
La presidenta, Keiko Fujimori, anunció como eje central de su gestión el objetivo de reducir a la mitad la anemia infantil y transformar los programas sociales para crear un sistema de protección integral enfocado en la infancia, la adolescencia y las familias. El anuncio responde a una situación social que la propia presidenta describió como crítica, en un contexto donde cerca del 35% de los niños entre seis y 35 meses sufre anemia y tres de cada diez peruanos carecen de certeza sobre su acceso a alimentos suficientes. El relanzamiento del programa nacional de asistencia alimentaria y la intervención en zonas rurales, la Amazonía y comunidades indígenas forman parte de las medidas planteadas.
Elena Cruz, decana del Colegio de Nutricionistas, explicó que el indicador de anemia infantil se mantiene desde hace años en el umbral más alto de gravedad. Aunque el país dejó atrás en 2011 cifras superiores al 50%, la tasa se estancó entre 40% y 43%. Según Cruz, la meta oficial parte de un escenario donde la anemia afecta a más de un tercio de la primera infancia.

La secuela de la anemia en la infancia es permanente
La especialista advirtió que la anemia en los primeros 1.000 días de vida, desde la gestación hasta los dos años, causa un desarrollo cognitivo inadecuado con secuelas irreversibles. Destacó que, aun cuando los niños sean recuperados más tarde, la diferencia en el coeficiente intelectual respecto de quienes no padecieron anemia se sitúa en seis puntos. “La secuela es para siempre, para siempre, para siempre”, enfatizó Cruz. Esta brecha, añadió, limita la productividad futura del individuo frente al potencial que habría tenido sin carencias nutricionales en esa etapa.
Cruz relacionó los problemas de nutrición con los resultados educativos. Señaló que el 40% de los niños no entiende matemática y que el 50% no comprende lo que lee, atribuyendo parte de este resultado a los déficits sufridos en la primera infancia. Explicó que, durante los dos primeros años de vida, se forman 700 conexiones nerviosas por segundo cuando la nutrición es adecuada y que, tras ese período, solo queda un 15% del cerebro pendiente de desarrollo.

Nutrición: más allá del hierro, el desafío de la proteína y otros nutrientes
La decana del Colegio de Nutricionistas definió la inseguridad alimentaria como la falta de alimentos suficientes en la canasta básica familiar, un fenómeno que afecta a aproximadamente el 40% de la población. Planteó que la anemia no se resuelve solo con hierro y criticó el enfoque estatal por no incorporar otros nutrientes esenciales. La formación de sangre, subrayó, requiere vitamina B12, vitamina A, zinc y, sobre todo, proteínas. “Si yo le doy hierro y no le doy el transportador, ¿cómo esperan?”, afirmó Cruz al referirse a la importancia de incluir carne, pescado, pollo y menestras en la dieta infantil.
La proteína cumple una función doble, ya que incide tanto sobre la anemia como sobre la desnutrición crónica y el desarrollo de conexiones nerviosas. Cruz remarcó que un niño con sobrepeso puede seguir desnutrido si su alimentación se basa en carbohidratos y carece del componente proteico necesario para el desarrollo muscular y cerebral. También destacó que el déficit de talla infantil suele estar vinculado más a la falta de alimentos de origen animal que a la ausencia de productos de consumo frecuente.

Los programas existentes y sus limitaciones
En relación a la respuesta estatal, Cruz respaldó la permanencia de los programas de alimentación escolar en un país marcado por la inseguridad alimentaria, pero advirtió sobre la necesidad de evitar la repetición de esquemas que, a su juicio, no dieron resultados. Recordó la desaparición del antiguo Pronaa, seguido por Qali Warma y luego Wasi Mikuna, aunque los cambios de nombre no resolvieron los problemas de fondo.
El sistema, según Cruz, moviliza unos 25 millones de soles cada año, lo cual lo expone a prácticas de clientelismo político e irregularidades. A pesar de ello, retirarlo no es una opción mientras persista el problema alimentario. Sobre la cobertura actual, precisó que el programa financia principalmente desayunos y, en menor medida, almuerzos, concentrados en zonas de pobreza extrema. En áreas rurales y alejadas, algunas escuelas también reciben desayunos y cenas por la magnitud de la necesidad.

Críticas a la calidad y aceptación de los alimentos escolares
Cruz cuestionó la aceptación y la calidad de los productos distribuidos. Sostuvo que en muchos casos los directores están obligados a recibir alimentos que no fueron consultados con las comunidades educativas y que terminan desechados, mientras otras escuelas siguen esperando cupos. La crítica más directa se centró en el contenido nutricional. Algunos productos entregados tienen un alto contenido de azúcar, como los néctares en caja, catalogados por la especialista como “bombas de azúcar” en vez de priorizar desayunos con proteínas y lácteos de calidad.
El Colegio de Nutricionistas solicitó por escrito al programa escolar que, si no hay suficiente oferta nacional para sostener la estructura, se habiliten compras internacionales antes que reemplazar alimentos de mejor perfil por opciones azucaradas. Existen alrededor de 69.000 escuelas, pero no todas requieren el mismo tipo de cobertura. Por eso, Cruz propuso una auditoría para determinar dónde hace falta el servicio y dónde ya no.

El desafío de la cobertura universal y el control de calidad
La reorganización de los programas sociales, en palabras de Fujimori, buscará crear un sistema de protección integral con cobertura universal. La mandataria anunció una intervención especial en zonas rurales, la Amazonía y comunidades indígenas. El relanzamiento del programa nacional de asistencia alimentaria apunta a garantizar la alimentación escolar, un aspecto clave en la lucha contra la anemia y la inseguridad alimentaria.
La especialista insistió en que la solución debe contemplar no solo la distribución de alimentos, sino también la calidad y el contenido nutricional de los productos ofrecidos. El reto para las autoridades será asegurar que el sistema alcance a quienes más lo necesitan y que los recursos asignados se utilicen de manera eficaz y transparente.