La invención de la leche de vaca: cómo la industria láctea nos metió con calzador "un vasito de leche diario" a finales del XIX

Suena el despertador. Seis de la mañana. Te levantas de cama, te aseas y vas a la cocina para prepararte un buen desayuno con el que empezar el día: una tostada con mermelada y una taza de leche calentita. La escena parece normal (sí, quizás falte café en ese tazón), pero si se la enseñásemos a nuestros tataratatarabuelos lo más probable es que se quedasen helados. En sus tiempos, a comienzos del XIX, lo de tomar un vaso de leche de vaca era tan extraño que el consumo per cápita no pasaba de 12 l anuales. En 2023 ese indicador para el total de leche líquida rozaba los 68. Y eso que su consumo tampoco pasa por su mejor momento.       

¿Qué pasó entremedias para que la leche se haya vuelto tan popular? ¿En qué momento empezamos a verla como un indispensable de la cesta de la compra?

¿Un vasito de leche? Cuando pensamos en la dieta de nuestros antepasados damos por supuesto (y con razón) que hay ciertos alimentos que no estaban ni por asomo en el menú. Por ejemplo, es raro imaginarse a nuestros bisabuelos comiendo sushi, pizzas o un kebab; pero… ¿Y un vaso de leche de vaca?

Por extraño que suene, es probable que si nos remontásemos a 1826 y le ofreciésemos un tazón mañanero de leche a nuestro tatarabuelo nos respondiese con un gesto de desagrado. Como recuerda Carlota Calvo de Luis, bióloga clínica, en su ensayo 'Los fermentos lácteos en el siglo XIX', más allá de la región cántabra la ingesta de leche en el país estaba lejos de ser popular. 

"El consumo de leche en el resto de España, se asocia a sectores de población muy concretos (ancianos, enfermos y niños), de manera que su presencia en la alimentación cotidiana de la mayor parte de la población, era casi inexistente".

Elizabeth Dunne Ccv4kursyim Unsplash

¿Tan raro era? Desde luego no estaba tan normalizado como ahora. Calvo recuerda que en el norte de la Península se consumía leche durante la segunda mitad del XIX, aunque con una mentalidad algo distinta a la que tenemos hoy. 

Básicamente la leche se concebía como un "subproducto", el resultado de la cría de reses que se mantenían para trabajar en los campos y el consumo su carne. Se ordeñaban, cierto, pero el líquido se empleaba a menudo para elaborar quesos y mantecas que se vendían en los mercados. De hecho, la experta asegura que no era extraño que parte de la leche que no se aprovechaba acabase desechada.

¿Tan radical fue el cambio? Sí. Y Calvo no es la única que dibuja ese panorama. En su tesis 'La difusión de un nuevo alimento', Ismael Hernández, de la Universidad Autònoma de Barcelona (UAB), insiste en cuánto ha cambiado nuestra forma de consumir leche en un período de apenas dos siglos. 

"Su incorporación a la dieta de la población española se inició alrededor de los últimos años del siglo XIX, pero fue durante el primer tercio del XX cuando su consumo aumentó de forma sostenida", señala. "En torno a 1900 el consumo por habitante y año en España apenas era de unos 20 litros y a inicios de la década de 1930 ya alcanzaba los 56 litros. En poco más de 30 años, la leche en España pasó de ser un producto marginal a tener una presencia significativa en la dieta".

¿Y fuera de España? En 2015, en un artículo de la BBC, Veronique Greewood recoradaba que, aunque para los estadounidenses del XXI la leche de vaca es uno de los artículos esenciales de la cesta de la compra (equiparable a otros "básicos", como el pan o el papel higiénico), su consumo masivo es un fenómeno bastante reciente. En el XIX en Europa y EEUU aún se asociaba a niños. Los adultos la consumía, pero preferían queso o mantequilla antes que leche fresca.

"Hasta finales del siglo XIX la leche apenas formaba parte de la dieta en forma líquida. El desayuno de entonces no incluía leche; se parecía más a un almuerzo. Fue en el siglo XX cuando empezó a ganar protagonismo, y lo hizo de la mano de una transformación general de la dieta española", coincide en una entrevista con El Diario Montañés Fernando Collantes, catedrático de Historia. Es lógico. Una suma de factores biológicos, tecnológicos, económicos y culturales impidió que la leche fuera "un componente importante de las dietas" antes casi el siglo XX.  

Llevamos años escuchando que los adultos no tienen que beber leche. Los últimos estudios dicen todo lo contrario
Llevamos años escuchando que los adultos no tienen que beber leche. Los últimos estudios dicen todo lo contrario