
El 14 de septiembre de 1923, el Polo Grounds de Nueva York fue escenario de una de las noches más extraordinarias en la historia del boxeo mundial.
El campeón de los pesos pesados, Jack Dempsey, salió disparado del ring en el primer round, arrojado al vacío por un argentino al que él mismo había derribado siete veces en los dos minutos previos.
Luis Ángel Firpo, apodado el “Toro Salvaje de las Pampas”, lanzó al campeón fuera del cuadrilátero de un solo golpe. Dempsey tardó 17 segundos en volver al ring. Si el árbitro hubiera contado desde el momento de la caída, Firpo habría sido campeón del mundo.
Esa noche se definió algo más que un título. Se escribió una de las páginas más recordadas del deporte del siglo XX.

Dempsey terminó en la mesa de los periodistas, incapaz de volver solo al ring
El golpe que expulsó a Dempsey del cuadrilátero fue un derechazo que lo lanzó sobre la primera fila del ringside.
El campeón cayó sobre la máquina de escribir del cronista Jack Lawrence y quedó tendido, incapaz de volver al ring por sus propios medios. Varios periodistas tuvieron que ayudarlo a reincorporarse.
Mientras Dempsey permanecía fuera del ring, el cronometrador oficial ya había puesto en marcha la cuenta. Pero Johnny Gallagher, el árbitro de la pelea, no la tomó en cuenta: esperó hasta que el campeón volvió a tocar el suelo del cuadrilátero y recién entonces comenzó a contabilizar.
El combate duró 3 minutos y 57 segundos en total, repartidos entre un primer round de una violencia sin precedentes y apenas 57 segundos de segundo asalto. En ese breve lapso se produjeron nueve caídas.
Los Angeles Times consignó que la recaudación en taquilla alcanzó USD 1.250.000, de los cuales USD 468.750 fueron para Dempsey y USD 156.250 para Firpo.

Las infracciones de Dempsey en el primer round nunca fueron sancionadas
Dempsey derribó a Firpo siete veces en el primer asalto, pero su actuación estuvo lejos de ser impecable.
Golpeó a su rival mientras Gallagher aún los separaba, atacó a Firpo antes de que este pudiera levantarse de la lona, y le asestó dos golpes en la nuca cuando ya sonaba la campana que cerraba el round. Ninguna infracción fue penalizada.
El propio Firpo lo reconoció años después con ironía ante su biógrafo. “Cuatro veces le gané; él a mí, una sola”, afirmó el boxeador argentino.
La pelea impuso además un cambio permanente en el reglamento del boxeo: a partir de ese combate, se incorporó la norma que obliga al boxeador que derriba a su rival a retirarse a un rincón neutral y esperar a que el árbitro complete la cuenta, tal como reconstruyó el periodista Matías Bauso en una nota publicada por Infobae en 2018.

Buenos Aires siguió la pelea en vilo, con sirenas como señal y el boxeo aún prohibido
Mientras la noche avanzaba en Nueva York, Buenos Aires contuvo la respiración. Frente al Palacio Barolo, en el centro de la ciudad, una multitud esperaba la señal de dos sirenas instaladas en el edificio: una luz azul anunciaría la victoria de Firpo; una roja, la de Dempsey. Cuando el campeón salió disparado por las cuerdas, los festejos se desataron en las calles.
La alegría duró poco. En el segundo asalto, Dempsey derrumbó a Firpo por última vez y el árbitro completó la cuenta.
Lo que pocos sabían esa noche es que el boxeo estaba prohibido en Argentina. Fue el impacto de la actuación de Firpo lo que impulsó un cambio legislativo: el 28 de diciembre de 1923, menos de cuatro meses después de la pelea, se promulgó la ordenanza municipal que habilitó los espectáculos de boxeo en Buenos Aires, tal como documentó Infobae. Por eso Firpo es considerado el padre del boxeo nacional y cada 14 de septiembre se celebra el Día del Boxeador argentino en homenaje a aquel histórico combate.

La preparación de Firpo incluyó carpetas ilustradas enviadas desde una estancia argentina
El camino de Firpo hacia esa noche en el Polo Grounds fue tan singular como la pelea. Su asesor táctico, el empresario Félix Bunge, elaboró carpetas detalladas con cientos de fotografías para orientar al boxeador sobre cómo enfrentar a Dempsey.
Las fotos fueron tomadas en el jardín de su propia casa, con dos boxeadores aficionados como modelos. Bunge no asistió a la pelea porque no pudo ausentarse de sus campos y negocios.
Transmitió sus instrucciones al rincón de Firpo a través de Horacio Lavalle, un compatriota que actuó como segundo.
La historia financiera de Firpo fue igualmente llamativa. Tras su retiro del boxeo, se convirtió en estanciero y empresario automotriz, según consignó Los Angeles Times. El cronista Ring Lardner lo definió como “el genio solitario financiero más espectacular y excepcional que el boxeo haya conocido jamás”.

El árbitro perdió la licencia, cayó en el alcohol y murió solo en un hotel de Brooklyn
La actuación de Gallagher tuvo consecuencias graves. La prensa neoyorquina lo fustigó durante días por no haber contado desde el momento en que Dempsey abandonó el ring.
La Comisión de Box le retiró la licencia y nunca más volvió a dirigir un combate. Durante años vagó por los gimnasios de la ciudad, hundido en la depresión y el alcohol.
En 1931, ocho años después de la pelea, se suicidó en la habitación de un hotel de Brooklyn.

Dempsey y Firpo sellaron una amistad con un asado en Rosario como escenario
Los dos rivales se hicieron amigos tras el combate. En 1954, Firpo recibió a Dempsey en una de sus estancias de Rosario para un asado al que también asistieron periodistas argentinos.

Durante el encuentro, el excampeón norteamericano insistía en que había visto doble durante toda la pelea.
Firpo lo escuchó en silencio y con una leve sonrisa hasta que intervino: “No le crean, está diciendo macanas. Si veía a dos Firpos, ¿me quiere decir cómo hizo siempre para acertarme a mí, al verdadero?”, dijo el argentino entre las carcajadas de los presentes, tal como consignó la publicación de Matías Bauso.

El propio Dempsey visitó la obra Dempsey y Firpo, del pintor estadounidense George Wesley Bellows, en el Museo Whitney de Arte Americano de Nueva York en 1973, acompañado por un periodista argentino.
Frente al cuadro, el excampeón fue escueto: “Es un gran cuadro. Así fue exactamente”, dijo en declaraciones recogidas por The New York Times.

La pelea también dejó una huella en la cultura popular que perduró hasta el siglo XXI. El creador de Los Simpsons, Matt Groening, replicó la imagen de Bellows en el tercer episodio de la octava temporada de la serie.
Transformó a Firpo en Homero Simpson, con una escena que es una reproducción casi exacta del cuadro.
Generaciones que nunca oyeron hablar del Polo Grounds conocieron así, sin saberlo, la noche del “Toro Salvaje”.




