Hay plantas que pueden transformar un jardín en poco tiempo y la moringa es una de ellas. La Moringa oleifera es un árbol de crecimiento rápido que puede alcanzar entre 5 y 10 metros de altura, aunque algunos ejemplares llegan incluso a los 12 metros.
Pero uno de sus datos más llamativos está en sus frutos: un solo árbol puede producir entre 15.000 y 25.000 semillas al año, dependiendo de las condiciones de cultivo y la variedad.
Originaria de regiones de Asia y actualmente cultivada en distintas zonas tropicales y subtropicales, la moringa se caracteriza además por su resistencia a la sequía, su rápido crecimiento y su capacidad para desarrollarse en distintos tipos de suelo, siempre que tengan un buen drenaje.
Cómo cultivar moringa en el jardín
La moringa puede reproducirse a partir de semillas o de esquejes. Si se elige la primera opción, las semillas pueden sembrarse directamente en tierra o comenzar su crecimiento en un recipiente para luego trasplantarlas.

Para germinar, se recomienda colocarlas a unos 2 centímetros de profundidad. En condiciones favorables pueden comenzar a brotar aproximadamente entre una y dos semanas después de la siembra.
El lugar elegido es clave: necesita mucha luz solar y un suelo que no acumule agua. La moringa tolera distintos tipos de tierra, pero tiene poca tolerancia al encharcamiento, por lo que el drenaje es uno de los puntos más importantes.
Qué cuidados necesita
Una vez establecida, la moringa puede soportar períodos de sequía y requiere menos agua que otras especies. Sin embargo, durante las primeras etapas de crecimiento necesita humedad suficiente para desarrollarse.
La temperatura también es fundamental. Es una especie de clima cálido y puede verse afectada por las bajas temperaturas y las heladas. En regiones donde los inviernos son fríos, puede cultivarse en una maceta para protegerla durante los meses más fríos.
La poda es otro recurso útil. Si se realiza con regularidad, ayuda a mantener una planta más compacta y favorece la producción de hojas. En cambio, si se deja crecer sin podar, puede desarrollar más ramas y producir mayor cantidad de vainas.
Para quienes buscan obtener frutos y semillas, las plantas necesitan más espacio: las recomendaciones para producción de vainas utilizan separaciones de alrededor de 2,5 metros entre ejemplares.
Una planta de crecimiento rápido
Además de su capacidad para producir miles de semillas, la moringa tiene un crecimiento particularmente veloz. En buenas condiciones puede comenzar a aprovecharse por sus hojas en menos de dos meses y medio, aunque el momento de cosecha depende del clima y del manejo de la planta.
Sus frutos son vainas largas que pueden medir varias decenas de centímetros y, cuando maduran, se vuelven marrones y se abren para liberar las semillas. Cada una puede contener entre 12 y 35 semillas.




