Río de Janeiro, 18 sep (EFE).- Los 14,4 millones de brasileños que declararon ser personas con discapacidad en el Censo de 2022, que representan el 7,3 % de la población, están entre las menos alfabetizadas, las menos empleadas, las de menor rendimiento y las de peores condiciones de vida, según un estudio divulgado este viernes por el Gobierno.
Las profundas desigualdades en ámbitos como educación, trabajo, ingresos, vivienda, movilidad y participación política fueron retratadas en un amplio informe elaborado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) a partir de los datos del Censo y de otros estudios.
Una de las brechas más pronunciadas aparece en la educación. La tasa de analfabetismo entre las personas con discapacidad de 15 a 29 años alcanzaba el 12,2 % en 2022, frente al 1 % entre quienes no tenían discapacidad.
En el conjunto de la población de 15 años o más, las tasas eran del 21,3 % y del 5,2 %, respectivamente.
La desigualdad también se refleja en la asistencia escolar. El 92,6 % de los niños con discapacidad de entre 6 y 14 años acudía a la escuela, frente al 98,4 % de los que no tenían discapacidad. Entre los jóvenes de 15 a 17 años, las tasas eran del 79,5 % y el 85,4 %.
En el mercado laboral, solo el 29 % de las personas con discapacidad en edad de trabajar estaba ocupada, frente al 55,8 % de las personas sin discapacidad.
La tasa descendía al 21,2 % entre quienes tenían una discapacidad severa. Entre las personas con dificultades asociadas a funciones mentales, el nivel de ocupación era de solo el 12,9 %.
La menor participación laboral repercute directamente en los ingresos. El trabajador con discapacidad recibía, en promedio, 2.053 reales (unos 365 dólares) mensuales en 2022, frente a 2.890 reales entre los trabajadores sin discapacidad.
En los hogares con personas con discapacidad, el trabajo representaba el 55,7 % de los ingresos, mientras que otras fuentes, como jubilaciones, pensiones y prestaciones sociales, suponían el 44,3 %.
Las diferencias alcanzan también las condiciones de vivienda. Solo el 56,6 % de las personas con discapacidad vivía en hogares con acceso simultáneo a los tres servicios básicos de saneamiento analizados -agua, recogida de residuos y alcantarillado o fosa séptica-, frente al 60,2 % de quienes no tenían discapacidad.
La movilidad cotidiana añade otra barrera. Las personas con discapacidad tardaban, en promedio, 37 minutos en llegar al trabajo, frente a 33 minutos entre las demás personas.
Además, el 67,4 % vivía en domicilios situados en zonas con obstáculos en las aceras y solo el 12,9 % disponía de rampas para usuarios de silla de ruedas en el entorno de sus viviendas.
La desigualdad se extiende a la representación política. El número de concejales municipales con discapacidad elegidos en Brasil cayó de 522 en 2020 a 391 en 2024, mientras que el de alcaldes pasó de 56 a 24.
El estudio, sin embargo, mostró avances en algunos ámbitos. Entre 2014 y 2024, las matrículas de personas con discapacidad en la educación superior casi se triplicaron, de 33.377 a 95.572 estudiantes. EFE


