Para muchos futbolistas, llegar a Primera y jugar en distintos países representa la posibilidad de cambiar para siempre su vida y alejarse del lugar donde crecieron. Hernán “Sapito” Encina eligió otro camino. Después de haber cumplido el sueño de ser profesional, levantar títulos y recorrer diferentes clubes, volvió una y otra vez al barrio que lo vio nacer.

Hoy, a los 43 años, su realidad está lejos de los grandes estadios. Encina trabaja de albañil junto a su papá, una profesión que aprendió desde chico y que lleva adelante con absoluta naturalidad. También juega al fútbol con sus amigos en torneos de veteranos y continúa ligado a los chicos de Las Flores.

Hoy estoy con mi viejo trabajando de albañil. No se me van a caer los brazos por decirlo, no tengo vergüenza”, contó el exmediocampista de Rosario Central en diálogo con La Capital.

Quiso dejar el fútbol, pero Miguel Russo le dio una nueva oportunidad. (Foto: EFE)
Quiso dejar el fútbol, pero Miguel Russo le dio una nueva oportunidad. (Foto: EFE)

Quiso dejar el fútbol, pero Miguel Russo le dio una nueva oportunidad y Omar Palma fue clave: la historia del “Sapito” Encina

El presente del “Sapito” contrasta con una carrera en la que consiguió jugar en Primera, disputar clásicos rosarinos y emigrar al exterior. Surgido de Central, tuvo que atravesar momentos difíciles antes de consolidarse. Incluso llegó a pensar en abandonar el fútbol cuando quedó relegado y tuvo que volver a jugar en la liga local.

La aparición de Miguel Russo resultó determinante. El entrenador le dio la oportunidad de regresar al plantel profesional y Encina aprovechó esa segunda oportunidad para continuar una carrera que finalmente se extendió durante varios años.

También fue fundamental Omar Palma, a quien Encina recordó casi como un integrante más de su familia. “Omar fue para mí un padre, tanto adentro como afuera de la cancha”, explicó sobre el histórico jugador de Central.

Los clásicos que nunca olvidó

Encina quedó marcado para siempre por sus actuaciones en los clásicos rosarinos. En 2001, apenas en su segundo partido en Primera, fue titular ante Newell’s en el Coloso Marcelo Bielsa y convirtió el 1-0 parcial para el Canalla en un partido que terminó 1-1.

Más de una década después volvió a ser protagonista en otro clásico. Esta vez fue en el Gigante de Arroyito, donde marcó el 2-1 definitivo para Central en 2013.

Su recorrido también incluyó pasos por otros clubes argentinos y experiencias en el exterior, entre ellas México y Ecuador. En ese camino compartió vestuario y cancha con diferentes generaciones de futbolistas, entre ellos Paulo Dybala, durante su etapa en Instituto.

Pero pese a las oportunidades que le ofreció el fútbol, nunca quiso desprenderse de su barrio.

Siempre extrañé mi lugar”, reconoció Encina, que continúa viviendo en Las Flores y mantiene una relación cercana con sus amigos de toda la vida. Allí también juega junto a otro futbolista surgido de la zona, el “Chelito” Delgado, y uno de los hijos de Palma.

Su recorrido también incluyó pasos por otros clubes argentinos y experiencias en el exterior, entre ellas México y Ecuador. (Foto: DYN)
Su recorrido también incluyó pasos por otros clubes argentinos y experiencias en el exterior, entre ellas México y Ecuador. (Foto: DYN)

Del fútbol profesional al trabajo con su papá

La historia de Encina también sirve para mostrar una realidad que suele quedar escondida detrás de los grandes contratos y las luces del fútbol profesional. Haber llegado a Primera no significa necesariamente quedar económicamente resuelto para toda la vida.

El exjugador contó que confió en sus representantes y que pudo invertir parte del dinero que consiguió durante su carrera. “Uno tiene lo que tiene gracias al fútbol”, explicó.

Sin embargo, hoy volvió a una actividad que conoce desde siempre: la albañilería.

La decisión no representa para él ningún motivo de vergüenza. Al contrario, la relaciona con las enseñanzas que recibió de su padre y con los valores que incorporó en Las Flores. “No se me van a caer los brazos por decirlo”, insistió.

Además de trabajar, Encina encontró otra manera de mantenerse cerca del fútbol. Durante varios años entrenó a chicos del barrio y organizó actividades para alejarlos de la calle. Incluso llegó a tener alrededor de 150 chicos vinculados a esos proyectos. “Tratamos de sacar a los pibes de la calle”, explicó.

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El "Sapito" con la camiseta de Instituto ante River en el Monumental. (Foto: AFP)

“Hoy soy uno más del barrio”

Lejos de renegar de su pasado, Encina disfruta de su presente. Después de haber viajado, jugar en diferentes países y vivir situaciones que alguna vez parecían imposibles para aquel chico de Las Flores, eligió quedarse cerca de los suyos.

Tengo muchos amigos de Newell’s y de Central. Hasta el día de hoy supieron respetar mi profesión”, contó.

Cuando termina de trabajar, aparece otra vez el fútbol. Los partidos entre amigos, las charlas y algún permitido después del encuentro forman parte de una rutina que disfruta especialmente. “Todo esto es lo más lindo, la amistad”, resumió.