La escuela secundaria tiene entre sus responsabilidades la formación para el ejercicio de la ciudadanía. Sin embargo, esa tarea convive con urgencias que ocupan buena parte de la agenda educativa: mejorar la comprensión lectora y los aprendizajes en matemática, lograr que los estudiantes permanezcan en la escuela y conseguir que terminen sus estudios. En esa acumulación de necesidades, la educación democrática corre el riesgo de quedar postergada.
Juan Manuel Fernández, director ejecutivo de Asociación Conciencia, percibe esa tensión desde una organización que nació en 1982, durante la transición hacia la recuperación democrática, y que con el tiempo amplió sus áreas de intervención. Hoy trabaja sobre formación ciudadana, terminalidad educativa, ruralidad, educación técnica, empleabilidad y acompañamiento de jóvenes en contextos vulnerables. El recorrido de Conciencia permite seguir una transformación significativa: el ejercicio efectivo de la ciudadanía depende también de las posibilidades educativas, laborales y sociales disponibles para participar de la vida colectiva.
Esa relación atraviesa el nuevo episodio del podcast que desde hace varios meses lleva adelante la solución educativa Ticmas. La menor participación electoral juvenil implica menos experiencias que acerquen a los adolescentes a la vida pública; las dificultades para terminar la secundaria llevan a mirar las desigualdades de origen; la formación técnica y financiera conecta la escuela con las expectativas laborales. Detrás de esos asuntos aparece una misma pregunta: qué condiciones necesita un joven para imaginar que su educación puede tener consecuencias concretas en su futuro.
No sabe, no contesta
Un estudio de Conciencia junto con Pulsar, el observatorio de la UBA, indagó entre estudiantes de 16 y 17 años su relación con la política, la democracia y la participación. Según explicó Fernández, ante una pregunta sobre la preferencia por un sistema democrático, la adhesión entre los jóvenes resultó veinte puntos menor que en el conjunto de la sociedad. El dato podría sugerir una inclinación hacia posiciones autoritarias, pero el relevamiento muestra otro desplazamiento. “Lo que crece es el ‘No sabe, no contesta’. Ahí nosotros tenemos un desafío en términos de educación”, señaló.
La participación electoral muestra otra dimensión del problema. Conciencia encontró una relación entre la decisión de votar y experiencias familiares como haber acompañado previamente a los padres a una elección o conversar en casa sobre temas de actualidad. “Hay una responsabilidad colectiva como sociedad en ese tema”, sostuvo Fernández. La organización busca generar también experiencias de participación desde sus programas: el Modelo de Naciones Unidas reúne a unos 12.000 estudiantes secundarios y trabaja sobre la argumentación, el debate, la búsqueda de información y la exposición pública. En las evaluaciones realizadas con participantes y docentes, Fernández destacó cambios en la confianza para hablar en público, el interés por la política y la identificación de fuentes confiables.
Terminalidad en la secundaria
Los indicadores generales muestran una mejora en el acceso y la terminalidad de la escuela secundaria, pero las diferencias aparecen con claridad cuando los datos se separan por nivel socioeconómico. Fernández situó el promedio nacional de terminalidad alrededor del 80% y señaló que entre los sectores de menores ingresos desciende al 65%. Detrás de esa distancia intervienen las condiciones materiales y también las posibilidades de acompañamiento de cada familia. La propia transformación de Conciencia siguió ese problema: desde comienzos de siglo, la organización incorporó líneas dedicadas a la ruralidad, los contextos urbanos de extrema vulnerabilidad y los estudiantes que interrumpen sus trayectorias. “Ahí el componente de ingreso y el componente capital cultural de la familia juega un partido importante”, explicó.
Terminar la escuela modifica además las condiciones con las que los jóvenes llegan al mercado laboral. Fernández relacionó la falta del título secundario con trabajo precario o en negro, y destacó que los años adicionales de estudio también inciden sobre los ingresos futuros. “En algunos datos de empleo del INDEC es importante ver cómo aquellos que no lograron terminar la escuela secundaria tienen mayores niveles de informalidad laboral que aquellos que la lograron terminar”, señaló.
El trabajo de organizaciones dedicadas a la educación suele plantear una discusión sobre su relación con el Estado. En la experiencia que describe Fernández, ese vínculo se ha desplazado hacia esquemas de cooperación con gobiernos provinciales y locales. “Nosotros cada vez más articulamos con los gobiernos locales”, afirmó. Como ejemplo mencionó el modelo de acompañamiento a la terminalidad desarrollado por Conciencia en Neuquén, que combina tutorías, talleres grupales y una beca económica y que fue incorporado a las becas Gregorio Álvarez como parte de una política pública con financiamiento privado.
Aprender a administrar el dinero
Entre las demandas que Conciencia recibe con mayor frecuencia aparece la educación financiera. El crecimiento de las billeteras virtuales amplió el acceso de los jóvenes a instrumentos financieros, pero, dijo Fenández, “si ese crecimiento, cuando no viene acompañado de educación, puede ser un problema”. Se hace necesario acceder conocimientos para comprender decisiones sobre gastos, ahorro, tasas de interés y planificación.
El vínculo entre formación y trabajo también exige recorridos menos rígidos. Fernández describió experiencias en las que empresas necesitaban perfiles técnicos específicos y Conciencia articuló con instituciones educativas para diseñar capacitaciones de menor duración, como una formación de seis meses para auxiliares de electricidad. A la vez, el interés de una parte de los jóvenes por desarrollar emprendimientos incorpora conocimientos de costos, marketing digital y presentación de productos. “Hay una demanda de formaciones más flexibles en lo técnico, un tema que para mí va a estar en agenda y es necesario, que tiene que ver con preparar a los jóvenes para la vida emprendedora”, planteó.
Ciudadanía, terminalidad y empleo aparecen entonces como dimensiones conectadas. Participar de la vida democrática, sostener una trayectoria educativa y acceder a oportunidades de trabajo dependen de herramientas y experiencias que se construyen a lo largo del tiempo. Cuando esas posibilidades se distribuyen de manera desigual, la pregunta educativa alcanza también al modelo de desarrollo: quiénes podrán formar parte de los sectores que necesitan crecer y qué acompañamientos hacen falta para que puedan llegar hasta allí.



