El diseñador Demna apostó por imprimir glamour, excentricidad y rebeldía a Gucci en su primera colección verdaderamente “personal” para la marca. Y quien estuvo atenta a la temática fue Arnya Sabalenka, la famosa tenista número 2 del mundo que hace agunos días participó en el evento Vogue World en la semana de la moda de Milán.

No fue la única famosa en el evento. La actriz y modelo Rosie Huntington-Whiteley se subió a la pasarela con un look muy glam y fue ovacionada.

La colección Gucci
Las mujeres viajan a los años 80 con un toque de excentricidad: trajes negros clásicos que dejan al descubierto el ombligo, abrigos de piel combinados con un pañuelo o enormes pieles, todo rematado con botas de taco alto. Algunas lucen un estilo más punk, con cadenas alrededor del cuello.

Los hombres de Demna son chicos malos con capucha, vestidos con chaquetas forradas de tartán o trajes de hombros marcados, pantalones recortados por encima del tobillo y cinturones de triple hebilla con un toque rock’n’roll.

“Mi primer año en Gucci lo dediqué a comprender y definir lo que representa”, explicó Demna antes del desfile.
“La conclusión de mi investigación es que Gucci encarna la aspiración de pertenecer a un mundo más glamuroso, así como la audacia de remodelar ese mundo a su propia imagen”, añade.

Para el diseñador georgiano de 45 años, “Gucci es una forma de lujo que quiere hacerse notar. Es la tensión entre el buen gusto y la sensualidad”.
Las ventas de la marca insignia del grupo Kering (que también incluye a Saint Laurent, Bottega Veneta y Balenciaga) han bajado en los últimos años, tras varios ejercicios prósperos bajo la dirección creativa de Alessandro Michele.

Desde la llegada de Demna en 2025 y la presentación de sus dos primeras colecciones, las ventas siguieron bajando en el segundo trimestre, aunque a un ritmo menos marcado que en el primero, informó Kering a finales de julio.
Demna considera que “Gucci evoluciona con soltura entre la aristocracia y la cultura popular, (...) entre el buen y el mal gusto, entre el legado y el deseo de masas, entre la pertenencia y la rebelión”.

Una visión que recuerda los años del diseñador en Balenciaga, donde solía mezclar deporte, lujo y provocación.




