Jugar durante media hora, ya sea con un videojuego o con piezas de construcción, produce efectos inmediatos y equivalentes sobre la atención de los niños en edad preescolar: mejora la capacidad de detectar estímulos de forma rápida, pero deteriora el control cognitivo necesario para ignorar distracciones. Esa es la conclusión central de una investigación conducida por científicos de la Universidad de Padua en Italia, publicada en la revista Computers in Human Behavior Reports.

El equipo liderado por Andrea Facoetti, junto a Sara Bertoni, Sandro Franceschini y Giovanna Puccio, trabajó con 48 niños de desarrollo típico, con una edad promedio de 5.4 años.

Cada participante fue evaluado en tres condiciones distintas: sin actividad previa, tras 30 minutos con el videojuego Mario Kart 8 Deluxe, considerado apropiado para la edad, y tras 30 minutos con un juego de construcción tradicional. Al concluir cada sesión, los niños completaron pruebas de atención, procesamiento de sonidos del habla, percepción visual y coordinación motora.

La investigación publicada en Computers in Human Behavior Reports analizó a 48 niños de desarrollo típico con una edad promedio de 5,4 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados revelaron que ambos tipos de juego generaron patrones de respuesta prácticamente idénticos. Tras las sesiones lúdicas, los niños mejoraron en tareas que requerían detectar estímulos relevantes con rapidez, mientras que su desempeño se redujo cuando las pruebas exigían ignorar distracciones visuales. Además, el proceso de deterioro se volvió más notable y pronunciado a medida que la complejidad de las tareas iba en aumento.

Qué explica el efecto sobre la atención

Para los investigadores, el factor determinante no fue la naturaleza digital o analógica de la actividad, sino el grado de compromiso psicológico y activación atencional que cada juego genera. Las actividades breves con alta carga emocional parecen potenciar los procesos atencionales más automáticos, a costa de las funciones de regulación y control que demandan mayor esfuerzo cognitivo.

Este hallazgo cobra relevancia en la primera infancia, dado que los mecanismos cerebrales encargados de la atención, el autocontrol y la gestión de distracciones se encuentran aún en pleno desarrollo durante los años preescolares, lo que hace a los niños más susceptibles a modificaciones transitorias de esas funciones que a edades más avanzadas.

Estudios previos con escolares, adolescentes y adultos jóvenes habían arrojado efectos positivos o neutros del videojuego, sin consecuencias negativas consistentes.

Qué implican los resultados para la educación inicial

Las pruebas posteriores al juego midieron atención, procesamiento de sonidos del habla, percepción visual y coordinación motora en la edad preescolar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si se observa la situación desde el punto de vista educativo, los autores resaltan que el período que viene inmediatamente después de una actividad lúdica particularmente intensa podría no ser el momento más conveniente para sugerir o introducir ejercicios que requieran un nivel sostenido de concentración, así como tampoco sería el más propicio para solicitar tareas que exijan autocontrol o una resistencia marcada ante posibles distracciones.

Por el contrario, ese mismo período de tiempo podría utilizarse para participar en actividades que requieran o se beneficien especialmente de respuestas rápidas del individuo, el desarrollo de una exploración activa y dinámica del entorno o la detección ágil y oportuna de información que sea relevante.

Los investigadores señalaron también que sus hallazgos no implican que el juego sea perjudicial para el desarrollo infantil. El estudio midió efectos transitorios, circunscritos al período inmediatamente posterior a la sesión, y no consecuencias a largo plazo.

De este modo, el trabajo introduce el inicio de una nueva serie de interrogantes acerca de la manera en que la planificación de las rutinas dentro de los jardines de infantes y en otros entornos de crianza infantil podría considerar el estado de atención en el que se encuentran los niños, teniendo en cuenta las actividades anteriores que cada menor haya llevado a cabo antes de abordar una nueva tarea.

Los autores señalaron que estos efectos transitorios pueden influir en la educación inicial y en la planificación de tareas que exigen concentración y autocontrol tras el juego (Imagen ilustrativa Infobae)

“Comprender esta modulación multisensorial y sensoriomotora a corto plazo es fundamental para orientar la integración del juego digital en los entornos de aprendizaje de la primera infancia”, destacaron los autores del estudio.