Un árbitro levanta una tarjeta negra frente a un jugador durante un encuentro. (Freepik)

El fútbol tiene un problema grave que muchas veces se pasa por alto. Por todos es conocido el presunto insulto de Prestianni o los cánticos racistas en Mestalla. Tanto el fútbol español como la UEFA han tomado medidas, como la conocida ‘Ley Vinícius’, por la que los jugadores ya no se pueden tapar la boca y por la que se vio alguna expulsión en el Mundial 2026.

Sin embargo, los insultos racistas también son parte del fútbol formativo. Y no solo eso: reproches, amenazas e incluso agresiones de padres y espectadores han convertido en ocasiones los partidos de niños en escenarios de una tensión que poco tiene que ver con la imagen del deporte rey.

Por ello, el fútbol debe dar un paso adelante. Y el primero en hacerlo ha sido la Federación Rumana de Fútbol (FRF) con una medida poco habitual: la tarjeta negra. El Comité de Urgencia de la federación aprobó la nueva normativa este viernes, 11 de septiembre de 2026, y entra en vigor de forma inmediata para la temporada en curso. Se aplicará en las competiciones de fútbol formativo comprendidas entre las categorías sub-7 y sub-16.

Una tarjeta que no va para los futbolistas

Lo primero que llama la atención de la nueva tarjeta es a quién va dirigida. A diferencia de la amarilla o la roja, esta cartulina sanciona a la grada: padres, familiares y espectadores que mantengan conductas abusivas o antideportivas durante los encuentros.

“Los niños no deben ser víctimas de las ambiciones, presiones o frustraciones de los adultos”, explica la federación. Es decir, la tarjeta negra “es la señal visual mediante la cual el árbitro comunica, sin ambigüedad alguna, que un partido queda suspendido definitivamente debido a la conducta inapropiada de espectadores o padres”.

Vinícius señalando a los aficionados de la grada que le insultaron

Tres avisos antes de parar el partido

No obstante, antes de sacar la tarjeta, el árbitro debe dar pequeños avisos para dar margen de reconducir la situación.

El primero es la advertencia. Si detecta un comportamiento inapropiado en las gradas (o recibe el aviso del cuarto árbitro o de otro oficial del partido), el colegiado detiene el juego momentáneamente y pide a los entrenadores que hablen con sus seguidores o con los padres para que cese la conducta.

El segundo, si los incidentes continúan, pasa a ser una suspensión del encuentro de 10 minutos. Ambos equipos se retiran al vestuario mientras los entrenadores intentan calmar los ánimos.

Y por último, si después de los 10 minutos la situación sigue sin cambiar, el árbitro mostrará la tarjeta negra y pitará el final del partido.

Una infografía detalla la Ley Prestianni de la FIFA y la IFAB, que sanciona con tarjeta roja en el fútbol mexicano a jugadores que se cubren la boca para ocultar insultos durante el partido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué conductas activan la sanción

La FRF ha detallado con precisión los supuestos que pueden desencadenar el protocolo: el abuso verbal (insultos o reproches) hacia los propios hijos, así como golpearlos o empujarlos; insultar, golpear o empujar a miembros del propio cuerpo técnico; hacer lo mismo con jugadores o personal del equipo rival; desafiar de forma constante, insultar, golpear o empujar a árbitros y oficiales del partido; y los conflictos verbales o físicos entre padres o espectadores de ambos equipos.