Las big tech de la IA dicen que hay que frenar para salvar a la humanidad. Lo que no quieren decir es que necesitan oxígeno
"Nos estamos pasando de frenada con la IA". Básicamente, ese es el mensaje que Dario Amodei, CEO de Anthropic, mandaba este fin de semana, poniendo sobre la mesa, otra vez, que pese al enorme potencial de la tecnología, es algo que también puede generar enormes riesgos. En esta ocasión, Amodei no es
"Nos estamos pasando de frenada con la IA". Básicamente, ese es el mensaje que Dario Amodei, CEO de Anthropic, mandaba este fin de semana, poniendo sobre la mesa, otra vez, que pese al enorme potencial de la tecnología, es algo que también puede generar enormes riesgos. En esta ocasión, Amodei no estaba solo, ya que Elon Musk, Demis Hassabis y Sam Altman se han sumado a la idea de dejar de pisar el acelerador de la IA.
El problema es que quizá es sólo una cortina de humo para camuflar otra cuestión: son las empresas privadas las que se están gastando un dineral en algo que no avanza al ritmo que ellos quieren. Hay muchas aristas aquí.
Nos va a matar a todos. No es la primera vez que alguno de los desarrolladores de la IA manda este mensaje en el que se apunta que los sistemas se están volviendo extremadamente capaces en tiempo récord, tanto que puede que pronto nos quedemos sin capacidad de respuesta y sin poder controlarlos con seguridad.
De hecho, tanto Anthropic como OpenAI llevan meses jugando al juego de "lanzamos algo muy potente y decimos que es tan potente que es peligroso". En un principio, ese mensaje apocalíptico venía por parte de empleados de mayor o menor entidad en estas empresas. En el Statement of Superintelligence firmado por más de 800 personas en otoño de 2025, ingenieros ya hablaban sobre la posibilidad de prohibir el desarrollo de una superinteligencia hasta que hubiera un consenso sobre lo que se quería lograr y cómo hacerlo seguro.
Este 2026, el mensaje empieza a venir por parte de los directivos de las propias empresas que están empujando el desarrollo de la IA. De hecho, OpenAI y Anthropic han construido buena parte de su discurso alrededor de la idea de que la tecnología que venden es potencialmente catastrófica. Es una contradicción mayúscula y también un patrón que se repite estos últimos meses (o semanas, porque el ritmo que van lanzando modelos de vanguardia es endiablado).
OpenAI acaba de lanzar su modelo de frontera. Acto seguido su científico jefe afirmó que quizá están yendo demasiado lejos
El punto de inflexión. Todo esto nos lleva a la situación de esta semana en la que los que pueden echar el ancla piden, efectivamente, echar el ancla. Sin embargo, para entender por qué ese frenazo interesa justo ahora, hay que volver atrás en el tiempo, concretamente a comienzos de 2025. Fue entonces cuando la startup china Deepseek lanzó su modelo R1, borrando en un sólo día 600.000 millones de capitalización de Nvidia. La lógica era sencilla: si un modelo tan avanzado se podía entrenar con una fracción del gasto de las big tech y sin acceso a la última tecnología de una Nvidia que lleva la voz cantante, ¿por qué no lo están haciendo todos? ¿Acaso el sistema de gasto está sobredimensionado?
Pero ocurrió todo lo contrario, y la respuesta de las big tech (en este caso ya dejamos startups de IA como OpenAI y Anthropic al margen, centrándonos en Microsoft, Google, Meta y Amazon) fue gastar... más. De los 250.000 millones de dólares, pasaron a 410.000 millones en 2025. Y de esa cifra, a los 725.000 millones previstos para este 2026. El verdadero punto de inflexión es que ninguna empresa del sector podía permitirse gastar menos que las demás.
Gráfico de BofA de la emisión de deuda en EEUU, modificado para indicar el lanzamiento de Deepseek:
Deuda. Y el problema es que ese gasto ya no se financia sólo con la caja propia. Los cinco grandes hiperescaladores (Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta y Oracle) emitieron 121.o00 millones de dólares en bonos en 2025, más de cuatro veces la media anual del año anterior. Esta tendencia se ha acelerado, con una previsión de nueva deuda para 2026 de entre 140.000 y 175.000 millones de dólares, hasta 320.000 millones en los próximos tres años.
Según las estimaciones, el gasto de capital absorberá el 94% del flujo de caja operativo de estas compañías en 2026. Hace apenas dos años, cuando comenzó esta fiebre, esa cifra era del 50%. Y los propios bancos de inversión están empezando a hablar de los hiperescaladores y empresas de la IA casi como si fueran soberanos. Alphabet ha colocado 31.000 millones de dólares en deuda en el primer trimestre de 2026, la de Amazon ha pasado de 65.600 a 119.100 millones interanuales y se estima que Oracle no generará caja libre positiva hasta 2029.
La traducción es que los inversores están nerviosos porque el endeudamiento no es infinito y es más que posible que el mercado empiece a mostrar fatiga por esa avalancha de deuda. Vamos, que se pinche la burbuja.
Si el dinero no fuera un problema... Incluso si el capital fuera ilimitado, hay un límite que nadie puede saltarse: no hay suficiente gente para construir centros de datos. CEOs como Satya Nadella de Microsoft o Jensen Huang de Nvidia han hablado en alguna ocasión que no estamos ante una burbuja porque ellos no pueden escalar la IA como les gustaría y como el mercado necesita debido a que hay dos cuellos de botella. El primero es el de los chips, ya que no hay componentes suficientes (la memoria NAND) y las fundiciones como TSMC no pueden fabricar a la velocidad necesaria.
El segundo es el de las propias instalaciones. Los permisos van a su ritmo, hay vecinos que no los quieren y ralentizan los proyectos y, aunque todo, todo fuera rodado, no hay profesionales de la construcción suficientes. Según los cálculos, sólo en Estados Unidos hay un déficit de unos 439.000 trabajadores de la construcción como electricistas, soldadores o instaladores que tengan las capacidades como para levantar los centros de datos y conectar la infraestcuctura de la IA.
La energía también es otro cuello de botella importante porque estamos viendo que sólo con las renovables no basta y es otro punto de fricción tanto a la hora de alimentar estos centros de datos como al momento de conseguir el beneplácito político en algunas ciudades que no quieren que sus factures aumenten de la noche a la mañana.
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Papá Estado al volante. Ahí está la pregunta. ¿Los grandes de la IA piden pausa porque creen sinceramente que están yendo demasiado rápido o porque están quemando dinero a la vez que hay un freno físico que no pueden superar simplemente quemando más y más dinero? Y, a si lo que ha ocurrido este fin de semana es una cortina de humo, se suman otras declaraciones de Dario Amodei en las que apunta que es "muy extraño" que algo tan importante como los modelos avanzados de IA dependan sólo de empresas privadas.
Sin pedir un rescate, Amodei asegura que lo que debería producirse es una gobernanza conjunta entre gobiernos y empresas de la IA aludiendo a algo básico: la IA se ha convertido en geopolítica, el caballo de batalla en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y si es tan importante, Amodei defiende que el Estado debería tener mano en la industria más allá de regular el acceso a los chips.
Guerra fría. Pero bueno, si se quiere que el Estado meta uñas en el asunto, ¿qué dice el Estado? Trump ha rechazado la desaceleración por un motivo muy sencillo: "quien gane la IA, gana". China más de lo mismo, con toda la lógica del mundo porque, como decimos, la IA no es un producto: es geopolítica. El desarrollo de esta tecnología es otro frente abierto entre las dos potencias y, en caso de echar el ancla, hablaríamos de una guerra fría en la que ninguno se puede fiar del otro: ni Anthropic de Google, X y OpenAI (y viceversa), ni Estados Unidos de China (y viceversa).
El resumen es que nadie se fía del vecino, pero bueno, al final... ha ocurrido lo de siempre. Es el cuento de Pedro y el lobo, ese en el que Amodei, en este caso, afirma que deberían pisar el freno con la IA para, acto seguido, afirmar que seguirán lanzando modelos avanzados. Y si piden un frenazo es porque, realmente, tienen que ganar oxígeno tanto en los centros de datos como en la caja.
Imagen | Gemini
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Las big tech de la IA dicen que hay que frenar para salvar a la humanidad. Lo que no quieren decir es que necesitan oxígeno
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Xataka
por
Alejandro Alcolea
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