Mientras que algunas personas responden de inmediato durante una conversación, otras necesitan pensar durante algunos segundos antes de hablar. Si bien muchos creen que se trata de inseguridad o falta de confianza, la psicología asegura que puede tener otros significados.
Para producir las palabras, la mente debe realizar múltiples procesos al mismo tiempo: comprender lo que se está escuchando, decidir qué responder y transformar esa idea en palabras. Es por eso que, en determinadas situaciones, una pausa puede indicar que la persona está organizando qué decir.
Por qué algunas personas hacen pausas antes de responder
De acuerdo con una investigación publicada en Scientific Reports, formular una expresión verbal necesita, como mínimo, unos 600 milisegundos, mientras que el intervalo entre turnos en una conversación suele rondar los 200 milisegundos.

Por eso, para contestar con rapidez, muchas veces se empieza a preparar la respuesta antes de que la otra persona haya terminado de hablar. Un estudio publicado en Neuropsychologia determinó que quienes responden más rápido planifican su respuesta mientras todavía procesan las palabras de la otra persona.
En cambio, aquellas personas que esperan hasta terminar de escuchar o necesitan organizar una respuesta un poco más compleja pueden extender el silencio antes de empezar a hablar.
Una pausa no tiene un único significado psicológico
Los investigadores del Instituto Max Planck de Psicolingüística indicaron que en una conversación real las respuestas precedidas por una inspiración tardaban, en promedio, 576 milisegundos, mientras que aquellas que no tenían esa pausa respiratoria se demoraban apenas unos 100 milisegundos.
Las respuestas más largas solían estar precedidas por esa preparación, lo que podría indicar que parte del contenido ya estaba organizado antes de comenzar a hablar y que la demora estaba relacionada con ese respiro previo.

De esta manera, hacer una pausa antes de contestar no siempre implica que la persona sea tímida o insegura. El tiempo de respuesta puede depender de varios factores, como la complejidad de la pregunta, cuánto necesita pensar y cómo organiza sus ideas antes de hablar.



