
El Día Internacional de la Paz nació por iniciativa de las Naciones Unidas en 1981, como una fecha destinada a reafirmar y promover los principios de paz entre los pueblos y las naciones. Desde 2001, cada 21 de septiembre se convierte además en una jornada global de no violencia y alto el fuego. Sin embargo, mientras esta fecha vuelve a poner la paz en el centro de la agenda, la realidad mundial plantea una enorme contradicción: en 2025 se registraron más de 130 conflictos armados en distintas regiones del mundo que profundizan las crisis humanitarias, el desplazamiento forzado y la inestabilidad.
Una cifra extraordinaria refleja la magnitud inaceptable de la violencia actual: hoy alrededor de 2.000 millones de personas –una cuarta parte de la población mundial- viven en zonas afectadas por conflictos. Esta escalada de violencia tiene consecuencias inadmisibles para la población civil. Según el último informe del Secretario General de Naciones Unidas sobre la protección de civiles en conflictos armados, en 2025 se registró aproximadamente una muerte civil cada 14 minutos.

Bien sabemos que allí donde hay conflicto, hay una crisis de desplazamiento. A nivel global, más de 117 millones de personas se encuentran desplazadas porque debieron escapar de sus hogares para salvar sus vidas. De ellas, casi el 40% son niños y niñas.

Emergencias como las de Sudán, Ucrania o Afganistán nos demuestran que cuando la paz se rompe, millones de personas se ven obligadas a huir y las crisis humanitarias se profundizan. En Sudán, más de 11,3 millones de personas fueron desplazadas desde el inicio del conflicto, en una crisis marcada por la violencia, el hambre, la desnutrición y el colapso de los servicios básicos. En Ucrania, 10,8 millones de personas requieren asistencia humanitaria, mientras los ataques siguen provocando víctimas civiles, nuevos desplazamientos y daños a servicios esenciales como el agua, la electricidad y la calefacción. En Afganistán, décadas de conflicto dejaron millones de personas refugiadas y desplazadas, en un contexto de pobreza, hambre, violaciones a los derechos humanos y retornos forzados.
Diariamente, en distintas partes del mundo, millones de personas deben abandonar su hogar, su escuela, su trabajo, sus vínculos y sus proyectos. No se van porque quieren: huyen para salvar sus vidas. Y en ese camino, muchas veces solo pueden llevar consigo la esperanza de reconstruir sus vidas y encontrar un lugar donde vivir en paz.

Frente a esta realidad, la labor de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, es indispensable. Hace 75 años trabaja para proteger a las personas forzadas a huir de la guerra, la violencia y la persecución. Esa misión nace de una promesa esencial: que quienes se ven obligados a escapar, no van a estar solos. Pero mientras persista la violencia y no haya paz, millones de personas seguirán viéndose obligadas a escapar en busca de seguridad.
Por eso, el Día Internacional de la Paz no debería ser solamente una efeméride en el calendario. Debería ser un llamado a reconocer que la paz es una condición indispensable para la vida. En un mundo atravesado por más de 130 conflictos armados, la ausencia de paz separa familias, interrumpe infancias, carreras, proyectos, vínculos y sueños. Obliga a empezar de nuevo a quienes nunca eligieron irse. Por eso, en tiempos como estos, es fundamental reafirmar la promesa de que quienes huyen de la guerra, la violencia y la persecución puedan encontrar protección y reconstruir sus vidas.

La paz requiere decisiones políticas, compromisos internacionales y acciones concretas. Pero también precisa una sociedad que no abandone a quien necesita ayuda. En este Día Internacional de la Paz, renovemos el compromiso que la humanidad asumió hace 75 años: que toda persona forzada a huir pueda encontrar protección, dignidad y un lugar seguro. Sumar nuestro nombre en ponchosazules.org es forma concreta de renovar la promesa de vivir en un mundo en el que todas las personas puedan estar a salvo.
*Paula Martínez Álvarez, Directora de Comunicaciones de Fundación ACNUR Argentina



