
El escritor Marcos Augusto ha irrumpido con fuerza en la narrativa española con la novela Te hice dios (Random House), en la que aborda el deseo, la culpa y el VIH desde una perspectiva inédita en la que la crudeza marca el desarrollo de una historia de amor entre dos hombres que bascula entre la mentira, la enfermedad y la muerte.
El libro parte de un encuentro en Grindr entre un hombre que quiere contraer el VIH y otro que promete transmitírselo. Así, el narrador se dirigirá a su amante tras su muerte en segunda persona, mientras reconstruye su propia mirada en primera persona y en pasado. Esa elección sostiene un relato deliberadamente incompleto: quien cuenta selecciona los episodios, silencia otros y ordena los hechos de acuerdo con sus propios intereses.
“En el fondo, la novela es la respuesta a qué deseamos y qué límites establece nuestro propio deseo. Para mí era importante situar sobre la mesa temas que, aunque sean incómodos, también son universales”, cuenta Marcos Augusto a Infobae. “Está el tema del duelo, el amor, la mentira, la mala conciencia, de cómo tejemos las relaciones”.
Qué son los ‘bugs chasers’
La historia se articula alrededor de los llamados bug chasers, personas que buscan conscientemente infectarse de VIH. El protagonista desea “pillar el bicho”, mientras el otro personaje se ofrece a dárselo; el encuentro sexual inicial da paso a una pareja atravesada por la presencia constante del VIH.
El autor plantea la obra como un relato circular que empieza y termina con una muerte. Esa estructura le permite alternar los momentos de afecto y cotidianidad con los pasajes más sombríos, ligados al deterioro físico, la culpa y las decisiones de sus personajes.

La perspectiva del narrador es decisiva para ese mecanismo. “El lector no se puede fiar del todo de él, porque al final es una versión de lo que ocurrió”, dice Augusto. El personaje habla desde dentro de la experiencia, pero reconstruye el pasado cuando ya conoce su desenlace.
La mentira no aparece solo como una conducta puntual, sino como el armazón del relato. El escritor ha comparado su crecimiento con un castillo de naipes que necesita nuevas falsedades para sostenerse, hasta formar un espacio cada vez mayor alrededor de quienes participan en él.
Esa reflexión se extiende a las identidades construidas en las aplicaciones. “Todos nos erigimos sobre una narrativa propia”. Instagram, Tinder y Grindr permiten seleccionar imágenes, componer una versión de uno mismo ante los demás y ofrecer la identidad que se aspira a tener".
Te hice dios incorpora el VIH como una cuestión médica, social y narrativa. La novela abre con una cita de La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag, sobre la doble ciudadanía de los sanos y los enfermos, una idea que Augusto ha relacionado con el tránsito inevitable entre ambos estados.
El autor convierte el virus en una presencia personalizada dentro de la ficción. Le interesa, ha explicado, examinar las implicaciones sociales de estar enfermo más allá del diagnóstico clínico y de las connotaciones que acompañan a determinadas enfermedades.
La PrEP y el ‘indetectable= no transmisible’
La novela dialoga también con la PrEP, la profilaxis ‘preexposición’ que toman las personas sin VIH antes de una posible exposición al virus. Se trata de un medicamento preventivo con una efectividad superior al 90%, que se ha extendido en encuentros sexuales esporádicos entre hombres para evitar la infección.
Augusto ha querido apartarse de las narraciones sobre el VIH situadas en los primeros años de la epidemia, cuando aún no existía medicación eficaz. Ha citado como referencia El amigo que no me salvó la vida, de Hervé Guibert, publicada en Francia en 1990, para distinguir aquel contexto del presente de su novela.
Su principal interrogante se dirige a las personas que no pueden acogerse a la fórmula “indetectable = no transmisible”. Quienes siguen un tratamiento y mantienen una buena adherencia pueden alcanzar una carga viral indetectable y no transmiten el virus, pero el escritor pregunta qué sucede con quienes no responden al tratamiento o no tienen acceso a él.

“Qué pasa con las personas detectables. La gente que no tiene acceso a la medicación”, ha planteado. El autor vincula esa preocupación al auge de la extrema derecha y a la posibilidad de que las privatizaciones introduzcan copagos en los tratamientos, dejando a parte de los pacientes fuera de la atención farmacológica. “Quería trabajar esa frontera y ver qué quedaba fuera, porque el indetectable igual a no transmisible pasa por una idea que es fundamental, y es que la persona sepa su condición”. En ese aspecto, el libro quería amoldarse a las narrativas de este momento concreto.
El libro asume así una dimensión activista, aunque no renuncia a su ambigüedad moral. Para Augusto, los mensajes que han contribuido a combatir la serofobia pueden contener una parte excluyente si dejan fuera a quienes no alcanzan la ‘indetectabilidad’ o no disponen de recursos sanitarios.
En cualquier caso, hay una pulsión de muerte muy poderosa en la novela, una lucha entre el Eros y el Tanatos. “Esa dualidad lo inunda todo, también en las relaciones afectivas. La gente cada vez más, o se ama o se odia. Podríamos hablar de una realidad ficticia que procede el cristianismo, de la configuración del cielo y el infierno, que se ha trasladado al lenguaje coloquial de Instagram: o corazones o cara de vómito. Ya no existen términos intermedios. Y creo que ese juego de opuestos ha hecho mucho daño en el pensamiento”.
El punto de partida visual de la novela está en las instalaciones de caramelos de Félix González-Torres, según ha contado el autor. En esas obras, los dulces se apilan hasta alcanzar el peso del cuerpo del amante muerto del artista y el público puede cogerlos, de modo que la pieza disminuye progresivamente.
Augusto ha trasladado esa imagen al cuerpo herido y menguante de su novela. El celofán del caramelo, la sustracción paulatina de materia y la desaparición tratada desde una poética de lo dulce le ofrecieron una vía para abordar la muerte sin reducirla a su dimensión física.
Reivindicación de la incomodidad frente a la corrección
Junto a González-Torres, el libro incorpora referencias a Joan Didion y a su idea del pensamiento mágico: los ritos cotidianos y las reglas íntimas que las personas establecen para intentar controlar aquello que no dominan. También dialoga con Sontag, Annie Ernaux, Marguerite Duras, Rafael Chirbes y una tradición literaria LGTBIQ+ asociada a Jean Genet o Pedro Lemebel.
En definita, con autores que no dejan indiferentes. “Me gustan los escritores que te zarandean. Las historias amables no me interesan demasiado. No me planteé ser polémico, aunque sí era consciente que algunas descripciones podían incomodar”, habla el autor sobre el lenguaje explícito de Te hice dios. “Pero es como ocurre en American Psycho de Bret Easton Ellis, toda esa ‘ultraviolencia’ está ahí para hablar de un capitalismo atroz por el cual la gente ha enloquecido. Ese es el tipo de textos que me interesan. Creo que vivimos en un momento en el que todo es cómodo y políticamente correcto, así que yo quiero reivindicar la reflexión incomodidad”.
La prosa alterna escenas sexuales explícitas con un registro lírico. El autor, que antes de esta novela había publicado los poemarios Barriga en 2020 y Suceden tardes en 2021, además de la plaquette Palmer en 2023 junto al artista Tomás Pizá, ha buscado que la forma reproduzca la tensión entre luz y oscuridad que atraviesa la historia.
El amor y el sexo discurren por caminos distintos en el libro. Augusto ha señalado que no hay una sola escena sexual entre el narrador y Pedro, pese a que la novela contiene episodios de cruising y encuentros ocasionales: la relación amorosa se sostiene en otros gestos y en pequeñas escenas de intimidad.
La obra recoge además el cambio en los modos de ligue dentro de la comunidad gay. “Entre las parejas hetero es raro hablar de haberse conocido en Tinder, pero no conozco parejas gais que no se hayan encontrado en Grindr”, ha dicho Augusto. El escritor, que vive en Palma, ha contrapuesto el uso de las aplicaciones al declive de los locales y espacios presenciales que concentraban la vida gay en las ciudades




