El público debe estar informado o debe conocer esas consecuencias, comprenderlas y, de buena fe, acompañar la idea de que esto llevará a un mayor progreso. Es el equilibrio intertemporal que debe lograrse, el hecho de que los beneficios llegarán más adelante. Los políticos tienen problemas con eso. También ocurre en mi país.

— ¿Habló con funcionarios del gobierno?

— Hablé con Milei, Luis Caputo y Jose Luis Daza, del Ministerio de Economía, y con Sandra Pettovello, de Capital Humano. Milei tiene una mente muy activa, encontré muy estimulante hablar con él. Está interesado en muchas ideas. Tiene mucho entusiasmo. Es muy ambicioso y tiene ideas básicamente buenas, pero no entramos en detalles, así que no puedo comentar específicamente sobre ningún plan en particular. Lo que sí puedo decir es que el clima general es bueno.

Sí entramos en algunos detalles con Caputo, Daza y también con Pettovello sobre formas de mejorar la capacitación de trabajadores semicualificados: personas que no van a la universidad, pero necesitan habilidades, como plomería, electricidad, reparación de computadoras y capacidades técnicas asociadas con las nuevas tecnologías.

“Tener una base sólida antes de entrar a la escuela era muy importante para alcanzar resultados en la escuela o recibir capacitación laboral después”

Por caso, la salud utiliza cada vez más tecnologías avanzadas y las personas podrían capacitarse en esas tecnologías en un período relativamente corto: tal vez en seis meses. Pronto saldrán nuevas máquinas de General Electric y de empresas alemanas de equipos eléctricos y electrónicos para la salud: máquinas de rayos X o de diagnóstico que requieren cierta capacitación. Mi percepción fue que en Argentina —y creo que ellos estuvieron de acuerdo— hay demasiado énfasis en la educación académica en comparación con este otro tipo de educación práctica, orientada a las habilidades, que podría promover capacidades, facilitar la adaptación y atraer a más empresas y trabajadores.

La inversión en los primeros años

— ¿Cómo llegó a la conclusión de que la ayuda más importante es la que se recibe entre el nacimiento y los cinco años de edad?

— Yo trabajé muchos años en la formación de habilidades, en programas de capacitación laboral y economía de la educación. A medida que trabajaba sobre estas cuestiones, comprendí que tener una base sólida antes de entrar a la escuela era muy importante para alcanzar resultados en la escuela o recibir capacitación laboral después.

— Usted enfatizó que el desarrollo durante la primera infancia es clave para lograr buenos resultados. Se entiende, por motivos como la nutrición y el desarrollo cognitivo, pero llama la atención porque básicamente excluye casi todos los años de formación escolar.

— El período del que hablamos llega, al menos según los conceptos de Estados Unidos, hasta algo así como el tercer grado. No es solo una cuestión de cero a cinco años. Hay mucho trabajo que sugiere flexibilidad en la formación. Hay un período, hacia los últimos años de la escuela primaria y los años previos a la escuela intermedia, en el cual el desarrollo de habilidades no se ralentiza, pero tampoco prospera con tanta rapidez. Luego hay otro en el cual vuelve a acelerarse, durante la adolescencia. Tiene que ver con fenómenos biológicos.

Las personas desarrollan entonces la corteza prefrontal, control y capacidad de decisión. Hacen cosas que, como contraparte biológica, surgen durante los años de la adolescencia. Los primeros años son muy importantes para sentar las bases, pero el aprendizaje es continuo. Siempre se aprenden nuevas habilidades. A medida que avanzamos en el ciclo de vida, estas se vuelven más sofisticadas y más profundas. Se construyen unas sobre otras, pero son distintas y tienen estructuras muy diferentes.

— El gobierno de Milei recortó algunos presupuestos sociales y educativos, pero aumentó en términos reales otros, como la Asignación Universal por Hijo (AUH), orientada a la primera infancia. ¿Sería el enfoque correcto? (Carola Pessino aclara que Heckman habla de trabajar con la familia, no de dar transferencias de dinero.

— Exacto. Cuando vemos el uso de transferencias en Estados Unidos, las estudiamos. Hay todo un movimiento que fue muy popular y todavía tiene seguidores a favor de una renta básica universal o algún apoyo para los niños en sus primeros años, mediante transferencias de efectivo. Pero esas medidas son mucho menos eficaces de lo que se pensaba.

Algunos estudios recientes lo han calculado, con seguimiento de largo plazo, y concluyeron que básicamente no hay beneficios de estos programas de transferencias en efectivo para promover las habilidades que importan en la vida.

“Los programas efectivos tienen mucho más que ver con la interacción directa con el niño. Y la forma en la que esa interacción se desarrolla suele ser con el padre o la madre y en entornos que generen apego”

Los programas efectivos tienen mucho más que ver con la interacción directa con el niño. Y la forma en la que esa interacción se desarrolla suele ser con el padre o la madre y en entornos que generen apego o permitan que el niño experimente, pruebe ideas, falle y así sucesivamente. Eso es más eficaz que las transferencias de efectivo.

El papel de los padres y cuidadores

— ¿Y quién hace eso?

— Los padres, cuidadores sustitutos o personas relacionadas. Muchos padres o potenciales padres no entienden realmente su propia importancia para ayudar a moldear las habilidades de los niños. La subestiman. Y no tienen una buena orientación sobre cómo interactuar con sus hijos para desarrollar esas habilidades. Por fortuna, se hicieron muchos estudios que muestran, en esencia, cómo se pueden producir esas habilidades de manera eficaz.

Si estimulamos esos primeros años al incorporar a los padres, porque los padres están con los niños durante toda su vida, o a los cuidadores, eso ofrece una nueva vía de acción. No se trata de una escuela a la que los niños asisten o se inscriben. Se trata, en esencia, de que los padres interactúen con los niños, los estimulen y quizás incluso trabajen con ellos en el aprendizaje escolar. Pero la interacción es lo central.

— ¿Qué ocurre si los padres son parte del problema o no pueden brindar esa asistencia?

— Hay dos etapas en eso. Nosotros trabajamos mucho en China, por ejemplo, con la Fundación para la Investigación del Desarrollo de China. Hay un joven profesor asociado de la Universidad de Hong Kong llamado Zhou Chen y un grupo de personas de la Fundación que trabajan en esto. Hemos analizado y aplicado este enfoque en el oeste de China, y luego en todo el país.

“En China muchas personas migran del oeste a la costa este, donde están las fábricas, y dejan a sus hijos atrás. Entonces las intervenciones tienen lugar con los cuidadores”

Lo menciono porque en China muchas personas migran del oeste a la costa este, donde están las fábricas, y dejan a sus hijos atrás. Entonces las intervenciones tienen lugar con los cuidadores. Con frecuencia son los abuelos, hermanos mayores u otros familiares. Aunque es menos probable que la madre se vaya, a veces sí se va. Entonces la intervención vuelve a realizarse con el cuidador, que con el tiempo será un familiar cercano o un amigo que cuide al niño.

Es una modalidad muy extendida. ¿Es igual de eficaz? La respuesta es no. Cuando se trabaja directamente con los padres, es mucho mejor, en parte porque los cuidadores de los niños tienen menos educación. Son mayores. Muchos son los abuelos del niño y son menos ágiles, menos activos, menos involucrados; por eso obtenemos efectos menores. Pero de todos modos se logran efectos.

El peor escenario sería que el niño estuviera en un orfanato o que no tuviera a nadie que lo apoyara. En algunas sociedades occidentales, eso es un problema mucho mayor. La idea de familias que abandonan a sus hijos es bastante poco frecuente. Pero en Estados Unidos y otros países, sin dudas, es mucho más común.