
La cantidad de personas que integraban la fuerza laboral agropecuaria de Costa Rica pasó de 270,533 en 2021 a 211,167 en 2025, una reducción de 21.9%. La población ocupada en agricultura también descendió de 238,227 a 199,248 trabajadores, lo que supuso una baja de 16.4% en el período analizado.
El Boletín Estadístico Agropecuario del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), citado por El Observador, incluyó la menor participación de jóvenes entre los aspectos vinculados con el relevo generacional y la continuidad de la producción primaria.
El sector agropecuario costarricense reunió menos personas tanto en la fuerza de trabajo como en la población ocupada entre 2021 y 2025. Durante esos cuatro años, la tasa de desempleo de la actividad disminuyó y el empleo formal aumentó su participación, de acuerdo con los indicadores difundidos por el MAG.
El desempleo bajó mientras el empleo formal aumentó su participación
La tasa de desempleo dentro del sector agropecuario pasó de 11.9% en 2021 a 5.6% en 2025. El boletín también consignó un aumento de la proporción de empleo formal, que subió de 41.6% a 51.1%.
Los datos reflejan cambios simultáneos en el mercado laboral del agro: disminuyó el número total de personas vinculadas a la actividad, mientras se redujo la desocupación y creció la formalidad. El informe no atribuyó esos movimientos a una causa única.

El Ministerio puso el foco en la participación de la población joven como uno de los desafíos del sector. Según la cartera, la permanencia de ese grupo en las actividades agropecuarias resulta necesaria para favorecer el reemplazo entre generaciones y sostener la producción primaria.
La presencia de jóvenes cayó y las mujeres aumentaron su participación
Las personas de entre 15 y 34 años redujeron su participación dentro de la población ocupada en actividades agropecuarias. Ese indicador pasó de 33.6% en 2021 a 31.5% en 2025, según el reporte citado por El Observador.
En términos absolutos, el número de jóvenes ocupados en el sector disminuyó de 80,079 a 62,681 personas. El MAG identificó esa reducción como un elemento relacionado con la necesidad de asegurar el relevo generacional.
La composición por sexo mantuvo un predominio masculino durante todo el período. La participación femenina, de todos modos, mostró un aumento leve: pasó de 12.3% en 2021 a 13.6% en 2025.
El boletín también relevó diferencias en los ingresos mensuales promedio. Las mujeres percibieron ¢324,083, equivalentes de forma aproximada a USD 724, mientras los hombres recibieron ¢382,214, unos USD 853, según el tipo de cambio de referencia utilizado para la conversión.

De ese modo, el ingreso promedio de las trabajadoras equivalió al 84.8% del registrado entre los hombres. El informe incorporó ese dato dentro de la descripción de las condiciones laborales del sector.
El empleo rural predominó y la pobreza siguió por encima de las zonas urbanas
En 2025, el 72% de los trabajadores agropecuarios residía en territorios rurales. El 28% restante vivía en áreas urbanas.
El MAG indicó que las actividades agropecuarias se desarrollan mayoritariamente en el ámbito rural, aunque también existe una proporción de trabajadores vinculados al sector que habita en ciudades. Esa distribución territorial fue utilizada como referencia para observar el contexto social del agro.
El boletín aclaró que no dispone de indicadores de pobreza, pobreza extrema ni coeficiente de Gini específicos para las actividades agropecuarias. Por esa razón, utilizó la información correspondiente a las regiones rurales como una aproximación al entorno socioeconómico en el que opera buena parte del sector.
La pobreza disminuyó entre 2021 y 2025 tanto en áreas rurales como urbanas. En los territorios rurales, la incidencia pasó de 26.3% a 19.3% durante el período estudiado.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería indicó que, pese a esa baja, el rezago socioeconómico rural continuaba siendo mayor que en los entornos urbanos. La pobreza extrema rural también se redujo en 2.8 puntos porcentuales, aunque su incidencia siguió por encima de la observada en las ciudades.
El coeficiente de Gini mostró una tendencia descendente a escala nacional. “Aunque la desigualdad continúa presente, la reducción observada evidencia una distribución del ingreso relativamente más equitativa en los últimos años”, señaló el boletín citado por la publicación.




