
La Academia Nacional de Educación anunció la creación de un instituto dedicado a estudiar el impacto de la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes sobre el sistema educativo. La iniciativa buscará analizar no solo cómo pueden incorporarse estas herramientas a las aulas, sino también hasta qué punto podrían modificar la manera en que se organizan la enseñanza y el aprendizaje.
El Instituto de Inteligencia Artificial para el Overtake Educativo estará integrado por Alberto C. Taquini (h), presidente de honor de la Academia; José María La Greca, presidente académico; y Roberto Igarza, vicepresidente de la institución.
La presentación se realizó durante la jornada “Overtake educativo: paradigmas para acelerar el cambio”, en la sede de la Academia. Allí se debatió sobre inteligencia artificial, autonomía de los estudiantes y distintas experiencias que ensayan formas alternativas de organizar el aprendizaje.
Taquini planteó que la expansión de la IA, la conectividad y los servicios en la nube obliga a pensar un debate que excede la incorporación de nuevas herramientas a la escuela. “No vengo a imaginar un futuro lejano. Ese futuro ya empezó”, afirmó.
Según explicó, estas tecnologías permiten que algunas funciones que históricamente estuvieron concentradas dentro de la institución escolar puedan desarrollarse de otras maneras. El acceso al conocimiento, por ejemplo, ya no depende necesariamente de compartir un mismo edificio, horario o espacio físico.
“El punto ya no es preguntarnos solamente cómo introducir más tecnología dentro del modelo existente. La cuestión más profunda es qué nueva forma de organizar el aprendizaje comienza a hacerse posible con ella”, sostuvo.
Taquini utiliza el concepto de “overtake” para describir ese proceso: la aparición de nuevas arquitecturas de aprendizaje que empiezan a adelantarse o a asumir algunas funciones que hasta ahora estaban asociadas exclusivamente al sistema educativo tradicional.
Uno de los ejes centrales es el desarrollo de una mayor autonomía de los estudiantes. En ese esquema, la inteligencia artificial podría asumir tareas como explicar contenidos, proponer ejercicios o adaptar recorridos a las necesidades de cada persona, mientras que la intervención del docente se concentraría en mayor medida en la orientación, la motivación y el acompañamiento.
“No queremos que la inteligencia artificial reemplace al docente solo en su función de transmisor de conocimiento. Queremos que la IA colabore en el desarrollo de un aprendiz autónomo”, señaló Taquini.
El planteo también alcanza a la evaluación. El académico propuso explorar sistemas capaces de registrar de manera continua los aprendizajes, capacidades y logros de cada persona, en lugar de depender únicamente de exámenes realizados en momentos determinados. Una de las posibilidades sería construir una suerte de “pasaporte educativo” que acompañe la trayectoria individual y permita acreditar lo que cada estudiante sabe y puede hacer.
El nuevo instituto se propone investigar experiencias, comparar resultados y analizar bajo qué condiciones estas innovaciones podrían contribuir a mejorar los aprendizajes, la autonomía y la inclusión, sin adoptar de antemano un modelo educativo determinado.
Durante la jornada también se presentaron experiencias vinculadas con el aprendizaje autorregulado, el método Montessori, la educación Waldorf, la educación en la naturaleza, el homeschooling, el enfoque Reggio Emilia y la educación democrática. Además, participó Tim Vieira, fundador de Brave Generation Academy, una propuesta de educación híbrida y transnacional que combina espacios presenciales con recorridos más flexibles.
En el cierre, Taquini distinguió entre el “overtake”, entendido como una transición en la que aparecen nuevas formas de aprender, y un eventual “take over”, en el que una arquitectura educativa diferente pudiera consolidarse como alternativa al modelo vigente.
Aclaró, de todos modos, que la propuesta no implica pronosticar la desaparición de la escuela ni impulsar un reemplazo inmediato del sistema actual. “Que exista una posibilidad no exige que deba adoptarse, pero sí genera una responsabilidad: comprobarla”, sostuvo.




