- La secuencia de la polémica
El polémico gol de Erling Haaland en el derbi de Manchester dejó una enseñanza técnica que trasciende el resultado del partido: en una situación de fuera de juego no alcanza con determinar la posición del futbolista que convierte. También es indispensable analizar la participación de todos los atacantes involucrados en la acción.
La acción que le dio el triunfo al City generó un verdadero escándalo en la Premier League: el comité arbitral inglés Pro Referees reconoció un “error de juicio” en la validación del gol. El organismo sostuvo que el VAR debió recomendar una revisión en el campo por la posición de Enzo Fernández durante la acción.
Además, la conducción arbitral de la Premier League decidió apartar de las próximas designaciones al VAR Matt Donohue y al AVAR Blake Antrobus, responsables del análisis que terminó validando el gol del Manchester City.
Ninguno fue designado para la próxima jornada y no se espera que regresen, al menos, hasta después de la ventana internacional FIFA de selecciones. La determinación fue adoptada por Howard Webb y el equipo directivo de Pro Ref.
En la secuencia de la polémica, la tecnología cumplió correctamente su función. Mediante una comprobación factual, estableció que Haaland se encontraba habilitado por un margen mínimo. Sin embargo, el VAR y el AVAR concentraron la revisión exclusivamente en la posición del goleador y omitieron valorar la intervención previa de Enzo Fernández, quien ingresaba como delantero centro y estaba en posición fuera de juego. Allí se produjo el verdadero error.
La tecnología determina posiciones, pero no interpreta impactos
El sistema semiautomático puede identificar el momento exacto en el que se juega el balón y establecer la posición corporal de los futbolistas. Lo que no puede hacer es interpretar por sí solo la influencia que la acción de un atacante produce sobre un adversario.
Esa valoración continúa siendo responsabilidad del equipo arbitral.
La Regla 11 establece que no es indispensable tocar el balón para cometer una infracción por fuera de juego. Un atacante también debe ser sancionado cuando:
• Intenta claramente jugar un balón cercano y esa acción afecta a un adversario
• Realiza una acción evidente que condiciona claramente la capacidad de un rival para jugar o disputar el balón. Por lo tanto, el punto central de la revisión no era solamente comprobar si Haaland estaba habilitado. También debía establecerse si la acción de Fernández había tenido un impacto futbolístico concreto sobre Lisandro Martínez.
Una jugada factual y otra interpretativa
El VAR debía separar dos aspectos técnicamente diferentes.
La posición de Haaland era factual y podía resolverse mediante la tecnología. En cambio, la posible interferencia de Fernández sobre Martínez requería una interpretación arbitral.
El procedimiento correcto debía contemplar cuatro instancias:
1. Determinar mediante la tecnología que Haaland estaba habilitado.
2. Identificar que Fernández se encontraba en posición de fuera de juego.
3. Evaluar si su intento de jugar el balón afectó la capacidad de Martínez para intervenir.
4. Ante la existencia de una posible interferencia, recomendarle a Michael Oliver una revisión en campo —OFR—.
Era el árbitro quien debía observar nuevamente la acción y decidir si Fernández había interferido en el adversario. Sin embargo, esa posibilidad le fue indebidamente retirada porque el VAR no analizó la secuencia de manera integral ni le presentó las imágenes necesarias para realizar esa valoración.
La decisión del asistente también debía ser considerada
El árbitro asistente había levantado inicialmente la bandera, señalando una infracción por fuera de juego. Para modificar aquella decisión no alcanzaba con demostrar que Haaland estaba habilitado: también era necesario descartar la participación de cualquier otro atacante ubicado en posición prohibida. Eso no ocurrió.
El VAR proyectó las imágenes para comprobar la ubicación del goleador, pero dejó fuera del análisis al futbolista cuya conducta debía ser especialmente evaluada. De esta manera, convirtió erróneamente una acción interpretativa en una simple comprobación geométrica.
No falló la tecnología: falló la interpretación
Haaland estaba habilitado, pero ese dato no era suficiente para conceder el gol. La posible infracción surgía de la participación de Enzo Fernández, quien fue hacia el balón e influyó sobre la capacidad de Lisandro Martínez para jugarlo.
La enseñanza es contundente: el fuera de juego semiautomático determina posiciones, pero no interpreta conductas, impactos ni reemplaza el juicio arbitral.
En esta jugada, la tecnología respondió correctamente quién estaba habilitado. El error fue humano: quienes recibieron esa información no observaron integralmente quién participó, cómo intervino y qué influencia produjo sobre el adversario.


