
En El Salvador, ocho de cada diez negociaciones para la compra de viviendas incluyen al menos a una persona mayor de 50 años, según expuso la especialista en transición demográfica, Myriam De Paoli. El dato refleja la participación creciente de los adultos en las decisiones de inversión, consumo y apoyo financiero dentro de las familias.
De Paoli, fundadora de Data8 Latam, presentó las cifras tras un taller con periodistas de distintos medios. La experta sostuvo que el envejecimiento de la población exige cambios en las políticas públicas, la oferta empresarial y la planificación de servicios e infraestructura.
La compra de inmuebles ilustra una transformación en las relaciones económicas entre generaciones. Según explicó la consultora, muchas personas de 35 años enfrentan dificultades para adquirir una casa sin apoyo externo, debido a los ingresos, el acceso al crédito y los precios de las propiedades.
“Las nuevas generaciones, a los 35 años, tienen muchas dificultades para comprar una casa por sí solas”, afirmó. En consecuencia, padres, abuelos y otros familiares mayores participan con mayor frecuencia en la financiación de departamentos, casas y otras operaciones inmobiliarias.

Las proyecciones citadas por la especialista indican que las personas de más de 50 años representan cerca del 25% de la población de El Salvador. Dentro de dos décadas, ese grupo podría llegar al 35% de los habitantes del país.
El peso demográfico del segmento contrasta con su participación en la economía. De Paoli señaló que la población mayor concentra más del 40% del consumo nacional, pese a que equivale a cerca de una cuarta parte de los residentes.
Ese comportamiento forma parte de la expansión de la llamada economía plateada, una categoría que reúne actividades, bienes y servicios orientados a las necesidades y decisiones de consumo de las personas mayores de 50 años. El fenómeno abarca sectores como la vivienda, la salud, los cuidados, el turismo, la educación, la tecnología, los servicios financieros y las compras cotidianas.
A escala mundial, este grupo moviliza cerca de 22 billones de dólares, de acuerdo con los datos expuestos durante la presentación. Esa cifra ubicaría a la economía vinculada a la población mayor entre las de mayor dimensión del planeta.

De Paoli cuestionó que buena parte de la oferta empresarial continúe dirigida de forma prioritaria a consumidores de entre 18 y 35 años. “Hay que adecuar la oferta a la demanda real”, planteó la especialista.
La caída de los nacimientos cambia la demanda de salud, educación y cuidados
La transformación demográfica también tiene efectos sobre los servicios públicos. El Salvador registra una tasa de fecundidad de 1.7 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional, calculado en 2.1 hijos por mujer.
La baja natalidad puede derivar en una reducción de la población en las próximas décadas. Para la fundadora de Data8 Latam, el debate debe ir más allá de la cantidad de habitantes e incluir las necesidades de una sociedad con menos nacimientos y mayor esperanza de vida.
“Si nace menos gente, hay que preguntarse si se necesita seguir inaugurando maternidades o si hay que pensar en hospitales de día y en atención prolongada para adultos mayores”, sostuvo.

La educación y el empleo también quedan alcanzados por esta tendencia. Una menor cantidad de nacimientos puede reducir las matrículas en los primeros niveles escolares, mientras aumenta la demanda de capacitación para personas de 40, 50 y 60 años que buscan actualizar conocimientos, regresar al mercado laboral o comenzar una actividad económica.
Las familias asumen una mayor carga de cuidado entre generaciones
La mayor longevidad modifica la organización de los hogares y las redes de asistencia. De Paoli describió una situación que se repite en América Latina, donde una persona de 90 años recibe cuidados de otra de 70, mientras esta última depende del acompañamiento de alguien de 50.
Esa cadena incrementa la presión sobre las familias, sobre todo en países con cobertura limitada de salud, cuidados de larga duración y pensiones. A la vez, muchas personas jubiladas permanecen activas en el mercado de trabajo por necesidad de ingresos o para sostener su nivel de vida.
La consultora consideró que América Latina envejece antes de alcanzar niveles altos de ingreso y protección social. En el caso salvadoreño, planteó la necesidad de revisar normas y decisiones de inversión vinculadas con empleo, vivienda, salud, pensiones y sistemas de cuidado.
Data8 Latam prevé incorporar a El Salvador en una próxima edición de sus estudios sobre consumo y economía plateada, prevista para 2027. La investigación buscará medir los cambios en los hábitos de compra, inversión y participación económica de las personas mayores en el país.