Blanca Escribano

València, 4 sep (EFE).- Hay conciertos a los que uno acude para escuchar música y otros a los que va a sentir, a vibrar y a rememorar su juventud con la nostalgia de un grupo que marcó aquellos años y que ha convertido el Roig Arena en "una fiesta", en el primero de los dos conciertos que ofrece La Oreja de Van Gogh en València, una de sus ciudades preferidas.

El grupo donostiarra ha vuelto a despertar la emoción de toda una generación y ha puesto a prueba a las 15.000 personas que no han fallado cada vez que Amaia Montero cedía el protagonismo al público y tendía el micrófono, lo que convertía el pabellón en su auténtico karaoke personal.

"Una noche más, una vez más, desde el año 98 con nosotros", ha exclamado la vocalista después de darse un baño de masas con los tres primeros himnos; '20 de enero', 'Deseos de cosas imposibles' y 'El último vals', que han preparado a los asistentes para todo aquello que venía.

Montero ha declarado que València "es una de sus ciudades preferidas" y ha recordado los inicios: "¿Sabéis dónde empezamos nosotros? En la Sala Arena. Sabemos muy bien cómo sois y por eso siempre volvemos. De la Sala Arena al Roig Arena", ha gritado la artista, que no ha dudado en elogiar al estadio, al que ha calificado como "absolutamente espectacular".

Un cumplido muy adecuado para este espacio, que encara un fin de semana de celebración por su primer aniversario desde que abrió sus puertas y se convirtió en una pieza clave para el mapa musical de una ciudad como València.

La expectación alrededor del regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh no ha sido ajena al ruido de los últimos meses cuando, al comenzar la gira en mayo, las redes sociales han convertido algunas de sus actuaciones en un examen público, con críticas a su voz y a sus desafinaciones.

A decir verdad, la voz de Montero muestra la huella del paso del tiempo y a lo largo de las casi dos horas de concierto se ha percibido que algunas notas cuestan más que otras, pero es algo que no ha parecido importarle a un público que no tenía demasiadas ganas de analizar si sonaba igual -o no- que en los discos.

Lo importante era saltar, dejarse la voz con unas letras bien instaladas en la memoria y disfrutar de un concierto divertido que ha levantado a todos los asistentes con dos de los trabajos más exitosos de la formación; 'El viaje de Copperpot' -del que se han escuchado temas como 'Cuídate', 'París' y 'La Playa'-, y 'Lo que te conté mientras te hacías la dormida', representado por 'Puedes contar conmigo', 'Vestido azul' y la imprescindible 'Rosas'.

Tan arriba estaba el público como Montero en 'Mariposa', canción en la que ha ascendido sobre una plataforma elevadora desde el suelo hasta varios metros por encima del escenario, hasta que el ritmo se ha rebajado con uno de los momentos más íntimos, con Xabi San Martín al piano, compartiendo voz en 'Tan guapa'.

La cantante no ha dejado de mostrar complicidad con sus compañeros, algo que se ha demostrado con el abrazo final con el que La Oreja de Van Gogh se ha despedido -tras cerrar con las míticas 'Muñeca de trapo' y 'Puedes contar conmigo'- para celebrar este primer reencuentro que, efectivamente, ha sido lo que prometía al empezar: "Esto no es un concierto, es una fiesta".