La increíble historia del hombre que salvó a miles de bebés prematuros exhibiéndolos en un parque de atracciones

Hoy en día tenemos perfectamente normalizado el hecho de que, cuando un bebé nace prematuro, se debe hacer todo lo posible para salvarlo. Las incubadoras son uno de los elementos más importantes de un hospital. Se invierte en ellas porque valen la pena y son necesarias. Actualmente no podríamos imaginar otra cosa, pero lo cierto es que no siempre ha sido así. A principios del siglo XX, a pesar de que las incubadoras ya existían, muchos doctores se negaban a “gastar dinero en ellas”. Es especialmente duro el caso de Estados Unidos, donde la mayoría de los médicos consideraban que los bebés prematuros eran criaturas inferiores a las que no vale la pena salvar. Por eso, se resistían a traer este invento francés hasta sus áreas de maternidad. 

Afortunadamente, no todos tenían esa visión. Martin Couney, un médico alemán de origen judío emigrado a Estados Unidos, había intentado convencer a sus compañeros sin éxito. Por eso, decidió encargarse él de las incubadoras, siguiendo un método poco convencional que había visto en Europa: exponer a los bebés prematuros en parques de atracciones para que todo el mundo pudiera visitarlos pagando entrada. Esto puede sonar como una historia absolutamente fuera de cualquier ética o moral, pero lo cierto es que, gracias a eso, salvó a miles de niños en Estados Unidos. 

Del zoológico al parque de atracciones

Aunque algunos textos apuntan a otros nombres, el consenso general es que la incubadora humana fue inventada por el doctor Stéphane Tarnier, quien trabajaba como obstetra en la Maternité de París. Durante una visita al zoológico de dicha ciudad, le llamó la atención el dispositivo que se utilizaba para criar a las aves. Pensó que esas cámaras de calor, si se adaptaban debidamente, también podrían ser útiles para ayudar a desarrollarse a los bebés que nacieran demasiado prematuros. Estos solían morir, ya que aún no estaban listos para sobrevivir fuera del útero materno, así que, quizás, con este invento podría darles una oportunidad más. Para construir su invento trabajó precisamente junto a un ingeniero y a la directora del zoológico, Odile Martin. Inicialmente sus colegas no tomaron muy en serio la incubadora, pero poco a poco comprendieron su utilidad y empezaron a usarla por hospitales de todo el país.

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